Reflexión

Francisco de Quevedo, escritor madrileño del Siglo de Oro: «Muchos son limpios de manos, porque se lavan, no porque no roban»

Escultura de Francisco de Quevedo con un libro en la mano, en un balcón de la calle Escritorios de Alcalá de Henares (Comunidad de Madrid). Foto: Raimundo Pastor vía Wikimedia Commons - CC BY-SA 4.0
Escultura de Francisco de Quevedo con un libro en la mano, en un balcón de la calle Escritorios de Alcalá de Henares (Comunidad de Madrid). Foto: Raimundo Pastor vía Wikimedia Commons - CC BY-SA 4.0
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

La diferencia entre parecer honrado y serlo ocupa un lugar central en la obra de Francisco de Quevedo, el escritor madrileño del Siglo de Oro. Una de sus sentencias más citadas lleva esa idea al simple gesto cotidiano de lavarse las manos.

Según la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, la sátira de Quevedo apuntó contra la corrupción social de su época. Entre sus blancos figuraban los representantes de la justicia, como los «letrados venales», los escribanos y hasta los alguaciles.

¿Qué quiso decir Quevedo con «muchos son limpios de manos, porque se lavan, no porque no roban»?

La sentencia juega con el doble sentido de la expresión «limpio de manos». En un plano literal, alude a la higiene de quien se lava. En el figurado, describe a una persona honrada, que no se queda con lo ajeno.

Así, la buena imagen de algunas personas procede del cuidado de las apariencias y no de una conducta íntegra. La «limpieza» que ven los demás puede esconder un robo, porque quien borra sus huellas luce igual de intachable que quien nunca tomó nada.

La frase «Muchos son limpios de manos, porque se lavan, no porque no roban» aparece recogida en El gran libro de las frases célebres, de Arturo Ortega Blake (Grijalbo, 2013). El libro la incluye en el apartado dedicado a los delitos.

La denuncia de la hipocresía en la sátira de Quevedo

Esa distancia entre lo que se muestra y lo que se es recorre, por ejemplo, Los sueños, una serie de textos que Quevedo empezó a escribir en 1605 y cuya primera edición llegó en 1627. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes los define como «fantasías morales, sátiras de la corrupción social imperante».

En El mundo por de dentro, uno de esos sueños, aparece el Desengaño, que se presenta «en la figura de un viejo». Su discurso concentra el ataque más directo a la hipocresía de la serie, con «la revelación de la verdad oculta tras las apariencias engañosas».

La sátira de Quevedo también apuntó al poder del dinero. Sus poemas morales, por su parte, cargaron contra la ambición, la vanidad y la codicia.

¿Quién fue Francisco de Quevedo?

Francisco de Quevedo nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580, en una familia hidalga. Su padre fue secretario de la princesa María y, más tarde, de la reina doña Ana.

Quevedo se formó en el Colegio Imperial de los jesuitas y en la Universidad de Alcalá. En 1605, Pedro Espinosa incluyó 18 de sus poemas en la antología Flores de poetas ilustres.

En 1613 entró al servicio del duque de Osuna, entonces virrey de Sicilia. En 1616, cuando el duque obtuvo el virreinato de Nápoles, se reunió con él en esa ciudad. Ese mismo año recibió el hábito de Santiago. Tras la caída de Osuna, sufrió el destierro en la Torre de Juan Abad y una prisión en Uclés.

Su estilo responde al conceptismo, el lenguaje poético que codificó Baltasar Gracián. Además, mantuvo una larga enemistad con Luis de Góngora, cuyo culteranismo ridiculizó en sus sátiras.

En 1626 se publicaron el Buscón y la Política de Dios. Más tarde, en 1639, fue detenido en Madrid y llevado al convento de San Marcos de León, donde permaneció preso hasta 1643. Quevedo murió el 8 de septiembre de 1645 en Villanueva de los Infantes.

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