Plagas

Los expertos en plagas lo tienen claro: «La oruga procesionaria es la plaga más importante de los pinares mediterráneos»

Oruga procesionaria del pino
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

En los últimos meses, los veterinarios han advertido de un aumento de las consultas por perros afectados por inflamaciones graves, necrosis en la lengua o lesiones en el hocico tras entrar en contacto con la oruga procesionaria. Una amenaza que, según coinciden los expertos, no debe subestimarse: «Esta larva es la plaga más importante de los pinares mediterráneos». Sólo en la ciudad de Madrid, durante los meses de enero y febrero de 2026, el Ayuntamiento tuvo que retirar más de 53.500 nidos de oruga procesionaria en parques de 21 distritos diferentes.

Pero, ¿por qué es tan peligrosa? «Ni siquiera es necesario el contacto directo con las orugas, ya que, cuando éstas se sienten amenazadas, lanzan sus pelos al aire, lo que genera irritaciones y alergias, especialmente si estos alcanzan, por ejemplo, los ojos», explica Jorge Galván director general de la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA). Cada ejemplar puede albergar alrededor de 500.000 «dardos envenenados», unas diminutas vellosidades que reciben el nombre de tricomas. Cuando la oruga se siente amenazada, puede liberar estos pelos, que contienen una toxina termolábil llamada thaumatopina, capaz de provocar reacciones muy graves tras el contacto.

Oruga procesionaria del pino

Los propietarios de animales de compañía, especialmente de perros, deben extremar la precaución al pasear cerca de pinares. Los expertos recomiendan mantener a los animales atados, ya que un simple contacto con la oruga procesionaria puede desencadenar una reacción muy grave e incluso llegar a ser mortal.

Si un perro se acerca a olisquear una hilera de procesionarias, los pelos urticantes de las orugas pueden adherirse al hocico, la lengua y las patas y provocar una reacción inflamatoria. Según recuerdan desde ANECPLA, entre los principales síntomas se encuentran la inflamación del hocico y la cabeza, picor intenso y una salivación abundante. Si el animal llega a ingerir alguna oruga, la toxina puede provocar necrosis en la lengua y la garganta.

La reacción puede avanzar rápidamente. En cuestión de minutos pueden aparecer zonas inflamadas, especialmente en la lengua, y posteriormente pueden surgir dificultades respiratorias, fiebre o incluso convulsiones. Ante la sospecha de contacto, es fundamental actuar con rapidez y acudir inmediatamente a un veterinario, ya que una reacción grave puede evolucionar con rapidez y poner en riesgo la vida del animal.

Ciclo biológico

La oruga procesionaria del pino, cuyo nombre científico es Thaumetopoea pityocampa, es una larva de la familia de los lepidópteros presente en distintos países del sur de Europa, entre ellos España, Portugal, Francia, Italia y Grecia. Su nombre común hace referencia a una de sus características más llamativas: la forma en la que se desplaza en largas filas cuando abandona los árboles y desciende al suelo para completar su ciclo.

El descenso tiene lugar una vez finalizada la fase larvaria, cuando las orugas buscan un lugar adecuado bajo tierra para transformarse en crisálidas y, posteriormente, convertirse en polillas durante los meses de verano. Es precisamente durante este periodo cuando pueden observarse las conocidas procesiones que han dado nombre a la especie. Su ciclo vital se divide en cuatro etapas principales: huevo, larva u oruga, pupa y mariposa, todas ellas fundamentales para su desarrollo y reproducción.

Cómo actuar

Los perros son especialmente sensibles a la oruga procesionaria debido a las sustancias presentes en sus pelos urticantes, capaces de provocar daños en los tejidos e inflamación de las vías respiratorias. Entre los síntomas más habituales aparecen la hinchazón del hocico y la cabeza, fuertes picores y una salivación excesiva. Si el animal llega a ingerir la oruga, las consecuencias pueden ser todavía más graves, con riesgo de necrosis en la lengua y la garganta.

Ante un posible contacto, se recomienda lavar la zona afectada con abundante agua, preferiblemente caliente. Es importante no frotar ni intentar retirar los pelos con las manos, ya que podrían clavarse más o liberar una mayor cantidad de sustancias irritantes. Después de esta primera actuación, hay que acudir cuanto antes al veterinario para que valore al animal y aplique el tratamiento necesario.

Es habitual que el perro sólo muestre cierta incomodidad al principio, pero esto no significa que el peligro haya pasado. La inflamación puede aumentar con el paso del tiempo y llegar a provocar daños graves en los tejidos. Esperar para comprobar cómo evoluciona puede retrasar una atención veterinaria que resulta fundamental.

El picor y las molestias pueden hacer que el perro intente lamerse o rascarse de forma insistente. Sin embargo, esto puede favorecer la dispersión de los pelos urticantes y empeorar las lesiones, por lo que, en la medida de lo posible, hay que evitar que el animal se toque la zona afectada.

Finalmente, cabe recordar que la mejor forma de prevenir este tipo de accidentes es evitar que el perro pueda acercarse a las procesionarias. En zonas con pinos, especialmente durante la primavera y el verano, es fundamental tenerlo controlado en todo momento y prestar especial atención al terreno.

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