Ártico

Los científicos están espesando el hielo del Ártico con agua de mar para frenar el deshielo y todo iba bien hasta que surgió un problema que cambió el experimento

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Ártico.
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
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Ante el acelerado deshielo del Ártico, los investigadores estudian diversas estrategias de geoingeniería, algunas de ellas controvertidas, como la inyección de aerosoles estratosféricos, que propone liberar diminutas partículas de azufre en la atmósfera para reflejar parte de la radiación solar. Sin embargo, un estudio reciente analizó una alternativa mucho más sencilla: bombear agua de mar sobre la superficie del hielo durante el invierno para que se congele y forme una nueva capa que aumente su grosor.

Esta técnica, denominada «engrosamiento del hielo marino», no es completamente nueva, ya que se basa en un principio similar al que se utiliza en las pistas de hockey sobre hielo, donde se añade agua para reforzar y conservar la superficie congelada, según explicaron dos de los autores del estudio a Live Science. El primer experimento, realizado en Cambridge Bay, en Nunavut (Canadá), ha ofrecido resultados muy prometedores.

La técnica para espesar el hielo del Ártico

Los modelos realizados por los investigadores indican que el engrosamiento del hielo marino podría ayudar a combatir los efectos del cambio climático. Entre sus posibles beneficios se encuentran la reducción de la erosión costera en las zonas habitadas, la mejora de la movilidad sobre el hielo y el apoyo a las rutas migratorias de la fauna, además de favorecer las actividades tradicionales de caza.

«Entre las aplicaciones prácticas (que ya existen) se incluyen la construcción de carreteras de hielo y la creación de plataformas para la exploración petrolífera en alta mar», comentaron Edward Blanchard-Wrigglesworth , profesor asociado de investigación en el Departamento de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Washington, y Andrea Ceccolini , profesora honoraria del University College de Londres y directora ejecutiva de la empresa emergente Real Ice , que estudia métodos para el engrosamiento artificial del hielo marino y recibe financiación del gobierno del Reino Unido.

Por primera vez, los investigadores han puesto a prueba esta técnica en condiciones reales para evaluar su eficacia. Los resultados, publicados el 22 de mayo en la revista Earth’s Future, muestran que es posible aumentar de forma significativa tanto el espesor como la reflectividad del hielo marino a pequeña escala, haciéndolo más resistente al deshielo.

El experimento se llevó a cabo durante el invierno de 2024-2025 en Cambridge Bay, donde el equipo estableció ocho zonas de ensayo y tres áreas de control. Mediante bombas sumergibles de bajo consumo energético, inundaron las zonas de prueba una o dos veces con hasta 20 centímetros de agua de mar, mientras que las áreas de control permanecieron sin intervención. En primavera, una de éstas últimas se destinó a un ensayo adicional que consistió en drenar los estanques de deshielo mediante pequeños orificios perforados en el hielo, con el objetivo de dejar expuesta la capa de hielo más clara situada debajo.

Al finalizar el invierno, las zonas tratadas presentaban un aumento de espesor de hasta 32 centímetros respecto a las áreas de control, una cifra comparable a la pérdida media de grosor registrada en el hielo marino del Ártico durante las últimas cinco décadas. Además, las zonas inundadas en dos ocasiones mostraron mejores resultados que aquellas tratadas una única vez. Durante la temporada de deshielo, que tiene lugar entre finales de mayo y septiembre, el hielo de las áreas experimentales conservó una mayor reflectividad, se derritió más lentamente y mantuvo un mayor espesor. Asimismo, el experimento de drenaje de los estanques de deshielo permitió obtener una superficie de hielo más brillante que la observada en las zonas de control.

Según los investigadores, al bombear agua de mar sobre el hielo, ésta empapa la capa de nieve que lo recubre. Posteriormente, la mezcla de nieve y agua se congela y forma una nueva capa de hielo. Al mismo tiempo, la disminución del espesor de la nieve reduce su efecto aislante, permitiendo que las bajas temperaturas del aire favorezcan un crecimiento más rápido del hielo desde su base.

El hielo marino de mayor espesor suele presentar una superficie más brillante, lo que incrementa su capacidad para reflejar la radiación solar hacia el espacio. Según los investigadores, este efecto podría aumentar la reflectividad del Ártico al combinar un hielo más luminoso con una mayor persistencia de la cubierta helada. Si estos resultados pudieran reproducirse a gran escala, el incremento del albedo ártico contribuiría al enfriamiento regional y podría generar beneficios indirectos, como una menor velocidad de deshielo del permafrost y una reducción de la pérdida de hielo en Groenlandia.

A pesar de estos resultados prometedores, persisten importantes dudas sobre la viabilidad técnica y económica de aplicar esta estrategia a gran escala. El proceso requiere maquinaria y personal trabajando directamente sobre el hielo, lo que supone un importante desafío logístico. Un estudio publicado en 2016 estimó que serían necesarias alrededor de 10 millones de bombas eólicas para actuar sobre el 10 % del océano Ártico y cerca de 100 millones para cubrir toda su superficie. Además, aún se conocen poco los posibles efectos ecológicos y sociales del engrosamiento del hielo marino.

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