China presionó a los ayatolás para la tregua con Trump ante el temor de un colapso económico global
La guerra entre Estados Unidos e Israel y la dictadura de Irán ha golpeado el suministro energético y ha puesto en jaque a China

China presionó a la dictadura de los ayatolás de Irán para lograr la tregua in extremis con el presidente de Estados Unidos Donald Trump ante el temor de un colapso económico global. El gigante asiático habría tenido así una función relevante en la fase final de las negociaciones para un alto el fuego de dos semanas entre la dictadura de los ayatolás de Irán, Estados Unidos e Israel. Su intervención ha estado motivada principalmente por la preocupación de Pekín ante las posibles consecuencias económicas de una escalada militar, especialmente en caso de que Estados Unidos ejecutara ataques contra infraestructuras energéticas y estratégicas iraníes.
La iniciativa fue presentada por Pakistán. Está previsto que dentro de 15 días las partes se den cita en Islamabad.
El acuerdo habría sido aprobado por el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, quien aún no ha aparecido públicamente desde su nombramiento como sucesor de su padre, Alí Jamanei, eliminado el pasado 28 de febrero. Entonces, dio comienzo la operación de Washington y Jerusalén contra la dictadura de los ayatolás. Su supuesta aprobación habría sido determinante para cerrar la tregua en el último tramo de las conversaciones.
El anuncio llega en un momento de alta sensibilidad geopolítica, en el que los mercados energéticos y las principales potencias globales siguen de cerca la evolución del conflicto, especialmente por su impacto en el estrecho de Ormuz y en el suministro mundial de petróleo. En este contexto, la combinación de presión diplomática regional, intervención de grandes potencias y el temor a un colapso económico global habría sido decisiva para alcanzar un alto el fuego temporal destinado a frenar la escalada.
China ha intensificado su diplomacia en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra la dictadura de los ayatolás de Irán, trabajando con Pakistán, recabando el apoyo de los países del Golfo y oponiéndose a una propuesta de Naciones Unidas para usar la fuerza necesaria para abrir el estrecho de Ormuz. China tiene derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU junto con EEUU, Reino Unido, Francia, Estados Unidos y Rusia.
Pekín, junto con el resto de los países asiáticos, se ha visto muy perjudicado por el bloqueo del estrecho de Ormuz.
La disrupción en los flujos energéticos globales provocada por los ataques de Estados Unidos e Israel contra la dictadura de los ayatolás de Irán supone una prueba importante para la seguridad energética, la fortaleza exportadora y la estrategia geopolítica de China, el mayor importador de petróleo del mundo. Las amplias reservas estratégicas chinas y la diversificación de sus proveedores ofrecen cierta protección a corto plazo. En cambio, un conflicto prolongado podría aumentar las presiones económicas internas y debilitar sus objetivos globales.
Pérdida de acceso al petróleo iraní
Durante años, la dictadura de los ayatolás de Irán ha sido una fuente clave de petróleo para China, especialmente por ofrecer crudo a precios reducidos. Esta relación se consolidó tras el acuerdo de cooperación a 25 años firmado en 2021, que contemplaba el suministro de hasta 400.000 millones de dólares en petróleo iraní a cambio de inversiones chinas en infraestructura y cooperación en materia de seguridad.
En los últimos años, las importaciones chinas de crudo iraní habrían alcanzado hasta 1,4 millones de barriles diarios, lo que representaría aproximadamente el 13% de sus importaciones totales de petróleo. A su vez, la dictadura de los ayatolás de Irán habría llegado a depender de China para entre el 80% y el 90% de sus exportaciones de crudo.
Este comercio se ha realizado en gran parte de forma indirecta para evitar sanciones internacionales, utilizando refinerías privadas chinas de menor tamaño y sistemas de pago alternativos al sistema financiero occidental.
Impacto de la interrupción del suministro
Con el inicio del conflicto el pasado 28 de febrero y la interrupción de la producción y exportaciones iraníes, China se ha enfrentado a una pérdida inmediata estimada entre 1 y 1,4 millones de barriles diarios de petróleo. Este vacío ha obligado a las refinerías a buscar alternativas más caras en un mercado global ya con desafíos.
Consecuencias estratégicas China
Las reservas estratégicas de petróleo y la diversificación de proveedores ofrecen un margen temporal a China. En cambio, un conflicto prolongado entre Estados Unidos e Israel contra la dictadura de los ayatolás de Irán podría tener efectos más profundos. Entre ellos, un aumento de los costes energéticos, tensiones en la balanza comercial y dificultades para mantener la estabilidad de su modelo industrial.
La crisis representa un desafío energético para Pekín. También una prueba para la estrategia geopolítica de China, que depende de la estabilidad de los flujos comerciales globales y de su acceso seguro a materias primas esenciales.
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