Agencia Espacial Europea (ESA) Cambio climático

Un satélite europeo detecta un iceberg del tamaño de Manhattan separándose de un glaciar en Groenlandia

El glaciar Petermann suelta 76 km² de hielo flotante, el mayor episodio en el Ártico desde 2020

El radar de Sentinel-1 vigiló las grietas día y noche hasta la rotura del 4 de agosto de 2026

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Secuencia del desprendimiento del iceberg del glaciar Petermann. (Fotos: ESA).
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El Ártico acaba de perder una de sus mayores lenguas de hielo. Un bloque de 76 kilómetros cuadrados, una superficie similar a la de la isla de Manhattan, se ha desprendido del glaciar Petermann, en el noroeste de Groenlandia.

El desprendimiento se produjo el 4 de agosto de 2026 y supone la mayor pérdida de hielo flotante del glaciar desde 2012, además del episodio de este tipo más importante registrado en el Ártico desde 2020.

Así lo ha confirmado la misión Copernicus Sentinel-1, cuyos radares captaron el momento exacto de la fractura. El nuevo iceberg tabular, o «isla de hielo», alcanza hasta 150 metros de grosor.

Vigilancia espacial

La clave está en la tecnología del satélite. Al operar con radar, Sentinel-1 observa de día y de noche y atraviesa la cobertura de nubes, algo esencial para vigilar glaciares tan remotos.

Las imágenes del 3 de agosto ya mostraban un deterioro pronunciado en la línea central de la lengua de hielo. Un día después, la enorme isla de hielo se había separado del flanco oriental del glaciar.

Un equipo internacional de investigadores vigila el Petermann desde 2019, en parte gracias al proyecto ARCTEX, de la iniciativa FutureEO de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Años de grietas anunciadas

En el trabajo colaboran científicos de la Universidad de Ottawa (Canadá), de las universidades británicas de Stirling, Lancaster y Leeds y del Servicio Canadiense de Hielo, que documentan el avance de las fracturas.

Las observaciones interferométricas de abril ya revelaban deformaciones y grietas en la lengua de hielo, un retrato detallado de los cambios que se gestaron meses antes del desprendimiento.

Adam Garbo, doctorando de la Universidad de Ottawa, lo resume así: «Llevábamos años anticipando esta rotura y verla ocurrir por fin resulta extraordinario. Es un recordatorio de lo rápido que cambian estos sistemas».

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Tamaño del iceberg superpuesto a la superficie de Manhattan. (Foto: ESA).

No es el primero ni será el último

El Petermann tiene un historial bien documentado de grandes desprendimientos, con la formación de islas de hielo en 2008, 2010 y 2012. Desde entonces, su lengua flotante se había mantenido relativamente estable.

Pero el episodio actual difícilmente será el último. Otras dos grandes islas de hielo, de unos 97 y 87 kilómetros cuadrados, podrían desprenderse a medida que las grietas sigan propagándose.

Anna Crawford, de la Universidad de Stirling, subraya la rareza del fenómeno: «Mientras los icebergs tabulares son relativamente comunes en el océano que rodea la Antártida, las islas de hielo árticas son mucho más escasas».

Dos satélites en tándem

El detalle de las grietas fue posible gracias a las imágenes de radar de apertura sintética captadas cada 24 horas por el tándem Sentinel-1C y Sentinel-1D, durante la puesta en marcha de este último satélite.

Esos datos permitieron medir con enorme precisión la propagación de las fracturas y el movimiento de la superficie con las mareas en los días previos a la rotura.

Secuencia de la separación de la lengua de hielo de Petermann entre abril y agosto de 2026. (Fuente: ESA).

Molly Hammond, doctoranda de la Universidad de Leeds que procesó los datos, destaca la vigilancia casi en tiempo real: «Los cambios se producían muy rápido, así que fue apasionante seguir la propagación de la grieta con interferometría».

La interferometría es un método de medición de alta precisión que combina ondas (como la luz, el sonido o las ondas de radio) para crear un patrón de interferencia. Al superponer estas ondas, se pueden medir distancias microscópicas, vibraciones o defectos superficiales, o bien unir varios telescopios para obtener imágenes del espacio con una resolución máxima.

Un aviso para la navegación ártica

Martin Wearing, de la ESA, apunta que este tipo de gran iceberg tabular es poco frecuente en el Ártico, lo que convierte el episodio en «una oportunidad única para estudiar cómo se desplaza, evoluciona y acaba fragmentándose una masa de hielo tan enorme».

El equipo seguirá observando tanto el glaciar como el nuevo iceberg mediante imágenes de satélite, observaciones aéreas y datos de seguimiento, para entender el comportamiento de estas grandes islas de hielo.

Satélite Copernicus
Satélite Copernicus. (Foto: ESA).

El desprendimiento tiene además implicaciones prácticas. Environment and Climate Change Canada vigila la trayectoria del iceberg y evalúa los riesgos para las rutas marítimas, ya que estas masas pueden permanecer años en el océano fragmentándose poco a poco.

Treinta años de deshielo, medidos desde el espacio

La misma técnica de dos satélites en tándem acaba de servir para radiografiar la Antártida. Treinta años después de que la ESA volara por primera vez dos satélites en formación cerrada —los pioneros ERS-1 y ERS-2—, el concepto se ha recreado con Sentinel-1.

El objetivo es medir el movimiento de los glaciares y localizar la línea de contacto (grounding line), la frontera donde el hielo deja de apoyarse en la roca y empieza a flotar. Es un punto de anclaje que controla la velocidad a la que el hielo llega al mar.

Comparando las mediciones de los años noventa con las actuales, los científicos han comprobado cómo se ha acelerado el flujo del hielo en zonas como el glaciar Leppard o la corriente de hielo Evans, en la Antártida Occidental, que se desplaza a unos 3-4 metros diarios.

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Detalle del glaciar Petermann con el iceberg desprendiéndose. (Foto: ESA).

Un termómetro del cambio climático

Tanto la velocidad del hielo como los cambios en la línea de contacto son indicadores clave de cómo responden los mantos de hielo al calentamiento. Con ellos, los expertos afinan las proyecciones de subida del nivel del mar.

Dirk Geudtner, responsable del sistema Sentinel-1 en la ESA, resume el salto tecnológico: «Al fotografiar la misma región con solo un día de diferencia, los satélites recrearon el intervalo que convirtió la misión ERS en un hito para medir el movimiento glaciar».

Entre unas y otras observaciones, el mensaje de Groenlandia y la Antártida coincide: los paisajes polares de la Tierra pueden transformarse a una velocidad que hasta hace poco resultaba difícil de imaginar.