Descartes, filósofo francés: «Para examinar la verdad es necesario dudar de todas las cosas al menos una vez en la vida»
Una frase que pone de manifiesto la base de la filosofía de Descartes
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Dudar de lo que uno cree saber puede parecer una contradicción cuando precisamente se está buscando la verdad. René Descartes pensaba de otra manera si bien para el filósofo francés, poner a prueba nuestras certezas era necesario antes de darlas por buenas. En los Principios de la filosofía, publicados en 1644, lo planteó de esta forma: «Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas».
Han pasado casi cuatro siglos desde entonces y la cuestión no parece precisamente superada si tenemos en cuenta mucho de lo que se ve, por ejemplo hoy en día, en las redes sociales, donde algunas afirmaciones o discursos se comparten entre miles y miles de personas y se dan como algo cierto sin que nadie cuestione nada. El filósofo fue célebre por su afirmación «Pienso, luego existo», pero no es la única frase o reflexión que dejó como base de su filosofía. La de dudar mientras se investiga la verdad es otra que ahora analizamos y te explicamos cuál es su verdadero sentido.
Quién fue René Descartes
René Descartes nació en 1596 y pasó a la historia como uno de los nombres fundamentales del pensamiento moderno. No fue únicamente filósofo. También trabajó en matemáticas y ciencia, y dejó una huella especialmente visible en el desarrollo de la geometría analítica. De hecho, todavía hoy se habla de coordenadas cartesianas precisamente por él. Pero en su vertiente como filósofo, buena parte de su obra responde a una preocupación bastante concreta, la de encontrar una forma fiable de distinguir lo verdadero de aquello que simplemente damos por cierto.
Descartes vivió en un siglo en el que muchas ideas heredadas estaban siendo revisadas y quiso buscar un método que no dependiera únicamente de la autoridad o de la costumbre. Esa preocupación atraviesa títulos como el Discurso del método, las Meditaciones metafísicas o los Principios de la filosofía. En esta última obra aparece de forma especialmente clara su defensa de la duda como punto de partida para investigar la verdad.
La frase de Descartes sobre dudar
La palabra «duda» puede llevar a engaño. Descartes no proponía desconfiar de todo por sistema ni vivir instalado en la sospecha. Lo que hacía era preguntarse cuánto podía fiarse realmente de aquello que parecía evidente.Uno de los primeros problemas eran los sentidos. Vemos, escuchamos y tocamos constantemente, pero también sabemos que la percepción falla. Un objeto puede parecer distinto según la distancia, la luz o la perspectiva. Para Descartes, bastaba esa posibilidad de error para no considerar los sentidos una base completamente segura.
Después llevó la cuestión más lejos con el sueño. Cuando soñamos, muchas veces no sabemos que estamos soñando hasta que despertamos. Esa experiencia le servía para plantear una pregunta incómoda: si la mente puede confundir un sueño con la realidad, ¿qué grado de certeza tenemos sobre lo que percibimos? Su razonamiento llegó incluso a imaginar la existencia de un «genio maligno» capaz de engañarlo. No pretendía demostrar que ese ser existiera. Era una hipótesis extrema, casi un experimento mental, con la que quería comprobar si quedaba alguna certeza imposible de poner en duda.
De la duda al «Pienso, luego existo»
Y lo encontró en el propio acto de pensar. Descartes podía imaginar que sus sentidos lo engañaban, que estaba soñando o que prácticamente todo aquello que creía conocer era falso. Lo que no podía negar era que estaba dudando. Para dudar tenía que pensar y, si estaba pensando, tenía que existir de alguna manera. De ahí procede el conocido cogito, ergo sum, «Pienso, luego existo», convertido con el tiempo en la expresión más famosa asociada al filósofo francés.
Lo interesante es que Descartes llega a esa primera certeza después de haber puesto las demás contra las cuerdas. La duda, que en principio parecía dejarlo sin ningún conocimiento seguro, acaba siendo la prueba de algo que no puede negar, que existe mientras piensa. Ese matiz permite entender mejor su método y su filosofía, ya que no quería quedarse eternamente dudando sino que tenía que llegar a un punto que pudiera utilizar como base para continuar razonando.
La duda cartesiana aplicada a nuestra sociedad
Nuestro problema ya no es el mismo que tenía un filósofo europeo del siglo XVII, pero algunas preguntas resultan familiares. Recibimos más información de la que podemos comprobar y una afirmación repetida muchas veces puede terminar pareciendo cierta simplemente porque nos resulta conocida. A esto se suman ahora vídeos y fotos que están generadas por la IA, o publicaciones que se publican en redes sin que nadie sepa quien se esconde detrás.
En ese escenario, dudar puede consistir simplemente en no reaccionar de inmediato. Comprobar quién publica una información, buscar su origen o leer algo más antes de compartirlo son gestos bastante cotidianos que guardan cierta relación con aquella vieja preocupación cartesiana. Descartes escribió sobre la duda buscando una certeza filosófica, no pensando en redes sociales ni en noticias falsas. Pero la pregunta que dejó sobre la mesa sigue siendo difícil de esquivar: antes de aceptar algo como verdadero, ¿estamos seguros de que tenemos motivos para hacerlo?.