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Casi 2 millones de españoles son ‘pobres ocultos’: pasan al umbral de de la pobreza tras pagar la vivienda

Fedea calcula que 1,95 millones de personas que oficialmente no son pobres caen por debajo del umbral cuando se descuenta el coste residencial

  • Jose de la Morena
  • Jose de la Morena, periodista especializado en economía desde hace más de 15 años, desarrolla su labor en el campo de la comunicación desde el prisma de las tendencias, los números y resultados de las distintas compañías. Una tarea que le ha llevado a conocer a fondo el mundo empresarial. Ha trabajado también en comunicación corporativa y como asesor para distintas marcas internacionales e institucionales.

Casi dos millones de españoles que las estadísticas convencionales sitúan fuera de la pobreza dejan de alcanzar el umbral de renta una vez que pagan el coste de su vivienda. Son los pobres ocultos que revela un nuevo estudio de Fedea sobre el impacto que tienen el alquiler y otros gastos residenciales en la capacidad económica real de las familias.

El informe, elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), concluye que en 2025 había 1,95 millones de personas que no eran pobres según la medición convencional de renta pero que pasaban a serlo después de descontar el coste de acceso a su vivienda.

La diferencia es considerable. La tasa de pobreza convencional se situaba en el 19,5% de la población, pero aumentaba hasta el 23,5% cuando se descontaban los costes residenciales. Es decir, cuatro puntos porcentuales adicionales que quedan fuera del diagnóstico tradicional sobre la pobreza.

El estudio muestra así una realidad que las estadísticas basadas exclusivamente en la renta monetaria no reflejan completamente: dos hogares con ingresos similares pueden encontrarse en situaciones económicas radicalmente diferentes dependiendo de cuánto tengan que pagar cada mes para disponer de una vivienda.

El alquiler es el 72,5% de la pobreza oculta

El problema se concentra especialmente entre quienes viven de alquiler a precio de mercado. Según Fedea, este colectivo representa nada menos que el 72,5% de los 1,95 millones de pobres ocultos detectados al descontar los costes residenciales.

Las cifras muestran la magnitud del impacto. Antes de descontar el coste de la vivienda, el 32,8% de los inquilinos de mercado se encuentra por debajo del umbral de pobreza. Después de pagar el alquiler, el porcentaje asciende hasta el 49,9%.

Por tanto, prácticamente uno de cada dos españoles que vive de alquiler queda por debajo del umbral una vez descontado lo que paga por su vivienda. Además, entre aquellos inquilinos que inicialmente no eran considerados pobres, aproximadamente uno de cada cuatro cruza el umbral después de pagar el alquiler.

La situación cobra todavía más importancia por el cambio experimentado por el mercado residencial español durante la última década. El porcentaje de población que vive de alquiler a precio de mercado ha pasado del 12,1% en 2014 al 17,4% en 2025. Y precisamente el alquiler es definido en el estudio como el régimen de tenencia con mayores costes de acceso y menor capacidad para amortiguar dificultades económicas.

El resultado es que la mejora general de los indicadores de renta durante la última década convive con un desplazamiento creciente de población hacia el régimen residencial que más presión ejerce sobre sus ingresos.

Los jóvenes, los grandes perjudicados

La vivienda introduce además una importante brecha generacional. Fedea señala que, una vez incorporados los costes residenciales, la pobreza se desplaza especialmente hacia personas pertenecientes a hogares jóvenes, hogares cuya persona de referencia nació en el extranjero y residentes en mercados inmobiliarios más tensionados.

El fenómeno contrario se produce entre buena parte de los propietarios que ya han terminado de pagar su vivienda. El informe calcula que 3,38 millones de personas consideradas pobres por sus ingresos dejarían de serlo si se incorporara a su renta el denominado «alquiler imputado», es decir, el valor económico de disponer de una vivienda por la que no tienen que pagar un alquiler de mercado.

El efecto se concentra especialmente entre los propietarios de mayor edad. Entre los propietarios sin hipoteca considerados pobres por la estadística convencional, el 60,7% dejaría de estar por debajo del umbral al contabilizar esa ventaja residencial. Entre los mayores de 65 años, el porcentaje alcanza el 63%.

El estudio dibuja así una brecha que la renta por sí sola no consigue mostrar: un trabajador joven puede tener unos ingresos superiores a los de un jubilado con la casa pagada y, sin embargo, disponer de menos recursos efectivos después de afrontar todos los meses el alquiler.

Fedea concluye precisamente que la renta disponible antes de pagar la vivienda sigue siendo una medida relevante, pero cada vez refleja peor determinadas situaciones de privación material. La transformación del mercado residencial español durante la última década ha provocado que el coste de tener un techo sea determinante para conocer la capacidad económica real de los hogares.