Qué pasa en el cuerpo cuando hacemos ejercicio: reacciones físicas minuto a minuto
Qué le pasa al cuerpo cuando hacemos ejercicio: reacciones físicas y químicas minuto a minuto, desde los primeros segundos hasta la recuperación muscular posterior.
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Cuando nos movemos y hacemos ejercicio, se producen muchos cambios en nuestro cuerpo. Algunos son evidentes: respiramos con más fuerza, el corazón late más deprisa o empezamos a notar calor. Otros pasan completamente desapercibidos, aunque sean igual de importantes. Mientras damos las primeras zancadas o levantamos las primeras pesas, el organismo está reorganizando prioridades a una velocidad sorprendente.
Lo interesante es que no existe un único protagonista. Son muchos los órganos del cuerpo humano implicados en la acción y que reciben los beneficios.
Qué le pasa al cuerpo en los primeros 10 minutos de ejercicio
Los primeros minutos siempre tienen algo de negociación entre el esfuerzo que pedimos y la capacidad del organismo para responder. Es habitual notar que cuesta encontrar el ritmo. Las piernas parecen algo pesadas, la respiración todavía no acompaña y el pulso sube con rapidez. Esa sensación dura poco, pero tiene una explicación bastante clara.
Nada más comenzar, el cerebro pone en marcha una respuesta automática. El cerebro ordena a los músculos el desarrollo de energía. Durante ese arranque, las fibras musculares recurren a sus reservas inmediatas de energía. Son pequeñas cantidades almacenadas precisamente para responder a esfuerzos repentinos. No pueden sostener la actividad durante mucho tiempo, pero sí permiten que el movimiento comience sin retrasos.
Poco a poco se produce la generación de energía, lo que muchas personas dicen cuando afirman «estar entrando en calor». Poco a poco, la temperatura corporal sigue aumentando. Cada contracción muscular genera calor y, aunque buena parte de la energía sirve para movernos, otra cantidad considerable acaba transformándose en temperatura. Es un proceso completamente normal.
Con la acumulación del calor comienza el sudor, una especie de regulador térmico de nuestro cuerpo.
Alrededor de los diez minutos, siempre que la intensidad sea constante, la mayoría de estos procesos alcanzan una especie de equilibrio. La respiración se va controlando y el ritmo cardiaco ya es controlado.
Cómo reacciona el corazón y los pulmones durante el ejercicio
En reposo el corazón trabaja con tranquilidad, pero cuando detecta que aumenta la demanda de energía cambia completamente su ritmo.
No solo late más deprisa. Ese es el cambio más evidente, pero también impulsa más sangre en cada contracción. Gracias a esa combinación, el volumen de sangre que llega a los músculos crece de forma considerable.
Ese reparto tampoco es aleatorio. El organismo dirige una mayor cantidad de sangre hacia las zonas que realmente la necesitan en ese momento. Los músculos activos reciben prioridad absoluta porque son quienes están consumiendo más oxígeno y nutrientes.
Con el paso de las semanas, tanto el corazón como los pulmones desarrollan una mayor eficiencia. Es una adaptación muy interesante porque significa que el organismo consigue hacer prácticamente el mismo trabajo con un coste energético menor. De ahí que una persona entrenada recupere la respiración con bastante rapidez después de un esfuerzo que dejaría exhausto a alguien sedentario.
Por qué nos ponemos rojos cuando hacemos ejercicio
Dependiendo de las personas, unas se ponen más rojas que otras. Pero la razón viene del calor que los músculos generan y la dilatación de pequeños vasos sanguíneos bajo la piel de la zona enrojecida.
La cara suele ser la región donde este fenómeno resulta más evidente porque posee una red muy abundante de vasos superficiales. También es frecuente observarlo en el cuello o en las orejas.
Hay circunstancias que hacen que ese enrojecimiento sea todavía más intenso. Entrenar en verano, hacerlo con mucha humedad ambiental o tener una piel muy clara suelen favorecer que el cambio de color sea más llamativo. Incluso el estrés previo al ejercicio puede influir ligeramente.
En condiciones normales desaparece poco después de terminar la actividad física. Solo cuando va acompañado de síntomas como confusión, dolor torácico o una dificultad respiratoria importante conviene buscar atención médica.
Qué son las agujetas y por qué aparecen al día siguiente
Durante algunos años se decía que las agujetas eran consecuencia del ácido láctico acumulado en los músculos. La explicación parecía lógica, pero hoy sabemos que no era cierta. Ese compuesto desaparece relativamente rápido tras finalizar el ejercicio y no permanece el tiempo suficiente como para explicar un dolor que aparece muchas horas después.
Lo que realmente ocurre es que determinadas fibras musculares sufren pequeñas roturas microscópicas. El organismo empieza un proceso de pequeñas inflamaciones, que trata de afrontar las microlesiones producidas durante el ejercicio. Eso es lo que notamos cuando tenemos agujetas.
A medida que tenemos un entrenamiento más estable o prolongado, nuestro cuerpo va asumiendo esa rutina y se adapta.
Endorfinas y dopamina
Las endorfinas son sustancias que nos ayudan a que la sensación de dolor sea menor. Esa sensación de relajación y de bienestar que tenemos tras el deporte, es gracias a ellas.
En el caso de la dopamina, es un mecanismo neurotransmisor responsable de la sensación de motivación y recompensa en el cerebro.
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