El Atlético expulsa al Barcelona de la Champions
Los rojiblancos frustran el conato de remontada del Barcelona y alcanzan las semifinales continentales
Los de Flick volvieron a terminar el partido con un partido menos por la expulsión de Eric García
«La Liga de Campeones es mi obsesión». El Metropolitano cree porque su equipo cree. La serie antológica de seis partidos entre Barcelona y Atlético encumbra a los rojiblancos como vencedores. De su lado han caído las dos batallas a cara o cruz. La nacional y la continental. No sin sufrimiento, rezos católicos en la grada e intensidad sobre el terreno de juego. El Barcelona llegó a igualar la eliminatoria con Lamine y Ferran, pero Lookman dio el golpe definitivo (1-2) y los azulgranas volvieron a acabar con diez jugadores por la expulsión de Eric García. Enloqueció el Metropolitano. Semifinales. No solo lo celebran los rojiblancos de hoy, también los del pasado. Los que murieron en la orilla en Dortmund en 2024, los que cayeron de pie en la batalla contra el City en 2022. Todos sueñan con Budapest.
No existe puerto a coronar que asfixie al Barcelona, tampoco golpe que tumbe del todo al Atlético. Ambos equipos mutan en indestructibles cuando se enfrentan. Pueden tambalearse e incluso rozar la lona, pero no se caen. Resisten, toman aire y vuelven a la carga. Capaces de caminar como un funambulista y no ceder ante la ráfaga huracanada del contrario, como de dejarse llevar por la locura. Lo del Metropolitano fue uno de esos partidos que hacen memoria, de los que cuentan padres a nietos durante una sobremesa de domingo. Atlético y Barcelona cosiéndose a golpes sin especular.
Los dos equipos se batieron sin reservas, con alternativas y un futbolista único como es Lamine Yamal, líder y genio del Barcelona. Avisó con el micrófono y aseveró con el balón. El escenario, inflamable, de esos que le gustan, achicharró a un Lenglet sordo de un pie durante todo el partido. Trató de ceder a Musso sin éxito y su error lo castigó Lamine para dejar la renta rojiblanca en un solo gol. Apenas habían pasado cuatro minutos y poco más de veinte cuando Lenglet volvió a mostrar su sordera podológica.
Esta vez a la hora de no seguir la marca de un Ferran Torres que fusiló a Musso. Claro que el argentino ya había hecho de Oblak entre medias. O mejor dicho, de sí mismo, lo suyo es una concatenación de buenas actuaciones. Uno de esos porteros argentinos que se crecen cuando el termómetro eleva la temperatura. Le negó el gol a Dani Olmo y también a Lamine. Fue el pararrayos de la tormenta azulgrana. Aunque el Atlético tampoco se quedaba corto de precipitaciones. Lookman y Griezmann avisaron.
El primero con un disparo tan potente como desviado y el segundo se quedó a centímetros de superar a Joan. El reloj señalaba media hora y el Barcelona ya había igualado la serie, como si el ejercicio del Atlético del Camp Nou no hubiera existido. Pero sí sucedió y les situaba a un gol de volver a tener los pies en semifinales. Un arañazo a Joan García y se iba por tierra la pericia azulgrana. Y Griezmann, que no se había conectado hasta entonces, lo hizo y desenchufó al Barcelona.
Balón de primeras para que Llorente rompiera la línea adelantada de Flick y Lookman llevara el delirio al Metropolitano. Respiró el Atlético, que hasta entonces vivía en una apnea constante e intermitente al mismo tiempo porque sus estampidas le daban bocanadas de aire. El Barcelona arreció también en la segunda parte y el Atlético volvió a sumergirse en la bañera cuando Ferran Torres batió de nuevo a Musso. Simeone ya pedía esfuerzos a la grada y el escenario se tornaba de nuevo en igualada… Hasta que el VAR emergió como bombona. Fuera de juego. Todo seguía igual, pero al mismo tiempo no, pues ahí comenzó otro partido.
Uno en el que el Atlético se mueve como nadie. Elevó la intensidad y fue ganando guerrillas. Que si provocaba una falta, ganaba un saque de banda, forzaba un córner… Pequeños pasitos hasta que Sorloth volvió a dar su zancada. De nuevo un dolor de muelas para el Barcelona. Salió y forzó otra expulsión azulgrana, esta vez de Eric García. Ahí murió el Barcelona que lo intentó con más corazón que cabeza y argumentos. Y sorevivió el Atlético, que alcanza las séptimas semifinales de Champions de su historia. Pobre del que intente robarles la ilusión a cada rojiblanco. Al de Dortmund, al del City y al que ha sufrido siempre. El Atlético es un coloso de Europa.