La psicología explica por qué algunas personas hablan solas en voz alta: no siempre buscan llamar la atención
Expresar pensamientos o repasar una conversación puede ayudar a organizar la mente, mejorar la concentración y gestionar las emociones
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Hablar solo en voz alta es una conducta que muchas personas realizan a diario, aunque algunas prefieren hacerlo cuando están a solas para evitar que los demás las juzguen. Desde comentar una tarea doméstica hasta repasar una discusión o animarse antes de afrontar un problema, este comportamiento puede tener diferentes funciones psicológicas. Lejos de ser necesariamente una señal de rareza o de una necesidad de llamar la atención, la investigación sobre el diálogo interno y el habla autodirigida muestra que verbalizar los pensamientos puede ser una herramienta útil para concentrarse, resolver problemas y regular las emociones.
Una forma de organizar los pensamientos
Cuando alguien verbaliza lo que está haciendo, puede convertir una idea desordenada en una secuencia más clara. Decir «primero voy a terminar esto y después haré lo otro» o explicar en voz alta cómo resolver una dificultad permite estructurar la información. Esta práctica puede resultar especialmente útil cuando existen varias tareas pendientes o cuando es necesario tomar una decisión que genera dudas.
Hablar solo puede mejorar la concentración
Uno de los aspectos más interesantes de esta conducta es su posible relación con la atención. Diferentes investigaciones psicológicas sobre el habla autodirigida han estudiado cómo pronunciar palabras relacionadas con un objetivo puede ayudar a dirigir la búsqueda visual. En un experimento dirigido por el psicólogo Gary Lupyan, los participantes que nombraban en voz alta el objeto que buscaban tendían a localizarlo con mayor rapidez.
Esto no significa que hablar en voz alta mejore automáticamente la memoria o la concentración en cualquier circunstancia. Su utilidad depende de la tarea, del contenido de lo que se dice y de las características de cada persona. Sin embargo, verbalizar instrucciones, repetir un objetivo o describir los pasos de una actividad puede facilitar que la atención se mantenga centrada en lo importante.
El diálogo con uno mismo no se limita a las tareas prácticas. Algunas personas hablan en voz alta para expresar frustración, tranquilizarse antes de una situación difícil o preparar una conversación complicada. Poner palabras a lo que se siente puede favorecer la identificación de las emociones y ayudar a contemplar un problema desde otra perspectiva.
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