¿Qué quería decir Marco Aurelio cuando dijo: «La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos»?
Una reflexión que invita a replantear el enfoque que le damos a ciertos problemas cotidianos
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¿Alguna vez te has levantado con el pie izquierdo y has sentido que todo el día ya estaba arruinado? Tranquilo, no eres el único. Hace casi dos mil años, el emperador romano Marco Aurelio ya lidiaba con problemas monumentales, y llegó a la conclusión que puede cambiar tu día: «La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos».
A través de esta reflexión, Marco Aurelio nos explica que lo que nos atormenta no es lo que nos amarga la existencia, sino lo que nosotros pensamos acerca de ello en nuestra cabeza. En ocasiones, nos consumimos internamente, martirizándonos mentalmente y haciendo de un vaso de agua un océano.
Controla tu mente, no el mundo
El estoicismo, corriente filosófica que practicaba el emperador, se resume en saber distinguir entre lo que depende de ti y lo que no. No puedes controlar que llueva, que el metro se retrase o que una persona haya sido borde contigo. Lo único que está bajo tu mando absoluto es cómo decides reaccionar ante ello.
Cuando Marco Aurelio hablaba de la «calidad de los pensamientos», se refería a tener ideas realistas, útiles y, sobre todo, amables contigo mismo. Cambiar el «¿Por qué siempre me pasa a mí?» por un «Qué faena, pero yo puedo solucionarlo». Este cambio en tu pensamiento actúa como una barrera que frena de golpe la negatividad e impulsa a la mente a afrontar las adversidades con energía y con positividad.
Una frase que sirve hoy en día
Podríamos pensar que un emperador de la antigua Roma no tiene nada en común con nosotros. Al fin y al cabo, él no tenía que aguantar notificaciones de WhatsApp o el ritmo frenético de estrés y estímulos de la era digital. Sin embargo, el estrés humano sigue siendo el mismo. Esta lección se ha vuelto a poner de moda por una razón muy sencilla: es el mejor manual de salud mental que existe.
Hoy vivimos bombardeados por estímulos y pantallas que nos empujan a la queja constante o a compararnos con los demás. Es facilísimo caer en la trampa de pensar en negativo. Aplicar el truco de Marco Aurelio hoy en día significa parar un segundo y preguntarte si esto que estás pensando te está ayudando, o únicamente te está atormentando aún más. No se trata de ser optimista ingenuo, sino de no regalarle tu paz mental a cosas que no valen la pena.