Los cocineros profesionales coinciden: «Para conseguir un huevo frito perfecto, el truco es pasarlo por un colador antes de echarlo a la sartén»
El huevo es uno de los alimentos más versátiles de la cocina y también una fuente de nutrientes de interés. Aporta proteínas de alto valor biológico, además de vitaminas y minerales como la vitamina B12, la riboflavina, el selenio y el fósforo.
Su consumo dentro de una alimentación equilibrada puede contribuir al mantenimiento de la masa muscular y al aporte de nutrientes esenciales.
Pero, además de sus propiedades nutricionales, el huevo destaca por las numerosas formas en las que puede prepararse. Freírlo parece una de las técnicas más sencillas, aunque conseguir una clara compacta, una puntilla crujiente y una yema líquida exige controlar algunos detalles.
La temperatura del aceite, la cantidad de grasa y la forma de incorporar el huevo pueden marcar la diferencia. Entre las técnicas que utilizan algunos cocineros hay una especialmente sencilla y poco conocida: pasar el huevo por un colador antes de freírlo.
¿Por qué pasar el huevo por un colador antes de freírlo?
El procedimiento parte de un gesto habitual: cascar primero el huevo fuera de la sartén. En lugar de echarlo directamente, se coloca sobre un colador durante unos segundos. Así, la parte más líquida de la clara escurre y permanece alrededor de la yema la fracción más densa.
Esta técnica resulta especialmente útil cuando el huevo no es muy fresco. Con el paso de los días, la clara pierde consistencia y tiende a extenderse más al entrar en contacto con el aceite caliente. Al eliminar parte de esa fracción acuosa, el huevo conserva una forma más recogida durante la fritura.
El resultado buscado es una clara concentrada y con bordes crujientes, mientras la yema mantiene una textura cremosa. Además, cascar el huevo previamente en un recipiente permite comprobar que la yema está intacta y retirar cualquier resto de cáscara antes de cocinarlo.
La temperatura del aceite también determina el resultado
El colador no sustituye al resto de la técnica. Para lograr un huevo frito con buena puntilla, el aceite debe alcanzar una temperatura elevada, pero sin llegar a humear. Una referencia habitual para esta preparación se sitúa alrededor de los 180 grados.
También es importante la cantidad. No es necesario llenar la sartén: basta con disponer de suficiente aceite para que el huevo pueda freírse correctamente.
Una técnica empleada por algunos cocineros consiste en inclinar la sartén unos 45 grados para concentrar el aceite en una zona profunda. Allí se deposita el huevo y se puede bañar la clara con una cuchara mientras se cocina.
¿Qué aceite conviene utilizar?
La variedad del aceite puede modificar el sabor final. Opciones como arbequina u hojiblanca ofrecen perfiles distintos, por lo que la elección depende también del resultado buscado.
El huevo fresco parte con ventaja porque su clara conserva una mayor viscosidad y la membrana que rodea la yema mantiene mejor su estructura. Eso facilita que el huevo permanezca compacto al entrar en contacto con el aceite.
Por tanto, los pasos a seguir son sencillos: cascar el huevo en un recipiente, pasarlo por un colador para retirar parte de la clara líquida, calentar el aceite sin que llegue a humear y añadirlo con cuidado. Después, basta con controlar la cocción y retirar el huevo cuando la clara esté hecha y la yema conserve el punto deseado.