Catástrofes "Paraborgs"

Científicos crean cucarachas ciborg equipadas con cámaras y jeringuillas autoinyectables para rescatar vidas bajo los escombros

Paraborgs: Investigadores australianos transforman cucarachas gigantes en insectos cíborg paramédicos

El sistema logra un 95% de acierto al inyectar fármacos a menos de 15 centímetros del objetivo

Insectos cíborg paramédicos: la cucaracha teledirigida que inyecta fármacos entre los escombros

Así es el insecto robótico desarrollado por el MIT que te recordará a `Black Mirror´

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Imágenes de las dos cucarachas cíborg evolucionando en el laboratorio
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Imagina que estás atrapado bajo los escombros de un edificio derrumbado, a horas de que un equipo de rescate consiga llegar hasta ti. De repente, una cucaracha gigante avanza entre las grietas y se detiene a tu lado.

No viene a asustarte. Lleva una cámara en miniatura y una diminuta jeringuilla, y acaba de inyectarte el fármaco que puede mantenerte con vida hasta que lleguen los bomberos.

No es ciencia ficción. Un equipo de la Universidad de Queensland y de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, ha convertido cucarachas vivas en insectos cíborg paramédicos teledirigidos.

Del rastreo al rescate

El trabajo, publicado en la revista Advanced Science, presenta los paraborg: la primera demostración de insectos cíborg que no sólo buscan supervivientes, sino que además pueden auxiliarlos de forma activa con material médico.

Durante dos décadas, estos pequeños híbridos se han diseñado para misiones de «búsqueda y exploración», capaces de localizar a una persona pero no de ayudarla. El equipo australiano quería derribar precisamente esa frontera.

«Los insectos cíborg llevan un par de décadas diseñados para buscar y explorar», explica Thang Vo-Doan, ingeniero en biorrobótica de la Universidad de Queensland. «Queríamos ir más allá: una vez que encuentran a alguien, ¿pueden ayudarlo de verdad?».

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El «paraborg» con la minicámara en su dorso. Foto: Universidad de Queensland).

Una cucaracha de récord

La respuesta de su laboratorio es afirmativa. El cíborg deja de ser un simple sensor con patas para convertirse en una plataforma de rescate en miniatura, con la decisión médica siempre en manos de un operador humano.

La protagonista es la cucaracha gigante excavadora (Macropanesthia rhinoceros), originaria del norte de Queensland. Con unos 8 centímetros de largo, hasta 40 gramos de peso y una vida de 10 años, es una de las cucarachas más grandes y robustas del planeta.

Ese cuerpo descomunal es su gran ventaja. Puede cargar con hasta 1,5 veces su propio peso sin perder movilidad, algo imposible para un microrrobot artificial de su tamaño, que gastaría mucha más energía y sería mucho más frágil.

Pilotada con un mando

Para dirigirla, los ingenieros implantan electrodos en sus antenas y en los cercos, los apéndices sensoriales traseros. Si estimulan una antena, la cucaracha gira; si estimulan ambos cercos, acelera hacia delante.

Un operador la maneja a distancia con un mando de videojuegos y conexión Bluetooth, como si condujera un pequeño robot. Incluso diseñaron un «contador de giros» para reconducirla cuando el insecto se acostumbra a la señal y deja de responder.

El corazón del invento es un mecanismo de autoinyección hecho a medida. Un muelle comprimido dispara una aguja minúscula y, tras el impacto, una reacción química genera la presión que empuja el fármaco al interior del cuerpo.

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Las dos cucarachas gigantes trabajan en equipo. (Foto: Universidad de Queensland).

Química dentro de una jeringuilla

Esa reacción mezcla ácido cítrico y bicarbonato de potasio para liberar dióxido de carbono (CO₂). El gas presiona el émbolo de una jeringuilla de apenas medio mililitro, rematada por una aguja finísima, y suelta el medicamento en la piel.

Los números acompañan al invento. En las pruebas, los Paraborg lograron un 95% de acierto en las inyecciones a corta distancia, con el objetivo situado a menos de 15 centímetros, y el propio inyector alcanzó un 90% de fiabilidad.

La tarea completa —recorrer varios puntos de control y clavar la aguja— alcanzó un 72% de éxito, mientras que la llegada a los puntos marcados funcionó en el 100% de los intentos gracias al control manual.

Vida o muerte entre escombros

El sistema se ensayó sobre silicona y sobre piel de cerdo, muy parecida a la humana. En la piel porcina, la inyección funcionó en el 90% de los casos, con una penetración de unos 5,5 milímetros, suficiente para depositar el fármaco.

«El insecto tiene que navegar hasta el objetivo, colocarse con precisión y mantenerse lo bastante estable para realizar la inyección», detalla Hai Nhan Le, doctorando y coautor del estudio, que reconoce que ese fue uno de los mayores retos.

«A mucha gente no le gustará ver una cucaracha gigante acercándose», admite Le. «Pero si estás atrapado entre escombros o en una cueva y necesitas ayuda, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte».

Las dos cucarachas gigantes trabajan en equipo. (Foto: Universidad de Queensland).
El banco de pruebas donde se ha ensayado la evolución de las cucarachas cíborg. (Foto: Universidad de Queensland).

Cíborgs que trabajan en equipo

La idea a largo plazo es desplegar enjambres de insectos cíborg especializados, cada uno con una función. Unos llevarían cámaras y sensores para explorar el terreno; otros, el equipo médico para inyectar a las víctimas.

En las pruebas ya actuaron por parejas. Un cíborg «observador» con cámara localiza a la persona y guía a un segundo cíborg «paramédico», que porta la jeringuilla y ejecuta la inyección bajo la supervisión visual del operador.

«Desde el punto de vista biomédico, la oportunidad es llevar el tratamiento al paciente cuando el paciente todavía no puede llegar al tratamiento», señala Thanh Nho Do, director del laboratorio de robótica médica de la UNSW.

Terremotos y minutos de oro

El problema que intentan resolver es muy real. Cada año, decenas de terremotos causan derrumbes que entorpecen los rescates urbanos y reducen la supervivencia de quienes quedan atrapados bajo toneladas de material.

El seísmo de magnitud 7,8 que golpeó Turquía en 2023 arrasó una zona de 350.000 kilómetros cuadrados y obligó a movilizar equipos de rescate de 91 países para localizar a las víctimas sepultadas.

En esos escenarios, cada minuto cuenta. Una mordedura de serpiente, una hemorragia tras el parto o una reacción alérgica grave obligan a administrar de inmediato antídotos, oxitocina o adrenalina para evitar muertes evitables.

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Los insectos son manejados a distancia con un mando. En la foto, el investigador ve las evoluciones de los «paraborgs» en el banco de pruebas artificial. (Foto: Universidad de Queensland).

Donde no llegan los drones

Los drones y los robots con patas ya se emplean en emergencias, pero su tamaño les impide colarse por los huecos estrechos de un edificio caído. Ahí es donde el insecto vivo, ágil y flexible toma la delantera.

El mismo laboratorio ya había logrado escarabajos cíborg capaces de trepar por superficies verticales. Las cucarachas, más grandes y fuertes, ofrecen mayor capacidad para transportar equipo de rescate y material médico.

«En lugar de construir un robot que lo haga todo, podemos aprovechar las fortalezas naturales de distintos insectos y equiparlos para misiones diferentes», resume Vo-Doan sobre la filosofía del proyecto.

El bienestar de las cucarachas

¿Y ellas? Los investigadores subrayan que cuidaron su bienestar: las cucarachas se anestesian al colocarles los electrodos y viven lo mismo que sus congéneres una vez retirados los arneses.

Los autores admiten que las normas éticas para investigar con invertebrados todavía no están estandarizadas, así que optaron por tratar a los insectos como si pudieran sentir molestias.

De hecho, cuatro de las cinco cucarachas del experimento seguían vivas y sanas un año después de las pruebas. Incluso se aparearon y llegaron a tener dos generaciones de crías, señal de que no sufrieron daños graves.

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Infografía que muestra la evolución del desarrollo de los cíborgs. (Imagen: Universidad de Queensland).

Límites y piel humana

El propio equipo reconoce los límites del trabajo. Los ensayos se hicieron en condiciones controladas, lejos del caos de un derrumbe real con polvo, escombros, señal inestable y pasadizos imprevisibles.

Además, la fuerza de la aguja actual, validada sobre silicona, todavía no puede trasladarse sin más a la piel humana. De cara al futuro, el equipo propone parches de microagujas, menos invasivos y más seguros.

«La idea no es reemplazar a los servicios de emergencia, sino darles otra forma de ver, alcanzar y ayudar a las personas cuando el acceso directo es imposible», resume Vo-Doan sobre el objetivo final.

El rescate del futuro

El investigador confía en ver «equipos de insectos cíborg desplegados en emergencias reales» dentro de 5 a 10 años, siempre que haya recursos para acelerar la investigación y las pruebas de campo.

«Si los insectos cíborg pueden entrar sin riesgo donde nosotros no podemos, localizar a las víctimas y ayudar a prestar auxilio, se convertirían en otra herramienta valiosa», afirma Tim Hassiotis, de los Bomberos y Rescate de Nueva Gales del Sur.

Lo que hoy parece una escena de pesadilla —una cucaracha gigante correteando hacia ti— podría ser, dentro de una década, la señal de que la ayuda por fin ha llegado.