Cambio climático Atún Rojo

El calentamiento del Mediterráneo pone en peligro la reproducción del atún rojo en Baleares

El calentamiento del Mediterráneo acorrala al atún rojo: sus larvas no aguantan más de 31,7 grados

Baleares es la principal zona de puesta del Mediterráneo occidental y opera a sólo 3,6 °C del máximo

Las olas de calor marinas se concentran en verano que es justo cuando desova el atún rojo atlántico

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atun rojo
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Las aguas que rodean Baleares son la mayor guardería de atún rojo del Mediterráneo occidental. Ese vivero funciona dentro de un margen térmico mucho más estrecho de lo que se pensaba.

Un equipo multidisciplinar internacional con participación del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) ha medido por primera vez los límites térmicos de las larvas de atún rojo atlántico (Thunnus thynnus). El techo medio de supervivencia se sitúa en 31,7 °C.

El trabajo, publicado en la revista Journal of Thermal Biology, fija también un suelo medio de 17,9 °C. Ese corredor tan estrecho convierte a las larvas en la fase más vulnerable de toda la especie frente al calentamiento del océano.

Un corredor de casi 14 grados

El dato del mínimo explica algo que los científicos venían observando desde hace décadas. El atún rojo no desova en épocas ni en zonas donde el agua está demasiado fría porque sus primeras fases de vida no lo resisten.

El interés real del estudio, sin embargo, no está en los extremos, sino en la distancia que separa a las larvas de ellos. Y ahí aparece la cifra que ha encendido las alarmas.

En aguas de las Islas Baleares, la principal zona de reproducción del atún rojo en el Mediterráneo occidental, la temperatura del mar se sitúa relativamente cerca de ese límite superior. El margen de seguridad es de sólo 3,6 °C.

atún rojo de almadraba

Margen de 3,6 grados

Esa distancia coloca el punto de partida en torno a los 28 grados durante el periodo de puesta. Un colchón que una ola de calor marina puede consumir en cuestión de días.

El problema es también de calendario. El atún rojo se reproduce en verano, justo en la ventana en la que el Mediterráneo occidental concentra sus episodios de calor oceánico extremo.

«Estamos viendo cómo las primeras fases de vida del atún rojo operan muy cerca de sus límites térmicos. Esto aumenta su vulnerabilidad frente a eventos extremos como las olas de calor marinas», señalan los investigadores.

Verano y desove a la vez

Con el calentamiento previsto para las próximas décadas, esos episodios serán más frecuentes e intensos. El margen se estrechará todavía más y el riesgo para la supervivencia larvaria crecerá en paralelo.

El contexto de este verano refuerza la advertencia. El mar Balear encadena desde mediados de junio una ola de calor marina prolongada, con una severidad especialmente alta a finales de junio y durante agosto.

La temperatura media superficial alcanzó los 29,5 °C en la primera quincena de agosto, 3,7 grados por encima de lo habitual. El 15 de agosto los satélites registraron un récord absoluto de 29,7 °C, según el SOCIB.

Récord en el mar Balear

Las boyas costeras han ido todavía más lejos. La de Dragonera, al oeste de Mallorca, marcó 33,02 °C el 5 de agosto, récord para la red de Puertos del Estado, y la de Mahón llegó a 32,3 °C.

Esos picos superan el techo térmico medido en el laboratorio. No implican una mortandad larvaria directa, porque las boyas registran agua costera en las horas centrales del día y la puesta se concentra en mar abierto.

Sí sitúan, en cambio, el orden de magnitud del riesgo. La oceanógrafa del SOCIB Mélanie Juza recuerda que 2026 es el quinto verano consecutivo con temperaturas marinas excepcionales en el archipiélago.

Picos de 33 grados

«Nos enfrentamos a un escenario inédito porque tenemos olas de calor marinas muy intensas, muy largas y recurrentes durante varios años consecutivos», advierte la investigadora.

Medir todo esto no ha sido sencillo. El estudio subraya el desafío que supone trabajar en condiciones controladas con una especie de mar abierto cuyas larvas son extremadamente sensibles a cualquier manipulación.

Es, además, el primer trabajo que documenta las tasas metabólicas de las larvas de atún rojo. Los autores comprobaron que resultan más sensibles a las temperaturas extremas que los adultos y que las larvas de otras especies.

banco de atunes

Larvas sin escudo térmico

La comparación tiene su punto paradójico. El atún rojo adulto es un animal con endotermia regional, capaz de mantener sus músculos y sus ojos a más temperatura que el agua que lo rodea.

Esa maquinaria fisiológica no existe todavía en las primeras semanas de vida. La fase que sostiene el relevo generacional de la especie es precisamente la que menos margen tiene frente al calor.

El equipo insiste en que lo que está en juego va mucho más allá de una pesquería. El atún rojo atlántico ocupa la cúspide de la cadena trófica del Mediterráneo.

Depredador tope

«El atún rojo atlántico es mucho más que un recurso pesquero: su papel como depredador tope lo convierte en una pieza clave para el equilibrio de los ecosistemas marinos. Comprender y proteger sus primeras etapas de vida será esencial para garantizar su resiliencia en el futuro», concluye el equipo científico.

El aviso llega en un momento delicado. La especie protagonizó una de las grandes historias de recuperación pesquera del último siglo, hasta el punto de que la UICN la sacó en 2021 de la categoría de amenazada.

Esa remontada se apoyó en cuotas, vedas y control internacional de capturas. Ninguna de esas herramientas actúa sobre la temperatura del agua en la que desova el stock mediterráneo.

Pesca, animales, peces
Atún rojo recién capturado sobre la cubierta de un barco de pesca.

Recuperación en riesgo

A ello se suman otros trabajos recientes del propio Centro Oceanográfico de Baleares. Uno de 2025 apuntaba que los problemas de crecimiento larvario podían empezar a asomar por encima de los 28 °C.

Otro, publicado en abril, demostró que las corrientes marinas retienen las larvas en las zonas de puesta. Ese mismo mecanismo que las concentra puede atraparlas en una bolsa de agua sobrecalentada.

El estudio ha sido cofinanciado parcialmente por el proyecto TUNAWAVE, financiado por MCIN/AEI y FEDER, y por la Unión Europea a través del programa Horizonte 2020.

Financiación europea

También ha contado con el respaldo del Govern de las Islas Baleares y del Impuesto al Turismo Sostenible. Las larvas del mar Balear se muestrean cada verano en la campaña TUNIBAL del Centro Oceanográfico de Baleares.

Sin datos como estos, las proyecciones climáticas sobre pesquerías seguirán apoyándose en la tolerancia térmica de los adultos, que es la parte fácil del problema. El cuello de botella está en las larvas y ahora tiene número: 3,6 °C.