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Todavía no es definitivo pero la ciencia acaba de dar el paso más importante: cómo las palomas encuentran siempre el camino a casa

Las palomas
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Un nuevo estudio sugiere que las palomas se orientan mediante células inmunitarias con un alto contenido en hierro ubicadas en su hígado, las cuales son capaces de responder al campo magnético terrestre. Estos hallazgos podrían resolver uno de los mayores misterios sobre la navegación de las aves y revelar una sorprendente función sensorial del sistema inmunitario. Las palomas son conocidas capacidad para recorrer largas distancias y aun así encontrar el camino de regreso a casa, y durante décadas, los científicos han intentado comprender cómo lo logran.

Ahora, este trabajo de investigación sugiere que parte de la respuesta podría encontrarse en el hígado. Publicado en la revista Science, indica que las células inmunitarias situadas en el órgano hepático de las palomas pueden ayudarlas a detectar el campo magnético de la Tierra, proporcionándoles una especie de «brújula interna» que les ayuda a orientarse. Estas células, llamadas macrófagos, normalmente ayudan a descomponer los glóbulos rojos envejecidos y, al realizar esta tarea, acumulan hierro. Según los científicos, el hierro podría otorgarlos propiedades cuánticas únicas que les permiten responder a los campos magnéticos. Cuando se eliminaron estas células, las aves tuvieron dificultades para encontrar el camino de regreso a casa.

La insólita capacidad de las palomas para orientarse

«No esperábamos que las células inmunitarias actuaran como sensores de campos magnéticos. Nuestros resultados revelan un mecanismo de percepción magnética en animales hasta ahora desconocido», afirma el profesor Christian Kurts, director del Instituto de Medicina Molecular e Inmunología Experimental del Hospital Universitario de Bonn y uno de los coautores principales del estudio.

«Lo que parece una ‘intuición’ en la navegación de las aves puede tener en realidad una base física», añade el profesor Martin Wikelski, director del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y coautor principal del estudio. Los científicos conocen desde hace tiempo que las aves migratorias y las palomas mensajeras utilizan el campo magnético terrestre como una de las herramientas para la navegación. Sin embargo, aún no comprendían cómo detectan dicho campo. Teorías anteriores sugerían que las aves podrían percibir los campos magnéticos a través de moléculas fotosensibles en sus ojos o mediante diminutas partículas magnéticas en sus picos.

El nuevo estudio ofrece una perspectiva diferente. El equipo de investigación internacional reunió a inmunólogos de la Universidad de Bonn y del Hospital Universitario de Bonn, físicos de la Universidad de Duisburg-Essen y ornitólogos del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB). Para determinar dónde podría producirse la detección magnética, los investigadores examinaron varias partes del cuerpo que se consideraban candidatas probables, incluidos los ojos, el pico y el cerebro. También investigaron el hígado y el bazo.

Utilizando técnicas conocidas como «magnetometría de muestra vibrante» y «separación magnética de células», el equipo midió las propiedades magnéticas en diferentes tejidos. «Teníamos algunos indicios de que el hígado y el bazo tienen propiedades magnéticas, porque descomponen los glóbulos rojos y, por lo tanto, almacenan mucho hierro en el cuerpo», explica la primera autora, la Dra. Clivia Lisowski, de la Universidad de Bonn y el Hospital Universitario de Bonn, quien dirigió el trabajo inmunológico.

El hígado destacó entre todos los demás tejidos analizados, mostrando la mayor concentración de hierro. «El hierro se cristaliza en nanopartículas de óxido, lo que hace que las células sean superparamagnéticas y reactivas a los campos magnéticos. Hemos encontrado la respuesta magnética más intensa en el tejido hepático», añade el profesor Ulf Wiedwald, de la Universidad de Duisburg-Essen. Investigaciones posteriores identificaron a los macrófagos hepáticos como la fuente de esta respuesta magnética.

Para averiguar si estas células influyen realmente en la navegación, los investigadores llevaron a cabo experimentos de orientación con palomas entrenadas para regresar a su aviario en el MPI-AB de Constanza, Alemania, desde distancias superiores a 20 kilómetros. Cuando se les extrajeron los macrófagos del hígado, las aves perdieron el sentido de la orientación en días nublados, cuando el sol no era visible. Sin embargo, en días soleados, aún podían regresar a casa sin problemas, probablemente guiándose por señales solares en lugar de magnéticas.

Los resultados sugieren que las palomas utilizan múltiples sistemas de navegación y que la detección magnética cobra especial importancia cuando no pueden guiarse por el Sol. Tras demostrar que las células afectaban a la navegación, los investigadores estudiaron cómo se podía transmitir la información del hígado al cerebro.

Mediante microscopía electrónica, descubrieron que los macrófagos ricos en hierro se localizan cerca de las fibras nerviosas. Esta disposición podría constituir una vía a través de la cual la información magnética se transmite al sistema nervioso. Lisowski afirma: «Estos hallazgos proporcionan la primera evidencia concreta de cómo el campo magnético de la Tierra puede percibirse dentro del cuerpo y transmitirse al cerebro para guiar el movimiento», según SciTechDaily.

«La navegación animal es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza», afirma Wikelski. «Si las células inmunitarias intervienen en cómo las aves perciben la dirección, cambiaría radicalmente nuestra comprensión de la navegación».

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