Los expertos se ponen a temblar: hallan restos de metales tóxicos en plátanos tras un desastre minero en Brasil
El impacto del colapso de una presa minera en el estado brasileño de Minas Gerais en 2015 sigue despertando dudas. Aquel vertido masivo de residuos de extracción de hierro alteró la composición de los suelos en varios municipios. Diez años después, la preocupación gira en torno a la posible transferencia de metales tóxicos desde esos terrenos contaminados hasta cultivos.
Un equipo multidisciplinar ha analizado cómo determinados elementos presentes en los residuos mineros pueden pasar del suelo a las plantas y, finalmente, a las partes comestibles. El estudio pone el foco en plátanos, mandioca y cacao cultivados en la zona afectada.
¿Qué fue lo que ocurrió en las represas de Minas Gerais y qué metales tóxicos se detectaron tras el desastre?
La catástrofe de las represas de Bento Rodrigues fue uno de los peores desastres ambientales de la historia de Brasil y ocurrió el 5 de noviembre de 2015. Ese día colapsó la represa de relaves Fundão. El derrumbe liberó cerca de 60 millones de metros cúbicos de lodo tóxico, compuesto por residuos de la extracción de hierro.
La avalancha de barro arrasó prácticamente por completo el pueblo, provocó la muerte de 19 personas, dejó a cientos de familias sin hogar y destruyó infraestructuras, tierras agrícolas y ecosistemas enteros.
Diez años después, una investigación publicada en la revista Environmental Geochemistry and Health analizó cómo los cultivos desarrollados en suelos impactados por residuos de minería de hierro pueden absorber elementos potencialmente peligrosos. El trabajo examina qué implica este fenómeno para la seguridad alimentaria en un importante estuario brasileño.
El estudio se centró en cultivos producidos en Linhares, municipio situado en una región afectada por el derrumbe de la presa de Fundão, ocurrido en noviembre de 2015 en Minas Gerais.
Aquella catástrofe liberó millones de metros cúbicos de lodos con alta concentración de óxidos de hierro y otros compuestos asociados.
El equipo científico, integrado por especialistas en geoquímica de suelos, ingeniería ambiental y salud pública de la Universidad de São Paulo (USP), la Universidad Federal de Espírito Santo (UFES) y la Universidad de Santiago de Compostela, examinó el riesgo potencial derivado del consumo de plátanos, mandioca y pulpa de cacao cultivados en terrenos contaminados del estuario del río Doce.
Los análisis revelaron concentraciones elevadas de cadmio, cromo, cobre, níquel y plomo en los suelos. Estos elementos están estrechamente vinculados a los óxidos de hierro que componen buena parte de los residuos mineros. La investigación determinó que parte de esos metales tóxicos logra incorporarse a los tejidos comestibles de determinadas plantas.
¿Cómo se transfieren los metales tóxicos del suelo a los alimentos?
Uno de los aspectos centrales del trabajo consiste en entender el recorrido de los metales tóxicos desde el terreno hasta el alimento. Según detallan los investigadores, el contenido de óxidos de hierro en el suelo guarda relación con la presencia de estos elementos en las plantas.
El proceso analizado incluye varias fases, detalladas a continuación:
- Paso de los compuestos desde los residuos al suelo.
- Disolución parcial y transferencia al agua del entorno.
- Absorción por las raíces.
- Distribución interna hacia hojas, tallos y frutos.
Para cuantificar la concentración de metales tóxicos, los científicos recogieron muestras de suelo y de distintas partes de las plantas. Tras lavar y secar el material vegetal, trituraron raíces, tallos, hojas y frutos por separado.
Posteriormente, disolvieron las muestras mediante ácidos específicos para determinar la concentración en miligramos por kilogramo de biomasa seca.
Los resultados muestran diferencias significativas entre cultivos. En plátanos y mandioca, la mayoría de los elementos (salvo el cromo) se acumulan en mayor proporción en las partes subterráneas, como raíces y tubérculos. Sin embargo, en el caso del cacao se detectó una acumulación elevada en partes aéreas, incluidos frutos.
En la pulpa de cacao, las concentraciones de cobre y plomo superaron los límites de referencia establecidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
En el caso de los plátanos, el contenido de plomo y cadmio resultó especialmente relevante en el análisis posterior de riesgos.
Los menores de seis años, expuestos al mayor riesgo por metales tóxicos
Tras constatar que algunas partes comestibles superaban valores recomendados, el equipo realizó una evaluación del riesgo para diferentes grupos de edad. Se calcularon indicadores como el cociente de riesgo (RQ), el índice de riesgo (RI) y el índice total de riesgo (TRI), diferenciando entre adultos y menores de seis años.
El TRI es un parámetro utilizado para valorar riesgos no carcinogénicos asociados a la exposición prolongada a metales tóxicos. Para considerarse bajo, debe situarse por debajo de 1.
En la mayoría de los elementos analizados, el TRI fue inferior a ese umbral en adultos, lo que indica que el consumo no implicaría un riesgo significativo inmediato para esa franja de edad. Sin embargo, en el caso de los plátanos consumidos por menores de seis años, el TRI superó el valor de 1.
El principal factor determinante fue la concentración de plomo, junto con niveles de cadmio superiores a los recomendados en frutas. La exposición prolongada a plomo, incluso en dosis bajas, se asocia en la literatura científica con alteraciones en el desarrollo neurológico, disminución del coeficiente intelectual y problemas de atención.
Los posibles efectos a largo plazo de la presencia de estos metales
Más allá del riesgo inmediato, los investigadores advierten sobre la acumulación progresiva de metales tóxicos en el organismo tras años de consumo continuado. La evaluación tuvo en cuenta factores como estos:
- Cantidad de alimentos producidos localmente que forman parte de la dieta.
- Duración de la exposición a lo largo de los años.
- Diferencias de peso corporal entre adultos y menores.
Los límites de referencia utilizados incluyen, entre otros, 0,05 mg/kg para cadmio en frutas, 20 mg/kg para cobre y hasta 2,3 mg/kg para plomo, según la sustancia y el tipo de alimento.
Aunque no se detectó un riesgo generalizado elevado para la población adulta, el equipo señala que la exposición acumulativa podría tener consecuencias a largo plazo.
Entre ellas, se menciona la posibilidad de daños celulares asociados a mutaciones, dependiendo de la capacidad del organismo para absorber y metabolizar estos elementos.