Marina Garcés, filósofa: «Vivimos en el accidente permanente donde la incertidumbre es nuestra única certeza»
Filósofas actuales como Adela Cortina nos han ayudado a lidiar con la posverdad, pero otro fenómeno que marca el siglo XXI es la incertidumbre. Entre tecnología y miedo a lo que viene, la filósofa Marina Garcés ha querido poner nombre al problema.
Y es que Marina Garcés ha definido esa inquietud como la promesa. No como una palabra bonita o esperanzadora, sino como una forma de relacionarnos con el tiempo y con los demás.
De hecho, la idea de promesa es el centro del libro que la filósofa catalana acaba de presentar, El tiempo de la promesa, donde define qué significa comprometerse cuando nadie puede garantizar lo que ocurrirá mañana.
Cómo la filósofa Marina Garcés explica la incertidumbre que marca nuestro tiempo
Para Garcés, el problema no sólo es que el futuro parezca difícil, sino que muchas veces ya no lo imaginamos como un espacio abierto, sino como una sucesión de amenazas.
En una entrevista concedida a Última Hora, la filósofa lo resume con una imagen muy clara: «Vivimos en el accidente permanente donde la incertidumbre es nuestra única certeza».
En una época marcada por la fragilidad y por la sospecha de que cualquier cosa puede romperse, es donde entra el concepto de promesa. A Garcés le interesa porque nace precisamente cuando no hay seguridad absoluta.
No es que elimine la incertidumbre, sino que introduce una acción en medio de ella. Es decir, no promete porque todo vaya a salir bien, sino porque alguien decide vincularse con otro pese a no tenerlo todo bajo control.
Por qué la promesa no es lo mismo que un propósito, según la filósofa Marina Garcés
Una de las ideas más interesantes de Garcés es que prometer no equivale a hacer una lista de objetivos. Un propósito puede quedarse dentro de uno mismo, mientras que la promesa siempre se dirige a alguien.
Por eso la filósofa subraya que al prometer «damos la palabra a otros». Puede ser una promesa íntima, colectiva o incluso dirigida a una comunidad más amplia, pero siempre crea algún tipo de vínculo.
Un objetivo depende del rendimiento personal, pero una promesa implica responsabilidad ante alguien. Por eso también cuesta más hacerla en serio.
La parte negativa es que vivimos en una época donde la gente tiene muchas dificultades para prometer, ya que muchos vínculos se han debilitado. Si no creemos del todo en esos lazos, la promesa empieza a sonar falsa antes de formularse.
La paradoja es que, cuanto más incierto parece el mundo, más necesidad tenemos de voces que prometan seguridad.
La advertencia de la filosofía sobre la tecnología y el éxito
Al necesitar voces que nos prometan seguridad corremos el riesgo de ser engañados o controlados. Por ejemplo, para algunas la IA es prácticamente una voz oracular que lo sabe todo.
El mismo problema aparece en la política cuando la promesa se vacía y se convierte en estrategia retórica. Si nadie cree que una promesa pueda ser verdadera o falsa, la palabra pierde fuerza pública.
De hecho, bajo la promesa de éxito muchas personas sirven a ideas que ni siquiera han elegido. Por ejemplo, mantienen una carrera hacia un futuro ideal aunque el presente esté lleno de frustración.