Lo que está haciendo Suiza con las pensiones deberíamos copiarlo en España: «Asfixia»
El modelo suizo se basa en tres pilares que podría imitarse en países como España
El decreto ómnibus: qué medidas contempla y cómo nos afectará el posible rechazo en el Congreso
Estos son los pensionistas que cobran por su jubilación más de 47.000 euros al año

En España el debate sobre las pensiones nunca termina. Cada cierto tiempo se anuncian cambios, se actualizan normas y se introducen ajustes que, en teoría, deberían aliviar la presión del sistema. Sin embargo, la sensación que se ha instalado es que a pesar de que mueve la normativa, el problema de fondo permanece igual. Las reformas aprobadas en los últimos años, incluida la de 2021 o la que llegó en 2023, pretendían dar estabilidad a largo plazo. Aun así, el sistema continúa tensionado y vuelve a plantearse la misma cuestión de siempre, cómo garantizar las pensiones futuras sin exigir todavía más a quienes cotizan hoy. En este contexto, surge un modelo de pensiones, el de Suiza, que muchos querrían que se aplicara en España.
En lo que respecta a Europa y las pensiones, algunos países han optado por modelos más equilibrados, donde el Estado no asume toda la carga. Y entre todos ellos, Suiza y como establece su modelo de pensiones es probablemente el ejemplo más citado. Con una cotización pública que ronda el 12,8%, consigue mantener uno de los sistemas más sólidos del continente. España, por el contrario, necesita cerca del 36% del salario para financiar las pensiones actuales. La distancia entre ambos enfoques es evidente. Mientras aquí el reparto soporta prácticamente todo el peso, Suiza ha diseñado un mecanismo que distribuye responsabilidades y reduce riesgos, evitando que el futuro dependa únicamente de la recaudación del momento.
El modelo de las pensiones que se aplica en Suiza
El esquema del sistema de pensiones en Suiza funciona como un edificio apoyado en tres estructuras que se refuerzan entre sí. El primer pilar, el seguro de vejez y supervivencia, actúa del modo más parecido al modelo español y garantiza una base mínima para toda la población. Su finalidad no es sustituir el último salario, sino asegurar una renta esencial. Además, se financia con una cotización mucho más reducida, compartida entre empresa y trabajador.
La clave está en los otros dos pilares. El Pilar 2, la Previsión Profesional, es un sistema de capitalización obligatoria para asalariados que superan un umbral de ingresos cercano a los 22.000 francos suizos al año. Aquí las aportaciones ya no van a una caja estatal, sino a una cuenta individual gestionada por fondos de pensiones privados. El trabajador sabe cuánto aporta, cuánto acumula y cómo crece ese ahorro. Esto genera una cultura del ahorro distinta a la española, donde las cotizaciones se perciben como una contribución abstracta que desaparece en la tesorería común.
El Pilar 3 añade una capa voluntaria incentivada fiscalmente, muy utilizada por la clase media para reforzar su futura renta. La suma de los tres niveles busca alcanzar una tasa de sustitución en torno al 60%, más sostenible y menos dependiente de la evolución demográfica.
Un contraste evidente con España
Si se observa el panorama español, el contraste es evidente. El sistema público mantiene una tasa de reemplazo del 78%, la más alta de la Eurozona, frente a un promedio del 44,5%. Los expertos coinciden en que la generosidad es indiscutible, pero poco compatible con la estructura demográfica del país. Miguel Ángel García Díaz, economista especializado en pensiones, recuerda que este nivel de prestaciones no solo es alto, sino «muy superior al crecimiento del PIB», lo que tensiona aún más el equilibrio financiero.
La falta de un colchón de ahorro obligatorio hace que cualquier cambio en la población se note enseguida en las cuentas. Si bajan los nacimientos, si se jubila una generación muy numerosa o si hay menos trabajadores activos, el sistema lo acusa sin margen de maniobra. Ahora mismo, España arrastra un déficit cercano al 0,6% del PIB, en torno a 10.000 millones de euros, incluso contando con las transferencias estatales que superan los 50.000 millones al año para apuntalar la Seguridad Social.
Las previsiones tampoco ayudan. Para 2050, el gasto podría alcanzar el 16,6% del PIB. Una cifra que genera preocupación entre economistas y organismos internacionales, mientras países como Suiza han logrado esquivar estas presiones gracias precisamente a la diversificación gestada décadas atrás.
Una estructura inmune a la demografía
El gran punto fuerte del modelo suizo es su resistencia a los cambios poblacionales. En España, si baja la natalidad o se reduce la población activa, el sistema de reparto se debilita automáticamente. En Suiza, sin embargo, una parte importante de la jubilación depende del ahorro acumulado en cuentas individuales del Pilar 2. Si en el futuro hay menos trabajadores, ese ahorro ya está generado y sigue rentando, independientemente de cuántos jóvenes sostengan el sistema.
El Pilar 1 sí puede sufrir tensiones, pero nunca compromete el conjunto. Y esa es, precisamente, la gran diferencia: en España, una caída en las cotizaciones afecta directamente al corazón del sistema; en Suiza, golpea sólo a uno de los pilares, no al edificio completo.
¿Se podría copiar el modelo suizo en España?
La pregunta surge siempre, pero la respuesta no es sencilla. García Díaz cree que, en términos técnicos, sería posible transitar hacia un esquema similar, más equilibrado y menos dependiente del reparto. Ahora bien, identifica un problema evidente: un cambio así implicaría reducir la tasa de sustitución desde el 78% actual a un rango cercano al 55–60%. Una decisión que provocaría una contestación social inmediata, especialmente entre quienes están ya próximos a la jubilación.
Aun así, cada vez son más los economistas que consideran que España, tarde o temprano, tendrá que introducir mecanismos de capitalización obligatoria o semivoluntaria, porque el sistema actual no puede asumir indefinidamente cotizaciones crecientes ni transferencias presupuestarias cada vez mayores.