Protocolo

La norma de etiqueta para el uso de los cubiertos que casi nadie conoce: «Para causar una buena impresión, solo necesitas saber dos reglas»

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Blanca Espada

Los cubiertos son algo esencial para comer pero lo cierto es que sirven también para comunicar. De hecho, la manera en la que los dejamos sobre el plato también puede transmitir información al personal de un restaurante sin necesidad de llamar al camarero. Se trata de un pequeño código de etiqueta que todavía se utiliza y que, pese a lo que pueda parecer, no exige aprender una interminable lista de posiciones, ya que tampoco es que existan mil códigos de comunicación con respecto al modo en que dejamos un cuchillo y un tenedor sobre el plato.

Elisa Motterle, experta en etiqueta, fundadora de la Sociedad Italiana de Etiqueta y autora de El Tao de los Buenos Modales, explica que el sistema auténtico es mucho más sencillo. Su finalidad original no era demostrar quién conocía mejor las normas de protocolo, sino permitir que quienes servían la mesa supieran qué necesitaba el comensal. Según la especialista, existen dos mensajes fundamentales que podemos transmitir con los cubiertos y son los que realmente merece la pena recordar. Uno indica que simplemente hemos hecho una pausa y pensamos continuar comiendo; el otro comunica que hemos terminado y el plato puede retirarse. De este modo, no necesitamos cruzar los cubiertos para mostrar nuestro descontento ni formar figuras especiales para solicitar el siguiente plato. Esas supuestas normas, advierte Motterle, forman parte de los numerosos mitos que se han extendido sobre la etiqueta. En realidad, para desenvolverse correctamente en la mesa basta con conocer dos posiciones concretas.

La norma de etiqueta para el uso de los cubiertos que casi nadie conoce

La primera situación se produce constantemente durante una comida. Dejamos el cuchillo y el tenedor para beber, conversar o descansar unos minutos, pero todavía pensamos continuar. Para recordar cómo colocarlos, Motterle propone imaginar el plato como la esfera de un reloj, situando las doce en la parte superior. La posición correspondiente a la pausa sería aproximadamente la de las 8:20. El movimiento resulta bastante intuitivo: basta con apoyar sobre el plato los cubiertos que sostenemos en ambas manos, manteniendo una disposición similar a la que tenían mientras comíamos.

El mensaje que recibe el personal es sencillo: el plato todavía no debe retirarse. Un cliente puede detenerse durante varios minutos mientras mantiene una conversación y esta posición permite al camarero saber que no ha terminado. No hace falta realizar ningún otro gesto ni explicar que pensamos seguir comiendo.

La posición correcta del cuchillo y el tenedor al terminar

Cuando ya hemos terminado, el cuchillo y el tenedor deben quedar juntos y en paralelo. Motterle señala que existen algunas diferencias dependiendo de la tradición. En la gastronomía inglesa, la posición se sitúa aproximadamente a las 6:30, mientras que en la francesa corresponde a las 5:25. Más importante que memorizar exactamente esos minutos es quedarse con la idea fundamental: ambos cubiertos deben permanecer juntos y paralelos para indicar que el plato puede retirarse.

También importa dónde quedan los mangos. La especialista advierte de que no debemos dejar los cubiertos completamente introducidos en el plato. Lo adecuado es que sobresalgan unos dos o tres centímetros. La explicación es práctica ya que si el cuchillo y el tenedor quedaran enteramente sobre la vajilla, el camarero tendría que acercar las manos a la superficie donde el cliente acaba de comer para poder recogerlos.

De dónde procede este lenguaje silencioso de los cubiertos

El origen de estas posiciones ayuda a entender su función. Motterle explica que el código está relacionado con las antiguas recepciones privadas en casas que disponían de personal de servicio. Según las normas tradicionales de etiqueta, los invitados no debían dirigirse directamente a los empleados, sino mantener la interacción principalmente con sus anfitriones. Era necesario encontrar una forma discreta de indicar si alguien seguía comiendo o si su plato podía retirarse.

Así nació este lenguaje gestual que ha llegado hasta los restaurantes actuales. El personal necesitaba conocer básicamente dos cosas: si debía dejar el plato sobre la mesa o si podía llevárselo. Aunque las costumbres han cambiado y hoy resulta completamente normal hablar directamente con un camarero, esas posiciones continúan formando parte de las normas tradicionales de mesa.

Los falsos significados de los cubiertos que circulan por internet

La sencillez de este código contrasta con algunas guías que circulan por redes sociales. Entre las interpretaciones más repetidas aparece la idea de que cruzar los cubiertos significa que la comida no nos ha gustado o que colocarlos formando una V invertida sirve para pedir el siguiente plato. Motterle rechaza estas supuestas reglas y plantea una situación bastante gráfica: sería extraño que un camarero viera unos cubiertos cruzados, llevara el plato a la cocina y comunicara al chef que el cliente ha mostrado así su descontento.

Si el filete está demasiado hecho, un plato llega frío o existe cualquier otro problema con la comida, lo correcto es comunicarlo verbalmente al personal. Los cubiertos no sirven para transmitir ese tipo de mensajes. Su código real se reduce, según la especialista, a señalar una pausa o indicar que hemos terminado. Para causar una buena impresión no hace falta memorizar una docena de combinaciones: basta con dominar esas dos reglas y utilizarlas correctamente.

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