Ingeniería

Nadie lo ha visto venir: EE.UU. mezcla aluminio y residuos plásticos para fabricar gasolina sin depender del petróleo

Estados Unidos crea principio de gasolina sin depender del petróleo, gasolina a partir de residuos plástico, residuo plástico, gasolina con aluminio y sales.
Repostar gasolina.
  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Qué hacer con los residuos plásticos es una de las grandes preguntas de nuestro tiempo, ya que casi no tienen una segunda vida útil. Sin embargo, en Estados Unidos (EE.UU.) quieren convertirlos en combustibles líquidos dentro del rango del diésel y de la gasolina.

El secreto está en el polietileno, uno de los plásticos más comunes en bolsas y en envases. A partir de ahí, el proceso no parte de una corriente directa de petróleo, sino de ese residuo ya fabricado, y lo transforma en hidrocarburos más cortos con valor energético.

Además, según publican Liqi Qiu, Zhenzhen Yang, Sheng Dai y otros investigadores en Journal of the American Chemical Society, el sistema trabaja a menos de 170ºC y no necesita metales nobles, disolventes extra ni aporte externo de hidrógeno.

Cómo Estados Unidos utiliza residuos plásticos para crear gasolina sin más petróleo

El trabajo no habla de una gasolina comercial lista para repostar tal cual sale del reactor. Realmente se trata de una ruta química capaz de transformar un polímero muy extendido en hidrocarburos líquidos dentro del rango de la gasolina.

Es decir, la novedad técnica está en el medio de reacción. Los científicos han utilizado sales fundidas con cloruro de aluminio que hacen dos cosas a la vez: actúan como entorno donde sucede la reacción y, al mismo tiempo, generan los puntos catalíticos que rompen las largas cadenas del plástico.

Gracias a ello, el sistema logra la conversión bajo condiciones suaves y sin añadir hidrógeno desde fuera, una de las piezas que suelen encarecer o complicar otras rutas de valorización química del plástico.

Además, el mismo enfoque puede ir más allá de la fracción gasolina. Cuando se aplica a compuestos plásticos modelo más robustos, densamente ensamblados y de mayor peso molecular, también obtiene productos líquidos en rango diésel.

Por qué el aluminio y las sales fundidas cambian por completo el proceso químico

La magia del proceso ocurre en los sitios activos de aluminio. Esos centros catalíticos tienen una fuerte acidez de Lewis, comparable a la de ciertos aluminios presentes en zeolitas ácidas, y eso les permite atacar con eficacia las largas cadenas del polietileno.

A partir de ahí, la reacción no avanza por magia ni por una simple fusión del plástico: la propia estructura del polímero aporta parte de los elementos necesarios para reorganizarse en moléculas más cortas y útiles como combustible.

El equipo de investigadores siguió ese mecanismo con varias herramientas avanzadas. Por ejemplo, con rayos X blandos resueltos en el tiempo, resonancia magnética nuclear de aluminio, dispersión inelástica de neutrones o experimentos con marcado isotópico para identificar qué sitios estaban activos y cómo cambiaban las cadenas durante la reacción.

No se trata sólo de decir que el plástico se convierte en combustible, sino de explicar por qué ocurre y qué papel desempeña cada parte del sistema, desde el medio salino hasta los intermediarios carbocatiónicos que aparecen durante la reacción.

Por qué este paso de Estados Unidos ayuda a no depender del petróleo

Lo más potente del estudio es que junta varias ventajas muy útiles al mismo tiempo: materia prima abundante, condiciones moderadas, ausencia de hidrógeno externo y una selectividad clara hacia moléculas líquidas con interés energético.

También hay otro factor importante: la simplicidad de los ingredientes. Las sales con AlCl3 se pueden conseguir comercialmente, algo que en teoría permite pensar en que la idea se pueda escalar.

Aun así, el salto industrial todavía no está hecho. El siguiente gran reto pasa por estabilizar mejor el sistema salino, separarlo con eficacia y demostrar que el proceso aguanta fuera del laboratorio con corrientes reales de residuo plástico.

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