La reflexión de Ken Follett, escritor de 77 años, sobre el amor: «Dos adultos que se aman deberían ser capaces de tomar decisiones juntos, sin tener que obedecerse uno al otro»
El escritor británico plantea en La caída de los gigantes una idea sobre las relaciones basada en la igualdad, la autonomía y la capacidad de llegar a acuerdos
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Amar a alguien no debería significar renunciar a la propia libertad ni aceptar que todas las decisiones tengan que pasar por una sola persona. Esa es la idea que transmite una de las reflexiones de Ken Follett en La caída de los gigantes, donde el escritor plantea una forma de entender las relaciones basada en la igualdad. «Dos adultos que se aman deberían ser capaces de tomar decisiones juntos, sin tener que obedecerse uno al otro». Una frase que, más de una década después de la publicación de la novela, continúa conectando con una cuestión fundamental en cualquier pareja, que habla de cómo compartir una vida sin perder la individualidad.
Una relación entre iguales
La reflexión del escritor parte de algo sencillo, ya que dos personas adultas que deciden construir una vida juntas no tienen por qué establecer una relación basada en quién manda y quién obedece. Compartir una relación implica negociar, escuchar opiniones diferentes y encontrar soluciones que tengan en cuenta las necesidades de ambos. El amor, desde esta perspectiva, no elimina las diferencias entre las dos personas, sino que proporciona un espacio para gestionarlas.
La frase aparece en La caída de los gigantes, novela publicada por Follett en 2010 y primera entrega de su trilogía del siglo XX. La historia sigue a varias familias cuyos destinos quedan atravesados por acontecimientos como la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y los cambios sociales de aquella época.
Decidir juntos
La idea de Ken Follett encuentra un interesante paralelismo en los estudios sobre relaciones de pareja. Estudios señalan que las relaciones funcionan mejor cuando ambos miembros pueden influir en las decisiones y consideran las opiniones del otro, en lugar de establecer una dinámica permanente en la que uno dirige y el otro simplemente sigue. Esa capacidad de aceptar la influencia de la pareja está relacionada con una mayor satisfacción y con una mejor gestión de los conflictos.
Esto no significa que una pareja tenga que decidir absolutamente todo de manera conjunta. Hay decisiones personales, laborales o económicas que pueden corresponder a uno de los miembros. La cuestión está en que ninguno tenga que asumir sistemáticamente el papel de autoridad. Escuchar no significa obedecer y ceder en un asunto concreto tampoco implica perder autonomía.