No es por el otoño: los árboles urbanos se están quedando sin hojas debido a fuertes golpes de calor
Los árboles comenzaron a perder hojas a principios de agosto
El arbolado urbano nos protege frente a las altas temperaturas
¿A cuánto asciende el valor de un árbol? Toda la riqueza que generan sin pedir nada a cambio
El calor se resiste a abandonar nuestro país tras un interminable verano que arrancó de forma prematura en mayo y que amenaza con prolongar el veroño hasta octubre. Mientras tanto, los árboles de nuestras ciudades se están enfrentando, paradójicamente, a los efectos de lo que parece un otoño que se hubiera adelantado casi dos meses.
A principios de agosto comenzó a detectarse este fenómeno: muchos ejemplares se estaban secando y perdiendo buena parte de sus hojas de forma prematura. Otro síntoma preocupante es la proliferación de enfermedades y plagas que están causando auténticos estragos en el arbolado urbano.
La explicación no hay que buscarla en un imprevisto anticipo de la época otoñal. Más bien al contrario: el problema es que los árboles están alcanzando el límite de su capacidad para hacer frente a unos veranos cada vez más largos y secos que les están llevando a sufrir golpes de calor potencialmente mortales.
Miles de árboles secándose
Recientemente, Mario Viciosa, jefe de ciencia en Newtral, publicó un vídeo en el que explicaba que «no es el otoño, es que literalmente se están secando miles de árboles urbanos delante de nuestras narices».
Así se lo confirmaron diferentes expertos, que también le trasladaron que la situación del arbolado urbano ha empeorado de forma notable tras los «fatídicos veranos de 2022 y 2023».
Transpiración
«Algo ha hecho clic en los árboles urbanos de España. No sólo siguen pagando los años de sequía que dejaron cicatrices: es que cuando llega el verano y el calor extremo, sufren una especie de golpes de calor que les obligan a amarillear la hoja y tirarla para evitar la transpiración», detalla Viciosa en el vídeo para Newtral.
Este proceso de transpiración al que se refiere el periodista es el que permite a las plantas regular su temperatura y mantenerse frescas mediante la liberación de vapor de agua a través de sus hojas.
Pero cuando el estrés térmico causado por el excesivo calor resulta insoportable para el árbol, su manera de protegerse consiste, a menudo, en desprenderse de parte de sus hojas, lo cual le ayuda a limitar la pérdida de agua.
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Fotosíntesis
El problema es que este mecanismo de emergencia al que recurren los árboles en una situación crítica acaba teniendo consecuencias muy negativas para ellos. «Los deja sin hacer la fotosíntesis, los lleva a cierto raquitismo, a frenar su crecimiento y a impulsar su debilidad», destaca Viciosa.
Este es el motivo por el que muchos ejemplares acaban siendo más vulnerables frente a plagas, enfermedades, sequías, olas de calor y otras muchas amenazas que afectan a su estado de salud.
Cavitación
Si esta situación de estrés térmico se repite durante varios veranos, el árbol afectado puede ver comprometidas sus reservas de agua hasta el punto de entrar en una fase de decaimiento que, si no se frena, puede dar lugar a un fenómeno crítico llamado cavitación.
Para entenderlo, hay que imaginar a la planta como una enorme red de diminutos conductos por los que la savia —compuesta por agua y el resto de nutrientes que alimentan la planta— asciende desde las raíces hasta las hojas.

Embolia vascular
Cuando la demanda de agua se eleva a causa del excesivo calor, aumenta la tensión a la que están sometidos esos vasos por los que es transportada. Si la tensión supera la capacidad de resistencia de los vasos, puede formarse una burbuja de aire en su interior y provocar una embolia vascular.
En otras palabras, el conducto se obstruye y el agua ya no puede llegar con normalidad a las hojas y las ramas. Si la cavitación afecta a un número elevado de vasos, la consecuencia inevitable es la muerte de las ramas e, incluso, del árbol.
Cambio climático
Todo lo descrito nos sirve para entender la gravedad de los efectos del cambio climático —que está detrás del aumento de fenómenos extremos como las olas de calor y las sequías— sobre el arbolado urbano. Un estudio científico publicado en Landscape and Urban Planning ofrece otro ejemplo especialmente ilustrativo.
En dicho trabajo se analizó la evolución de 150 árboles de 19 especies durante el verano extremadamente caluroso y seco que sufrió Sídney en 2019-2020 —verano austral—, y en los tres veranos posteriores.
Los resultados muestran que, en el verano de 2019-2020, el 8% de los árboles murió, mientras que el 20% sufrió una pérdida importante de copa. Además, el crecimiento de los árboles urbanos se redujo en un 64% de media. Otra conclusión interesante del estudio es que el estrés por calor puede representar una amenaza mayor para el arbolado urbano que el estrés por sequía.

Salud humana
Esta elevada y creciente mortalidad de árboles no sólo debería preocuparnos por la pérdida de patrimonio natural que supone, sino también porque impacta de forma directa sobre nuestra salud.
Así lo evidencia otro estudio científico publicado en The Lancet el año pasado que afirma que el incremento de las zonas verdes en un 30% podría haber evitado más de un tercio de todas las muertes relacionadas con el calor en el mundo entre 2000 y 2019.
Más árboles
Esto significa que cerca de 1,2 millones de personas podrían haber salvado la vida de haber residido en ciudades con más presencia de árboles y vegetación.
Como explican los autores de esta investigación, «la vegetación tiene un efecto refrescante sobre la temperatura, logrado mediante la sombra que proyecta sobre las superficies, la desviación de la radiación solar y la evapotranspiración, que favorece la convección del aire».
En conclusión, necesitamos una mayor presencia de árboles y vegetación en las ciudades para afrontar el cambio climático, pero además resulta imprescindible que esta infraestructura verde urbana está correctamente diseñada y adaptada a unos veranos cada vez más duros para los árboles y las personas.