Los elefantes de Kenia manejan su propia farmacia: 35 plantas para autocurarse e inmunizar a sus crías
El estudio del monte Elgon documenta 35 plantas y cuatro suelos con propiedades terapéuticas
Las madres mastican hojas y las mezclan con su leche para 'inmunizar' a las crías más vulnerables
Europa contará con su primer santuario de elefantes en el sur del continente para que vivan en libertad

Existe una farmacia escondida en las selvas de Kenia y no la gestiona ningún humano. En las laderas del monte Elgon, un grupo de elefantes elige plantas concretas cuando enferma, mastica raíces amargas y hasta prepara remedios caseros para sus crías más pequeñas.
Un estudio publicado en la revista Scientific Reports ha documentado que los elefantes africanos de esta región recurren a cerca de 40 plantas y materiales con posibles fines medicinales. El hallazgo sitúa a estos paquidermos al mismo nivel que chimpancés, delfines nariz de botella, algunas aves e insectos.
Una farmacia escondida en la selva
El trabajo, firmado por investigadores del Instituto Bernhard Nocht de Medicina Tropical, se apoya en el testimonio de ocho expertos locales de la comunidad indígena sabaot. Entre ellos figuran guardaparques comunitarios, un ranger jubilado y varios ancianos que conocen el bosque de primera mano.
Al frente del trabajo se encuentra Fabien Schultz, especialista en zoofarmacognosia del citado instituto alemán, junto a la investigadora Elodie Freymann, de la Universidad de Brown, experta en la conducta medicinal de chimpancés y orangutanes. Su experiencia sirvió para encuadrar el caso keniano en la literatura científica.
Todos los testigos han observado durante años cómo los elefantes seleccionan de forma deliberada plantas, arcillas y suelos con propiedades terapéuticas conocidas. Sus relatos, recogidos en entrevistas, permitieron reconstruir un mapa detallado del repertorio curativo de la especie.
Testigos de excepción
En total, los científicos describen por primera vez el uso potencialmente medicinal de 35 especies vegetales de 23 familias distintas, además de cuatro tipos de suelos, minerales o arcillas. Nada menos que 25 de esas plantas también las emplean las personas de la zona como remedios tradicionales.
El proyecto reunió a la Mount Elgon Foundation, la Universidad de Ciencias Aplicadas de Neubrandenburg, el proyecto de conservación del elefante del monte Elgon y los Museos Nacionales de Kenia, entre otros socios locales, en un esfuerzo científico coral poco habitual.
El origen de la investigación está en la fundación británica que identificó por primera vez el saber tradicional de la zona. Su responsable subraya que el conocimiento medicinal de estos elefantes podría transmitirse socialmente de una generación a otra, como una auténtica cultura.
Un saber que pasa de padres a hijos
El monte Elgon, un volcán extinto que hace de frontera natural entre Kenia y Uganda, es uno de los enclaves con mayor densidad de plantas endémicas del país. Su laberinto de cuevas guarda depósitos minerales que los elefantes llevan siglos explotando con los colmillos.
Por ese motivo, estos animales ya eran conocidos como los elefantes mineros. El estudio evaluó también el consumo de arcilla en las 55 cuevas de la montaña, aunque concluye que responde sobre todo a una necesidad de sales minerales y no a un fin curativo.
La verdadera novedad está en las plantas. Los investigadores identificaron ocho especies que los elefantes enfermos parecen buscar con un propósito terapéutico concreto, lo que consideran el indicio más sólido de una automedicación intencionada.

Los elefantes mineros
Los testigos coinciden en un patrón: el animal enfermo no come al azar, sino que se dirige a especies determinadas y desecha otras más nutritivas que tiene a su alcance. Ese comportamiento selectivo es, para los autores, la firma de una intención.
No todas las plantas pesan igual en el estudio. Nueve de las especies presentes en la dieta de estos elefantes, y con un uso muy frecuente entre la población, cuentan además con aplicaciones etnomedicinales ya documentadas en la literatura científica previa.
Muchos de esos vegetales tienen una función establecida en la medicina tradicional y una eficacia respaldada por la ciencia. Se han verificado en ellos propiedades antibacterianas, antiinflamatorias o antiparasitarias que encajan con los síntomas que tratan de aliviar.
Remedios que la ciencia confirma
Algunas de las plantas citadas favorecen la digestión, otras estimulan el apetito y unas terceras ablandan las heces. El repertorio, por tanto, no es aleatorio: se corresponde con dolencias reconocibles y con soluciones que también funcionan en el organismo humano.
El paralelismo llega más lejos. Investigaciones previas en Kenia ya habían observado a elefantas preñadas comiendo hojas de la familia Boraginaceae para inducir el parto y aliviar los síntomas posteriores. Las mujeres de la región preparan una infusión con esas mismas plantas.
Uno de los testimonios más reveladores lo aportó un habitante que se automedicaba con una planta concreta, la Rhamnus prinoides. Al día siguiente comprobó que los elefantes también la habían consumido, como si hubieran aprendido del gesto humano observado en las inmediaciones.
Un botiquín compartido con las personas
El comportamiento más llamativo, sin embargo, tiene que ver con las crías. Varios testigos describieron a madres que mastican hojas medicinales, mezclan la pulpa resultante con su propia leche y se la administran después a sus elefantes recién nacidos.
Los autores denominan a esta conducta alomedicación maternal: un acto de cuidado dirigido a otro individuo que recuerda, salvando las distancias, a una forma rudimentaria de vacunación. La madre no se trata a sí misma, sino que protege a su descendencia.
El propio equipo advierte de que ni el proceso exacto de preparación ni el beneficio medicinal están confirmados todavía. Se trata de una hipótesis sólida, construida a partir del conocimiento ecológico local, pero que necesita más pruebas de laboratorio.

Madres que inmunizan a sus crías
La observación del conocimiento medicinal de los animales tiene nombre propio: zoofarmacognosia. Este campo estudia cómo distintas especies utilizan plantas, minerales, insectos o suelos para prevenir enfermedades o recuperarse de ellas en plena naturaleza.
No es una disciplina nueva. Desde los años setenta se sabe que la fauna salvaje puede recurrir a la flora local para curarse, como los chimpancés que ingieren hojas amargas para expulsar parásitos intestinales. Hoy el catálogo abarca desde primates hasta abejas.
La comparación con otras especies refuerza la idea. Chimpancés, orangutanes, delfines nariz de botella e incluso ciertas aves e insectos figuran ya en el catálogo de animales capaces de recurrir a la naturaleza como botica. Los elefantes se suman ahora a esa lista con honores.
Una vieja disciplina
La primera mención histórica al saber medicinal de los elefantes es mucho más antigua. Se remonta a los escritos de Claudio Eliano, en el siglo II, que relataba cómo un elefante herido por lanzas y flechas se curaba tras consumir las flores y el aceite de un olivo.
El estudio no está exento de matices. Al basarse en testimonios locales y no en pruebas de laboratorio directas, algunos especialistas reclaman cautela antes de afirmar que los elefantes ajustan sus tratamientos con precisión farmacológica.
Para despejar esas dudas, el equipo ya ha desplegado cámaras trampa y nuevas grabaciones de campo con las que espera captar el comportamiento en vídeo. En paralelo, se analiza en el laboratorio la composición química de las plantas implicadas.

La ciencia pide más pruebas
La colaboración con la población local ha sido decisiva. El conocimiento tradicional de la comunidad sabaot, transmitido de generación en generación, ha servido de brújula para orientar una investigación que de otro modo habría sido casi imposible.
Ese vínculo entre saber ancestral y método científico es, quizá, la lectura más valiosa del trabajo. Los responsables del estudio subrayan que la vida vegetal del monte Elgon está estrechamente ligada a la salud tanto de los elefantes como de las personas.
El caso de Kenia no es aislado. Un estudio de 2025 sobre elefantes de bosque en Gabón reveló que los ejemplares con mayor carga de parásitos preferían comer tallos de plátano y plantas de papaya, ricos en compuestos que combaten las lombrices intestinales.
De Kenia a Gabón
Ambos hallazgos apuntan en la misma dirección: los elefantes poseen un repertorio farmacológico propio, aprendido y compartido, que la ciencia apenas empieza a descifrar. Cada especie vegetal es, en cierto modo, una pequeña fábrica de medicinas.
De ahí que la conservación de estos ecosistemas adquiera una dimensión añadida. Los investigadores advierten de que la destrucción del hábitat de los elefantes podría cortar el acceso a recursos medicinales todavía sin estudiar y con un enorme potencial.
Cada bosque que desaparece se lleva consigo un vademécum natural irrepetible. Proteger el monte Elgon no significa sólo salvaguardar a sus elefantes, sino también preservar un conocimiento farmacológico que podría beneficiar algún día a la propia humanidad.
Los elefantes de Kenia llevan siglos automedicándose por cuenta propia y con la sabiduría e instinto natural de la especia. Ahora, gracias a quienes los observan cada día, ese saber empieza por fin a quedar registrado antes de que el bosque que lo hace posible se pierda para siempre.