Los riesgos de no fijar correctamente el capital inicial
Una de las principales preguntas que se hace un emprendedor cuando debe abrir un negocio es: ¿cuánto necesito para empezar la actividad? ¿Qué capital inicial incorporaré en la sociedad como propio? Son dos aspectos fundamentales que tendrán una importancia extrema en el desarrollo de la actividad posterior y, también, respecto el control que tendrá el fundador de la empresa.
Empezar con una cantidad excesiva
Algunas veces, “para asegurar”, hay quien prefiere empezar con una cantidad muy alta para, así, no tener que pedir más financiación en un futuro y, así, tener un mayor control sobre sus costes futuros. A la vez, al aportar una parte importante del capital social, se asegura que en futuras ampliaciones nadie podrá aportar o no se necesitará aportar una cantidad tal que provoque que pierda el control directivo y decisivo de la compañía. Ahora bien, esta decisión entraña los siguientes riesgos:
- Mayor coste de financiación: si no se ha podido afrontar la totalidad de la cantidad inicial mediante recursos propios, habrá sido necesario pedir financiación a una entidad de crédito, Si, finalmente, se nos concede tal préstamo, si el importe de éste es mayor, también lo será la cantidad de intereses final a hacer frente.
- Mayor endeudamiento inicial: hay que tener en cuenta que los principios de todo negocio siempre son muy duros. Hay que hacerse con un lugar en el mercado y captar una determinada cuota de mercado que, en todo inicio, es casi cero. Por ese motivo, hasta que el producto no es conocido y reconocido, las ventas son pequeñas. Por lo tanto, si se ha pedido más de lo necesario, al principio los costes pueden llegar a ser muy superiores a los ingresos que se van consiguiendo.
- Mayor riesgo de perder capital propio: en la mayoría de sociedades (como la limitada) los inversores pueden perder, como máximo, en caso de insolvencia, la cantidad que han invertido en ella. Por lo tanto, cuanto más se haya invertido, más se puede perder.
Empezar con una cantidad insuficiente
Del mismo modo, hay personas que deciden empezar con una cantidad modesta. Su razonamiento, que así no arriesgan una parte importante de su capital y que tampoco precisan endeudarse hasta unos niveles exagerados. Ahora bien, ello también acarrea una serie de consecuencias negativas, que son las siguientes:
- Necesidad de entrada de nuevo capital: si es preciso realizar más inversiones, entonces habrá que atraer a nuevos inversores. Si la cantidad inicial ha sido demasiado baja, para poder seguir operando, hay el riesgo que los nuevos inversores tomen el control de la empresa por el hecho de tener que invertir un mayor superior al nuestro.
- Necesidad de más endeudamiento: los costes relacionados con la financiación, pues, serán mayores a los esperados. Además, al tratarse de los inicios de la empresa, es más complicado que una entidad preste dinero y, además, a un interés asumible.
- Peligro de no poder afrontar los primeros costes de la actividad: como se ha comentado antes, al principio los ingresos son menores y, por lo tanto, hay que disponer de un cojín de seguridad para tapar posibles pérdidas que se acumulen.
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