Voluntariado

Un ganadero extremeño busca voluntarios para vivir y comer gratis en su finca a cambio de trabajar 25 horas a la semana cuidando su rebaño de cabras y elaborando el queso

ganadero extremeño busca voluntarios
Refugio del santuario de cabras en Cáceres. Foto: Worldpackers.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Cada vez más proyectos rurales de España recurren a plataformas de intercambio para encontrar voluntarios dispuestos a echar una mano a cambio de alojamiento y manutención. Esto tienta sobre todo a jóvenes viajeros y a personas que quieren aprender un oficio del campo, y se ha extendido en granjas, albergues y casas rurales. Todo un fenómeno, ¿Cierto?

Pues volviendo a lo que nos convoca aquí, la última oferta que ha llamado la atención llega de la provincia de Cáceres. Allí, un ganadero llamado Juan busca ayuda para sacar adelante una finca de montaña dedicada a las cabras, la huerta y la recuperación del bosque. Lo que pide a cambio (y lo que ofrece) dibuja un estilo de vida que no es precisamente para amantes de lo citadino.

Un ganadero de Cáceres busca voluntarios para vivir y comer gratis en su finca

El anuncio, publicado en Worldpackers bajo el nombre de «Granja refugio santuario de cabras», pide 25 horas de ayuda a la semana, unas cinco al día.

A cambio, los voluntarios reciben cama en una habitación privada o compartida, desayuno, almuerzo y cena durante toda la estancia y dos días libres por semana, uno de los cuales suele ser el domingo.

Eso sí, hay una condición innegociable: la estancia mínima es de cuatro semanas. El ganadero lo justifica en el anuncio, ya que explicar los procesos diarios lleva tiempo y adaptarse a la rutina, también. «Normalmente, son las dos últimas semanas el momento en el que empiezas a comprender y disfrutar plenamente de la granja», deja bien claro en la publicación.

Por eso, admite que los perfiles que de verdad busca son los de quienes quieren quedarse más de un mes.

Cabe aclarar que el objetivo del proyecto va más allá del pastoreo. Juan explica que llegó a la finca para «recuperar y ampliar el bosque nativo y la fertilidad de la tierra» con métodos tradicionales e innovadores.

Su idea es formar una pequeña comunidad que cultive alimentos y elabore quesos, conservas o leña, no solo para quienes viven allí ahora, sino también «para las próximas personas que vengan».

Ordeñar, pastorear y hacer queso: el día a día de quienes se animen a ser voluntarios

La jornada se divide en dos turnos. Por la mañana toca abrir el gallinero, ordeñar, llevar las cabras al monte y regar algunas plantas; si hay más gente, se suman la limpieza, la leña, las conservas o la jardinería. Por la tarde, el trabajo consiste en bajar el rebaño de la montaña, dar de comer a los perros, guardar las gallinas y regar la huerta si hace falta.

En este marco, el ordeño es opcional y está pensado para quien quiera aprender el proceso de elaboración del queso.

Elaboración de queso en este santuario de cabras cacereño
Elaboración de queso en este santuario de cabras cacereño. Foto: Workaway.

Según las reseñas de antiguos participantes, el anfitrión enseña también a hacer yogur, mermeladas y conservas para el invierno. Uno de ellos asegura que aprendió «mucho sobre el cuidado de cabras y pollos» y a hacer queso, aunque otro reconoce que durante su estancia no llegaron a elaborarlo.

Además, no todo entra dentro de esas 25 horas. El anuncio aclara que cocinar, fregar y limpiar no están incluidos en el horario, como tampoco cortar la leña para el fuego propio. También matiza que cada uno cocinará por su cuenta la mayor parte del tiempo, aunque en la cocina hay productos básicos y Juan prepara de vez en cuando la comida para almorzar todos juntos.

Alojamiento en cabañas de piedra y ducha solar: lo que deben saber los voluntarios antes de apuntarse

El alojamiento consiste en tres cabañas rústicas de piedra y madera, frescas en verano y con estufa en invierno. La electricidad funciona a 12 voltios (luces tenues y solo para cargar móviles), el baño es seco y ecológico y la ducha, solar.

Como extra, hay una bañera de leña al aire libre que el anuncio describe como «lujo en la montaña». Hay que llevar saco de dormir, y la lavandería está en el pueblo.

Para optar a la plaza se exige hablar español o inglés con fluidez, tener seguro de viaje y buena forma física: «Esto es una montaña fácil, pero es montaña», advierte. Los vuelos, el transporte y los visados corren a cuenta del voluntario.

Por otro lado, aunque la ficha menciona internet de alta velocidad, una reseña avisa de que no hay WiFi y otra recuerda que en la finca no hay agua caliente.

Cáceres, tierra de cabras y de queso de montaña

La ficha no detalla el municipio exacto más allá de la provincia, pero medios locales afirman que la finca está en una zona de montaña a más de 600 metros de altitud.

Recordemos que el norte y el este cacereños concentran buena parte de ese relieve, con comarcas como la Sierra de Gata, Las Hurdes, el Valle del Jerte, La Vera o Las Villuercas, donde el pastoreo de cabras forma parte del paisaje desde hace siglos.

De esa tradición nace el queso Ibores, el queso de cabra con denominación de origen protegida de Extremadura.

Se elabora con leche cruda de cabras serranas, veratas y retintas (y sus cruces) en 35 municipios de las comarcas de Los Ibores, Las Villuercas, La Jara y Trujillo, y necesita una maduración mínima de 60 días. Dos de esas razas, la verata y la retinta, figuran en el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España como razas en peligro de extinción.

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