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La deuda millonaria de Pippa Middleton y la polémica que le ha obligado a vender su granja de 29 hectáreas

Pippa Middleton compró esta finca en 2021 con muchísima ilusión

Los cuñados del príncipe Guillermo están atravesando una situación complicada

Pippa y su marido pagaron 1.5 millones de euros por esta propiedad

La imagen de estabilidad y discreción que durante años han proyectado Pippa Middleton y su marido, James Matthews, atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su boda en 2017. La pareja se ha visto obligada a poner a la venta Bucklebury Farm, la granja y parque familiar que habían convertido en uno de sus proyectos personales más ambiciosos, después de que las cuentas del negocio acumularan una deuda que ya supera las 807.000 libras.

Ubicada en el condado de Berkshire y extendida a lo largo de 29 hectáreas, Bucklebury Farm se había transformado en un espacio recreativo pensado especialmente para familias con niños. El recinto incluía un parque de ciervos, un safari con animales que podían ser alimentados y acariciados, amplias zonas de juegos infantiles, cafetería, tiendas y un área de glamping inspirada en los campamentos safari, donde los visitantes podían alojarse durante la noche.

Entre las propuestas más populares figuraban eventos estacionales como la llamada «discoteca de conejitos» organizada durante la Semana Santa o la tradicional Gruta de Papá Noel que se instalaba en Navidad para los más pequeños. La estrategia pretendía convertir la granja en un destino de ocio familiar permanente y no únicamente en una explotación agrícola tradicional.

Cinco años después de haber adquirido la propiedad por alrededor de un millón y medio de euros, Pippa Middleton y James Matthews han acabado cediendo ante una situación económica cada vez más complicada. Las últimas cifras conocidas reflejan que la deuda total asociada a Bucklebury Farm alcanzó las 807.543 libras en 2025, una cantidad que evidencia las dificultades que tuvo el negocio para generar ingresos suficientes.

Ha estallado la polémica

En un último intento por asegurar el futuro de la granja, la pareja trató de diversificar la actividad de la finca con una nueva iniciativa vinculada al cuidado infantil. El pasado año presentaron una solicitud para construir en el terreno una escuela infantil destinada a niños de entre nueve meses y cinco años, una propuesta que, según defendieron, ayudaría a responder a la falta de plazas de guardería existente en el condado de West Berkshire.

El proyecto recibió inicialmente una acogida favorable y parecía encaminado a convertirse en una nueva fuente de ingresos para la explotación. Sin embargo, la situación cambió cuando la autoridad local de carreteras manifestó «graves preocupaciones» por el aumento de tráfico que generaría el centro educativo en una zona rural ya sometida a una considerable presión durante fines de semana y periodos vacacionales.

Pippa Middleton y James Matthews trataron de revertir esas objeciones con una defensa pública de la iniciativa. En los documentos presentados ante las autoridades locales argumentaron que la diversificación del negocio era fundamental para garantizar la supervivencia de Bucklebury Farm y mantener abiertas sus actividades educativas y recreativas para la comunidad.

Problemas económicos y tensión

Los problemas económicos no fueron el único obstáculo al que tuvo que enfrentarse la pareja. En los últimos años también había aumentado el malestar entre parte de los residentes de la zona y algunos visitantes habituales, especialmente por el incremento progresivo del precio de las entradas y determinadas actividades dentro del recinto.

Las críticas llegaron incluso a aparecer en medios británicos, donde algunos vecinos cuestionaron abiertamente el enfoque comercial del proyecto. Uno de ellos llegó a declarar al Daily Mail que Bucklebury Farm se había convertido en una «operación de recaudación de dinero con aires de superioridad», una descripción especialmente incómoda para una familia acostumbrada a mantener un perfil público relativamente discreto.

Ese desgaste de imagen contrastaba con la intención inicial de Pippa Middleton, que había tratado de presentar la granja como un espacio accesible y centrado en la experiencia familiar. Aunque Bucklebury Farm siguió recibiendo visitantes y mantuvo una actividad constante, las críticas sobre los precios, la masificación en determinados periodos y la gestión del espacio fueron aumentando progresivamente.

El patrimonio de los Middleton

La venta de Bucklebury Farm no implica, en cualquier caso, un cambio radical en la posición patrimonial de los Middleton. La granja formaba parte de una amplia finca de aproximadamente 60 hectáreas valorada en torno a 17 millones de euros y situada también en Berkshire, una de las zonas más exclusivas del sur de Inglaterra.

Además, muy cerca de allí se encuentra Bucklebury Manor, la residencia de Carole Middleton y Michael Middleton, valorada en alrededor de 4,5 millones de libras. La familia Middleton ha mantenido durante años una importante presencia inmobiliaria en la zona, donde han desarrollado buena parte de su vida privada lejos del foco permanente que rodea a la familia real británica.

Aun así, el fracaso de Bucklebury Farm representa un revés significativo para Pippa Middleton y James Matthews, que habían apostado por este proyecto como una combinación de negocio familiar y estilo de vida. Lo que comenzó como una iniciativa ilusionante ligada al turismo rural y al ocio infantil termina ahora marcado por las deudas, las polémicas y una creciente presión económica que les ha obligado a cerrar una etapa que consideraban personal y estratégica para su futuro.