La importancia de China en el desarrollo global
China es, hoy en día, la segunda potencia mundial. Sus tasas de crecimiento durante las dos últimas décadas han sido espectaculares, con períodos durante los cuales superaban los dos dígitos. Los bajos costes laborales en relación a las economías más desarrolladas más un capital humano inmenso, han permitido al país asiático producir grandes cantidades de producto que han exportado por todos los países del mundo.
Se trata, por lo tanto, de un modelo basado en un consumo muy intensivo de recursos energéticos y materias primas. China es el país que más materias importa del mundo. Por lo tanto, un freno en sus tasas de crecimiento (se prevén crecimientos poco superiores al 6% para los dos próximos años, cifras que ni podríamos soñar en Europa) afectará directamente a toda la economía mundial, especialmente a los países a los cuales compraba estas materias primas.
Otro aspecto por el cual ha destacado China durante los últimos años ha sido por la compra de bonos de países occidentales, especialmente europeos y de Estados Unidos. En ese sentido, ha podido exigir determinadas condiciones a cambio de esta compra. Por ejemplo, recientemente, advirtió a Estados Unidos que, si subía los tipos, vendería sus bonos.
Sin esta deuda, los países occidentales no podrían financiar sus actividades ni mantener el propio Estado del Bienestar, hecho que prueba que China, mediante estas operaciones, ha ayudado a estimular la economía mundial.
¿Es recomendable invertir en China?
El gobierno chino se ha marcado como objetivo para los próximos años aumentar la capacidad adquisitiva de su población. La población china tiene fama de ser muy ahorradora, pero ello tiene una explicación.
Actualmente, los salarios en China aún no han permitido consolidar del todo una clase media suficientemente grande y con poder adquisitivo para conseguir un incremento estable de la demanda interna. Para ello, habrá que mejorar la productividad, invertir en capital humano y aumentar las prestaciones sociales que hay hoy en día.
Hasta el momento, las empresas extranjeras que invertían en China aprovechaban los bajos costes laborales y la normativa laxa en muchos aspectos para reducir de forma sustancial estos costes. La previsión es que, en un medio y largo plazo, estas diferencias vayan disminuyendo de forma progresiva. La única forma de conseguir un aumento de la demanda interna es mejorando las condiciones de vida de la población y, para conseguirlo, entre otros aspectos, habrá que realizar cambios en el mercado laboral.
Igualmente, es muy poco probable que, como mínimo a medio plazo, los trabajadores chinos gocen de la protección laboral de las economías más avanzadas socialmente del mundo. Con todo, a cambio, se ganaría un público potencial con mayor capacidad adquisitiva para gastar y más predispuesto al consumo.
Como conclusión, es una incógnita saber por qué camino optará el país asiático, pieza clave que determina en cierto modo una parte de la evolución de la economía mundial.
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