Catástrofes Riada en Nepal

Cámaras aéreas captan desde el cielo el antes y el después del devastador colapso del glaciar en Nepal

Un helicóptero sobrevoló el lago glaciar y filmó el antes y el después de la catástrofe en Rasuwa

Se forma un nuevo lago barrera aguas arriba y crece el temor a una segunda riada en el Bhote Kosh

Un fenómeno natural convertido en un problema de ingeniería que deja más de 460 muertos en el Himalaya

Así se desencadenó la mortífera riada de Nepal

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Las impresionantes imágenes grabadas del glaciar que colpsó.
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Desde la cabina de un helicóptero, con las cámaras grabando y apuntando hacia abajo, un grupo de tripulantes contempló algo que ningún manual de vuelo había previsto. Bajo sus pies, en la frontera entre Nepal y el Tíbet, un lago glaciar acababa de vaciarse de golpe.

Las imágenes, grabadas a vista de pájaro, muestran primero el lago tal y como era antes de la inundación por el desbordamiento repentino. Un espejo de agua encajado entre montañas, en aparente calma, alcanzando en esas horas su nivel más alto.

Un lago que se vació de golpe

Después, cuesta abajo, la cámara capta el momento en que el desbordamiento ya ha comenzado. En el propio lago se aprecia cómo el nivel del agua desciende a ojos vista, mientras la masa líquida escapa ladera abajo hacia los valles habitados.

A medida que el agua se retira, los icebergs se van quedando varados en las orillas, encallados sobre el barro como barcos abandonados por una marea imposible. Es la primera pista visible de la violencia que se acababa de desatar aguas abajo.

Un azul eléctrico irreal

El vídeo salta entonces en el tiempo hasta el mismo lago, 24 horas después de la catástrofe. El helicóptero se aproxima para observar la situación con más detalle y lo que aparece ante la cámara deja sin palabras a quienes van a bordo.

El hielo recién expuesto por el vaciado luce un azul eléctrico extraordinariamente denso, un color que casi no parece real. Los propios expertos que acompañan la grabación advierten de que ese tono se perderá en apenas dos días.

Son, en palabras de la propia grabación, unas imágenes que dejaron boquiabiertos a los tripulantes del helicóptero. El vídeo fue compartido en LinkedIn por Antonio Rueda Caballero, ingeniero industrial y project manager especializado en centrales hidroeléctricas reversibles y almacenamiento energético.

Un problema de ingeniería

Para Rueda, lo ocurrido entre Nepal y el Tíbet no responde a una simple inundación, sino a una cascada de procesos geológicos e hidráulicos encadenados. Aunque el detonante inicial sigue pendiente de una confirmación más exacta, el deshielo acelerado por el cambio climático es una de las causas que han provocado la catástrofe. Para este experto, la secuencia resulta especialmente interesante desde el punto de vista de la ingeniería.

Todo habría empezado con una inestabilidad y un desprendimiento en alta montaña, seguidos de una liberación súbita de agua y materiales compatible «con un episodio de tipo GLOF», las siglas inglesas de la inundación por desbordamiento de un lago glaciar.

A partir de ahí, describe un transporte masivo de roca, hielo, lodo y sedimentos por valles muy encajados, la formación temporal de una presa natural de derrubios y la rotura posterior de esa barrera, que generó una nueva avenida de enorme capacidad destructiva.

La pregunta incómoda

El balance de esa cadena de fenómenos es demoledor: infraestructuras, carreteras y puentes destruidos, poblaciones aisladas y, sobre todo, vidas humanas perdidas. El fenómeno geológico en sí, admite el ingeniero, quizá fuera inevitable.

Pero deja una pregunta incómoda que interpela de lleno a su disciplina: ¿hasta qué punto podrían haberse anticipado sus consecuencias y reducido las pérdidas humanas? Una cuestión, la de la gestión del riesgo, que sobrevuela toda la tragedia.

El propio Rueda deja materiales en su publicación en redes para mostrar cómo un evento localizado en la alta montaña puede propagarse y amplificarse a lo largo de kilómetros aguas abajo hasta multiplicar su poder de destrucción.

El riesgo no ha terminado

No es la única voz técnica que ha analizado lo sucedido. La científica de datos geoespaciales Priyanka Belbase, especialista en teledetección, ha puesto el foco en un detalle que preocupa incluso más que el colapso ya consumado.

Belbase advierte de la formación de un nuevo lago barrera en la zona aguas arriba. El agua sigue acumulándose detrás de un bloqueo natural, lo que abre la puerta a otra oleada repentina si esa barrera acaba cediendo.

Para las comunidades que viven río abajo a lo largo de los sistemas fluviales Bhote Koshi y Trishuli, subraya la científica, eso significa una cosa: el riesgo no ha terminado necesariamente. La amenaza sigue suspendida sobre el valle.

La amenaza de un nuevo lago

Los datos oficiales dan la razón a esa cautela. La autoridad nepalí de gestión de desastres ha alertado de la obstrucción del río Lhende a unos 18 kilómetros del paso fronterizo de Rasuwagadhi, donde se ha ido formando esa presa natural.

China calcula unos dos millones de metros cúbicos de agua retenidos tras una barrera de unos 50 metros de altura, con previsión de sumar tres millones más. El temor a una fractura repentina ha obligado a evacuar localidades a ambos lados de la frontera.

Conviene recordar qué es exactamente un GLOF. Un evento de este tipo se produce cuando un lago de origen glaciar, retenido por una morrena o una pared de hielo inestable, se desborda de forma violenta y libera de golpe un volumen enorme de agua.

Personas caminan por las calles inundadas en Trishuli Bazar, Nuwakot (Nepal) (efe).
Trishuli Bazar (Nepal), 26/08/2026.- Habitantes de la zona caminan por calles inundadas tras una crecida repentina en Trishuli Bazar, distrito de Nuwakot, Nepal, el 26 de agosto de 2026.
EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA

El origen de la avalancha

La catástrofe se desató la mañana del pasado 26 de agosto, cuando la parte inferior de un glaciar cercano al pico Langtang Lirung se desprendió a unos 5.200 metros de altitud y se precipitó unos 1.200 metros hasta el fondo del valle.

El impacto fue tan brutal que generó una señal sísmica interpretada primero como un terremoto. Fue el Servicio Geológico de Estados Unidos el que aclaró que no hubo sismo tectónico, sino la energía liberada por el propio colapso y el posterior flujo de escombros.

Esa masa de hielo y roca alcanzó el río Lhende, bloqueó el cauce y, al ceder la barrera, liberó un flujo hiperconcentrado que descendió a más de 100 kilómetros por hora. El nivel del agua llegó a subir entre 7 y 9 metros en apenas media hora.

Un «tsunami desde el cielo»

El resultado, en palabras de varios expertos, fue un «tsunami desde el cielo»: una ola de lodo y detritos que arrasó puentes, carreteras, centrales hidroeléctricas y pueblos enteros a lo largo de decenas de kilómetros de valle.

No es la primera vez que esta frontera vive algo así. En julio de 2025, el vaciado de un lago supraglaciar en el lado tibetano ya había provocado una crecida del Bhote Koshi, un aviso que ahora resuena con una fuerza trágica.

El balance provisional supera ya los más de 460 muertos y roza los 1.400 desaparecidos a ambos lados de la frontera, entre ellos numerosos turistas extranjeros, cuatro de ellos españoles. Las cifras siguen subiendo conforme avanza el rescate.

El Himalaya se calienta más rápido que la media del planeta y Nepal ha perdido cerca de un tercio de su hielo en solo tres décadas. Por eso las cámaras del helicóptero no filmaron únicamente un lago vacío: filmaron, en azul eléctrico, el rostro de una amenaza que apenas empieza.