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Rodri Hernández, sobre su infancia: «En mi casa estaban hartos de que yo viviera tanto el fútbol»

  • Xabier Vergara
  • Xabier Vergara (Pamplona, 2004). Especialista en periodismo de SEO y en actualidad deportiva. Con experiencia en medios nacionales de referencia como El País (Grupo Prisa), el Diario Marca y ahora en OkDiario. Perfil mixto entre redacción de noticias y análisis de métricas en tendencia.

Cuando escuchamos hablar a un deportista, casi siempre es acerca de su carrera deportiva, los rumores acerca de los posibles intereses de algunos clubes en su fichaje, o sobre la temporada que está realizando su equipo. Sin embargo, el capitán de la selección española, Rodrigo Hernández, ha sorprendido a propios y ajenos al hablar sobre su infancia y su amor por el fútbol desde pequeño, afirmando que «en mi casa estaban hartos de que yo viviera tanto el fútbol».

Tras alcanzar la cima del fútbol mundial con la conquista del campeonato del mundo este verano, el jugador madrileño echa la vista hacia atrás para rememorar cómo fueron sus inicios en este deporte y cómo vivieron desde su familia su ascenso hasta llegar al fútbol de élite.

Una pasión por el fútbol muy temprana

Ya desde pequeño, Rodri tenía bien claro que su futuro tenía que estar ligado al fútbol. Tal y como lo describe el jugador, desde pequeño sus padres estaban «hartos» de su pasión por este deporte. Ya desde niño demostraba un nivel de pasión por encima de la media, y que le ha hecho ser el jugador que es hoy en día.

Su padre, Antonio Hernández, ha recordado también cómo era el pequeño Rodri, quien parecía no conformarse nunca con dar menos del 100% de sus capacidades. Según ha explicado el progenitor, su hijo era «muy tenaz» y se imponía a sí mismo una serie de objetivos «extraordinariamente altos». Una autoexigencia que le ha hecho mejorar cada día hasta llegar a convertirse incluso en el mejor jugador del mundo.

Una forma diferente de entender el fútbol

El propio futbolista ha llegado a reconocer en varias ocasiones que vivía cada partido «como si fuera el último». Cuando apenas tenía diez años, un mal partido le arruinaba completamente su fin de semana, afirmando que «si jugaba un mal partido, no podía hablar con mis padres en todo el día», aseguraba Rodri. Un nivel de pasión que ya dejaba entrever que para él no era un simple deporte, sino una parte esencial de su vida.

Sus primeros pasos en el fútbol los dio en el Rayo Majadahonda, antes de incorporarse a la cantera del Atlético de Madrid. En aquellos años, como tantos otros niños, comenzó jugando por diversión, pero el fútbol le hizo mejorar cada día, hasta comprender que este deporte iba a ser su futuro.