La psicología dice que si te enfadas a menudo cuando vas conduciendo en el coche no es porque seas mala persona, sino por el anonimato
Casi todo el mundo conoce a alguien (o, por qué no, se reconoce a sí mismo) actuando de forma más brusca cuando va conduciendo en el coche que en cualquier otra situación cotidiana. Aquí el respeto pende de un hilo. Bocinazos y frases que jamás se dirían cara a cara salen con una facilidad que sorprende.
La explicación no tiene que ver con perder los buenos modales de golpe, sino con un mecanismo psicológico bien documentado que se activa en cuanto una persona queda oculta detrás de un volante y una carrocería.
¿Por qué te enfadas más cuando vas conduciendo en el coche?
Un estudio de Patricia Ellison-Potter, Paul Bell y Jerry Deffenbacher, publicado en el Journal of Applied Social Psychology en 2001, comparó a conductores que sabían que eran identificables con otros que se sentían completamente anónimos dentro de un simulador.
El resultado fue claro: los participantes que se sentían anónimos condujeron de forma más agresiva que los identificables, y ese efecto fue incluso mayor que el de haber visto antes imágenes violentas o provocadoras al volante.
Los hombres, además, se mostraron algo más agresivos que las mujeres en el mismo experimento. Lo llamativo es que el rasgo de carácter de cada participante (si tenía más o menos tendencia a enfadarse) no cambió el resultado.
La cabina del coche funciona como una segunda piel. Hablamos en este sentido de que cristales, chapa y la distancia física con el resto de conductores refuerzan esa sensación de estar oculto. Cuanto menos identificable se siente alguien, menos peso le da a las normas sociales que sigue a pie.
¿Qué le pasa a tu cerebro cuando vas conduciendo en el coche?
Los psicólogos llaman deindividuación al proceso por el que una persona pierde parte de su identidad social al sentirse anónima dentro de un grupo o un espacio cerrado, y baja la guardia frente a normas que respeta en cualquier otro contexto.
Keith MacArthur estudió esta idea aplicada al tráfico en su tesis de la Universidad Central de Florida, Desindividualización de los conductores: ¿Son todos los demás malos conductores? (2014), comparando a conductores que sabían que estaban siendo observados con otros que creían que no.
Sus resultados en la conducción real no fueron concluyentes, pero las respuestas de los participantes sí mostraron una tendencia: sentirse observado empuja a comportarse mejor, y sentirse invisible relaja esa vigilancia.
Otra investigación, de Swann, Lennon y Cleary y publicada en 2017 en la revista Transportation Research Part F: Traffic Psychology and Behaviour encontró que la desconexión moral explica hasta un 18% de la agresividad que muestran los conductores en la carretera.
La desconexión moral funciona con frases que casi todo el mundo se ha dicho alguna vez al volante: «No es tan grave», «Él ha empezado» o «Todo el mundo lo hace». Son justificaciones que rebajan la culpa antes de pitar o adelantar de forma brusca.
Cómo evitar enfadarte cuando vas conduciendo en el coche
El primer paso es simplemente saber que el problema no es de tu personalidad, sino del contexto. Una vez identificado el mecanismo, hay trucos sencillos que reducen la sensación de anonimato y, con ella, las ganas de comportarse peor de lo habitual.
Saber que el anonimato juega en contra no soluciona el problema, pero sí ayuda a poner remedio con gestos concretos, señalados abajo:
- Bajar la ventanilla o hacer contacto visual cuando sea seguro: recuerda al resto que hay una persona detrás del volante, y a uno mismo también.
- Evitar tratar a otros coches como obstáculos anónimos: pensar en quién puede llevar dentro (alguien con prisa, un aprendiz, una urgencia real).
- Escuchar música o un pódcast: este recurso sirve para relajar en vez de una radio con noticias que suban la tensión antes de arrancar.
- Dejar más distancia de seguridad de la estrictamente necesaria: reduce los sustos que disparan la respuesta de enfado.
- Salir con más tiempo del necesario: buena parte de la agresividad al volante nace de la sensación de ir contra el reloj.
El coche seguirá siendo una burbuja que invita al anonimato. Pero basta recordar, cada vez que suba la tensión, que detrás de cada matrícula hay alguien tan identificable como uno mismo para bajar el volumen del enfado.