Se buscan voluntarios para vivir en un santuario vegano en el centro de Portugal con 3 comidas diarias incluidas, a cambio de trabajar 25 horas a la semana cuidando animales

A las ocho y media de la mañana, antes de que nadie piense en desayunar, ya hay cerdos, burros y gallinas esperando su ración. Justamente, en este santuario vegano del interior portugués, la jornada se ordena según el apetito de sus animales, y no al revés. Algunos llegaron tras años de abandono o maltrato; otros están solo de paso, en cuarentena o en cuidado temporal.
La casa y el trabajo comparten espacio, así que no es raro cruzarse con un cerdo en mitad del pasillo. Los responsables lo cuentan sin rodeos en su anuncio: el ruido, los olores y los imprevistos forman parte de la rutina. Por eso, antes de abrir la convocatoria, dejan claro qué tipo de persona encaja en el proyecto y cuál debería pensárselo dos veces.
Necesitan gente en un santuario vegano portugués: ofrecen a cambio tres comidas diarias
El proyecto que aquí nos convoca es Riza Animal Sanctuary, un refugio para animales de granja situado en Tábua, en el distrito de Coimbra. Funciona como organización sin ánimo de lucro y lo gestionan por completo voluntarios a tiempo completo y se mantiene gracias a donaciones.
Actualmente, busca personas de entre 20 y 60 años dispuestas a colaborar 25 horas semanales a cambio de alojamiento y las tres comidas del día. El acuerdo incluye cama en habitación compartida, desayuno, almuerzo y cena (siempre veganos), acceso a una cocina equipada y conexión básica a internet.
Además, el equipo recoge a los voluntarios a su llegada y los lleva hasta el santuario, algo que ahorra el último tramo de un viaje que en el interior de Portugal no siempre es sencillo en transporte público. Hay dos días libres por semana.
Existe, sin embargo, un matiz económico. El santuario pide una aportación de cinco euros al día, destinada a cubrir la comida y los suministros de cada voluntario durante su estancia. Según explican sus responsables, el objetivo es que las donaciones que reciben se dediquen íntegramente a los animales. Al final de la experiencia, cada participante obtiene un certificado que la acredita.
Así es la rutina de los voluntarios en el santuario vegano de Tábua
Las tareas giran en torno a los animales, aunque no se limitan a ellos. Además de alimentarlos, limpiar los establos y dedicarles tiempo y mimos, los voluntarios participan en proyectos especiales como la construcción de contenedores de compost o de nuevas zonas de sombra. La jornada, que el santuario plantea con flexibilidad, suele seguir este esquema:
- 8:30: alimentación de todos los animales.
- 9:30: limpieza de los establos.
- 11:00: regreso a casa para descansar.
- De 16:30 a 19:30: comida de la tarde y limpieza final del día.
A esa rutina se suman labores de pintura y decoración, pequeñas reparaciones y la limpieza de la cocina, los dormitorios, los baños y las zonas comunes.

Entre tanto, la semana laboral arranca el lunes, de modo que quien llegue a mitad de semana (un jueves, por ejemplo) no tendrá su día libre hasta la siguiente.
Por una parte, se admiten parejas y amigos, aunque puede que no siempre coincidan en el descanso.
Y, por otra parte, el principal requisito es un inglés fluido, el idioma de trabajo en la casa. Dentro del santuario y de la vivienda solo se permite comida vegana, una norma que los responsables vinculan a su misión de promover la compasión por todos los seres vivos.
Cabe indicar que el alcohol y el tabaco están prohibidos, y los vuelos, el seguro de viaje y el transporte interno corren por cuenta de cada voluntario.
Conociendo Tábua, el pueblo del centro de Portugal donde está este santuario vegano
Tábua es una villa de unos 11.000 habitantes situada a unos 60 kilómetros de Coimbra y rodeada por las sierras de la Estrela, del Açor, de la Lousã y del Caramulo. Su término lo atraviesan los ríos Mondego y Alva, y forma parte de la región vinícola del Dão, una de las denominaciones de origen más antiguas de Portugal.
Su ruta más conocida es el Trilho dos Gaios, un sendero de unos 17 kilómetros que une el centro histórico con la aldea de Vila Nova de Oliveirinha.
En esta línea, el tramo más visitado son sus pasarelas de colores junto al río Cavalos: unos seis kilómetros de ida y vuelta entre la playa fluvial de Vale de Gaios y el puente romano de Sumes, aptos para familias.
Para quienes quieran un buen chapuzón en verano, el baño se traslada a las playas fluviales de Ronqueira y Cascalheira, a orillas del Alva y distinguidas con Bandera Azul.
Y cerca de la aldea histórica de Midões aguarda el Penedo c’Abana, una gran roca de granito que, según la tradición local, se balancea al empujarla con la técnica adecuada (no con fuerza) y ofrece vistas sobre el Mondego.
Los pasos a seguir para inscribirse en el voluntariado de este santuario portugués
La oferta está publicada en Worldpackers, una plataforma que conecta a viajeros con anfitriones de más de 170 países. Para apuntarse hay que crear un perfil y contratar una membresía anual de pago.
Una vez registrado, se sigue hacia la ficha del santuario y se envía la solicitud junto a un mensaje de presentación, en el que conviene detallar la experiencia previa con animales o en tareas de mantenimiento. El anfitrión acumula una valoración de 5,0 sobre la base de 42 reseñas de antiguos voluntarios.
Por último y para reiterar en la cuestión (porque parece ser realmente relevante), en su anuncio, el propio santuario resume en pocas palabras cuál es el perfil que busca: alguien que considere el mejor momento del día ver a un cerdo deambular por la casa.