¿Sigues escuchando las canciones de tu adolescencia? Esto es lo que ocurre en tu cerebro
Para entender esto, hay que conocer cómo funciona el cerebro de un adolescente
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Todos nosotros guardamos en un lugar especial las canciones que escuchamos en nuestra adolescencia. Siempre se había asociado esto a la nostalgia, pero ahora los psicólogos y neurólogos han advertido que la explicación se ha quedado bien corta. Esto se debe a un proceso neurológico que hace que esas melodías se queden en nuestra mente de forma distinta al resto de experiencias musicales.
Para entender esto, hay que conocer cómo funciona el cerebro de un adolescente. En esta etapa, hay una gran capacidad de aprendizaje; las personas son más sensibles a nivel emocional y nuestro cuerpo reacciona con mucha fuerza ante cualquier novedad. Del mismo modo, al ser momento de mayor desarrollo de algunas zonas cerebrales encargadas de las relaciones personales y las emociones, la música se integra permanentemente.
Solemos asociar esas canciones a experiencias, emociones y etapas de construcción de la identidad. La situación empieza a cambiar a partir de los veinticinco años, que es cuando la mente modifica su manera de aprender. Deja de crear estructuras nuevas y pasa a perfeccionar las que ya tiene.

Recuerdos a través de la música
Durante nuestra juventud, hay dos procesos que explican el impacto de estas canciones. Además de empezar a fabricar nuestros recuerdos más importantes, definimos nuestra propia identidad. Los investigadores lo denominan pico de reminiscencia a esa gran cantidad de recuerdos que uno acumula entre los 10 y los 30 años. La música es capaz de traer detalles precisos como temperaturas u olores.
Los adolescentes utilizan la música para definirse a sí mismos y empezar entender emociones que hasta el momento podían ser nuevas. Los expertos señalan que seguir sintiendo la misma intensidad al escuchar una vieja lista de reproducción (incluso décadas después) significa que nuestro cerebro funciona perfectamente. No son un recuerdo borroso del pasado, sino uno de los pilares en los que se apoya nuestra forma de ser adultos.