¿En qué consiste la deuda perpetua?
Normalmente, cuando alguien adquiere deuda de una empresa o de la Administración, ésta tiene un plazo fijado. Es decir, existe el compromiso por parte del emisor de abonar el capital una vez se ha llegado al vencimiento. Ahora bien, existe otra tipología de deuda que funciona de una forma distinta porque no incorpora ninguna obligación de reembolso ni tampoco fija una fecha de vencimiento concreta. Recibe el nombre de deuda perpetua.
¿Qué características definen la deuda perpetua?
En un principio, podría parecer un instrumento nada atractivo, ya que no lleva consigo la obligación de devolver el capital que el inversor aporta. Ahora bien, tiene aspectos que pueden hacerla interesante. Los puntos que la caracterizan son los siguientes:
- Mayor interés: dado que el riesgo es mayor, la rentabilidad que se consigue de ella también lo es.
- Rentabilidad de acuerdo a los resultados de la compañía: es en este punto donde se concentra la mayor parte del riesgo de este tipo de deuda. En caso que no exista beneficio o éste sea muy reducido, la cantidad a cobrar se puede reducir de forma muy sustancial.
- El emisor escoge el momento de amortización: es la gran ventaja que tiene este tipo de deuda para aquél que la emite. En el momento que lo considere conveniente, puede decidir amortizarla independientemente de cuáles sean las necesidades del inversor.
- Utilizada por Administraciones Públicas y grandes compañías: se trata de un instrumento que reporta grandes ventajas al Estado y a grandes empresas sólidas que, gracias a su demostrada solvencia, cuentan con una buena imagen y transmiten confiabilidad.
- Baja posición al cobrar en caso de quiebra: aquellos inversores que hayan optado por la deuda perpetua, en caso de quiebra de la empresa, serán de los últimos en cobrar en el proceso de liquidación. Concretamente, se encuentran en el penúltimo lugar, hecho que demuestra hasta qué punto resulta difícil para los tenedores de esta deuda recuperar el capital invertido.
¿Qué es la deuda “casiperpetua?
En el actual contexto de bajos tipos de interés, los Estados han optado por realizar emisiones de deuda pública a plazos considerablemente mayores de los habituales. Gracias a ello, pueden obtener financiación a un coste mucho más reducido al habitual y durante más tiempo. Tanto es así, que algunos (como Irlanda o Bélgica) se han atrevido a emitir deuda a un periodo de hasta cien años. En el caso español, el Tesoro ha colocado bonos a 50 años.
No se trata de deuda perpetua porque existe un plazo determinado como vencimiento, pero tratándose de un plazo tan largo, prácticamente funciona como tal. Es por ese motivo que desde algunos círculos se la llama deuda casiperpetua.
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