Voluntariado

Se buscan voluntarios que hablen inglés para vivir gratis en una casa rural valenciana a cambio de trabajar solo 3 horas diarias en tareas de jardinería, siembra y cosecha

vivir gratis en una casa rural valenciana
Casa rural en Navarrés. Foto: Worldpackers.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Entre octubre y diciembre, los olivares de una comarca llamada Canal de Navarrés se llenan de redes extendidas bajo los árboles y de ramas que caen al ritmo de las varas. En una de esas fincas, rodeada de monte, tres perros, varias ovejas y unas cuantas gallinas esperan a quien, dentro de Valencia, tenga el anhelo de vivir gratis en una casa rural por unas semanas.

Su dueño, Florian, abre desde hace tiempo las puertas de su casa a viajeros de distintos países a través de una plataforma de voluntariado. No busca expertos en agricultura, sino gente con ganas de trabajar al aire libre y de adaptarse a un ritmo de vida tranquilo, lejos de la ciudad. Lo que ofrece a cambio (y lo que pide) está recogido en su anuncio.

Buscan voluntarios para vivir gratis en una casa rural valenciana a cambio de tres horas diarias

El anfitrión ha publicado la oferta en Worldpackers y la sitúa en Navarrés, un municipio del interior de la provincia de Valencia. La propuesta es modesta: tres horas de ayuda al día, con dos jornadas libres por semana, a cambio de alojamiento sin coste.

En este marco, las tareas se reparten entre el cuidado de los animales, la jardinería, la siembra y la cosecha, y pequeños trabajos de reparación.

Y en cuanto al alojamiento, el anuncio habla de una habitación privada para cada voluntario, algo poco habitual en este tipo de intercambios, donde lo normal es compartir cuarto. Una de las personas que ya pasó por allí cuenta que se alojó en una caravana «muy cómoda», así que conviene preguntar antes por el tipo de espacio disponible en cada momento.

Interior de la caravana ofrecida a los voluntarios
Interior de la caravana ofrecida a los voluntarios. Foto: Worldpackers.

El paquete se completa con lavandería, cocina equipada, internet de alta velocidad, clases de idiomas gratuitas y excursiones por la zona.

Además, el anfitrión recoge a los voluntarios a su llegada. Entre tanto, el anuncio no menciona comidas incluidas, de modo que la manutención corre en principio por cuenta de cada uno, y tampoco cubre vuelos, seguro de viaje, transporte interno ni visado.

El día a día en la finca: ¿Cómo es convivir con ovejas, perros y olivos?

La cosecha de aceitunas ocupa buena parte del calendario de otoño, pero no es la única tarea. Según las reseñas, el trabajo cambia bastante de una semana a otra, lo que permite aprender oficios distintos.

Una de las personas voluntarias explica que dedicó la mayor parte del tiempo a cortar ramas de olivo, ayudar en pequeñas obras alrededor de la casa y atender a los animales. Por su parte, el anuncio agrupa las labores en cuatro bloques:

  • Cuidado de los animales de la finca.
  • Jardinería: plantar y mantener las zonas verdes.
  • Trabajo agrícola: siembra, cosecha y faenas del campo.
  • Reparaciones y tareas sencillas de construcción.

En la finca viven tres perros, varios gatos, ovejas y gallinas, y las reseñas coinciden en que el contacto con ellos es diario y cercano.

También coinciden en una advertencia: la casa está aislada de los núcleos urbanos más próximos y, cuando el tiempo empeora, se producen cortes ocasionales en algunos servicios.

Para agregar otro testimonio al respecto, uno de los voluntarios describe que se trata de un lugar tranquilo, rodeado de bosque, donde es fácil «perderse» y «conectarse con uno mismo».

No obstante, reconoce francamente que «la vida en la montaña es dura», y añade un detalle sobre el anfitrión: «Florian tiene muchas historias que contar». La valoración media del anuncio es de 4,5 sobre cinco, aunque con solo dos reseñas publicadas, todavía pocas para sacar conclusiones firmes.

Navarrés, el pueblo que rodea esta casa rural valenciana

Navarrés tiene 3.027 habitantes, según el INE, y da nombre a la comarca de la Canal de Navarrés, en el interior de la provincia de Valencia. El casco urbano se asienta a 275 metros de altitud, cerca del río Grande, y su término municipal (de 47 kilómetros cuadrados) combina cultivos, monte bajo y varios parajes naturales que atraen a senderistas de toda la provincia.

Por ejemplo, el más conocido es el Parque Natural Municipal de Los Chorradores, con una sucesión de cascadas y pozas.

Entre tanto, muy cerca se encuentran la laguna de Playamonte, donde está permitido el baño cuando el tiempo acompaña, y el pozo de las Quebradas, de aguas termales. Al noroeste del municipio, el embalse de Escalona permite practicar kayak y otros deportes de aventura.

Por su parte, el pueblo conserva las ruinas de un castillo de origen mozárabe, levantado sobre un asentamiento de la Edad del Bronce, y la iglesia de la Asunción, del siglo XVIII. En el abrigo del Garrofero y la cueva del Barbero se conservan pinturas rupestres que forman parte del arte rupestre del arco mediterráneo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

¿Quién encaja en este voluntariado y cómo se le escribe al anfitrión?

El anuncio pone dos filtros claros. El primero es el idioma: hace falta hablar inglés o alemán con fluidez, ya que el español no figura entre las opciones. El segundo es la edad, porque solo se aceptan candidatos de entre 30 y 45 años.

A cambio, la plaza admite tanto a viajeros solos como a parejas o dúos de amigos, algo que muchos anfitriones no permiten.

Según el calendario de la oferta, las estancias van de un mínimo de dos semanas a un máximo de doce.

Por último, para contactar con Florian, hay que registrarse en Worldpackers y abonar la cuota anual de la plataforma. En el mensaje, cualquier experiencia previa con ovejas, herramientas de poda o pequeñas obras puede inclinar la balanza, sobre todo en plena campaña de la aceituna.

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