La psicología ha llegado a la conclusión de que los adultos que necesitan distraerse continuamente no están aburridos, en realidad están reprimiendo sus emociones y ansiedad sin darse cuenta
Muchos recurren a la multitarea para evadirse de sus problemas y la psicología asegura que hay un patrón muy marcado en éste comportamiento
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Los psicólogos coinciden: aquellos que llenan su nevera de imanes conservan recuerdos vívidos que contribuyen a la formación de su identidad

Si eres de esas personas que llenan su agenda de planes para no tener ni hueco libre, que recurren al teléfono para ver algo mientras come, o que consultan cada cinco minutos las notificaciones de su móvil, no estás solo. Y es que son muchas las personas que no logran frenar ni un minuto en todo el día, ya sea adelantando las tareas del hogar o buscando cualquier cosa para hacer y así mantener todo su tiempo ocupado.
Tu refugio en lo cotidiano
La mayoría asocian este tipo de tareas con pasar tiempo con uno mismo y así mantener la mente ocupada para no pensar en sus cosas. Este tipo de distracciones de manera constante, dice la psicología, está vinculado con la evasión del procesamiento de las emociones.
La psicóloga Erin Sánchez interpreta este comportamiento como el «síndrome de la vida ocupada», asociado a la autoexigencia de superarse en todo y acumular tareas para realizar. La experta reconoce que «es una afectación observada en un amplio número de personas que sienten la necesidad constante de tener que hacer algo, (…), de estar continuamente hiperestimuladas».
La mirada crítica de los demás
Mucha gente asegura que no se siente cómoda expresando sus sentimientos a los demás y que encuentra dificultad para expresar esta vulnerabilidad. De ahí el refugio; en este contexto, mantenerse en movimiento ayuda a mantener la mente ocupada para no conectar con lo que llevas dentro.
En otras culturas, tener la agenda llena se asocia con valores como la ambición, el prestigio o la productividad; mientras que el descanso o el aburrimiento pueden interpretarse como signos de pereza o falta de ocupación. Esta percepción contribuye a normalizar la necesidad de mantenerse constantemente activo y de llenar cualquier momento libre con alguna tarea o estímulo.