Los científicos no pueden creérselo: encuentran vida en una fosa a 8 km bajo el océano donde sólo hay azufre
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Lo que ocurre en el fondo del océano es uno de los fenómenos más curiosos que existen. En este caso, un equipo internacional de científicos exploró la fosa de Atacama, frente a la costa de Chile, y encontró algo inesperado a más de 8.000 metros de profundidad: vida activa en un entorno dominado por compuestos de azufre.
El estudio, firmado por Miguel Arribas Tiemblo y publicado en Nature Communications, describe un ecosistema que funciona sin luz solar y sin las fuentes de energía habituales del fondo marino.
Encuentran vida en una fosa a 8 km bajo el océano donde sólo hay azufre
Los investigadores identificaron comunidades microbianas activas en sedimentos de la fosa de Atacama, una de las zonas más inaccesibles del planeta. Aunque la fosa alcanza los 8.000 metros de profundidad, el ecosistema concreto se localizó a unos 2.830 metros, dentro del rango operativo del ROV utilizado en la expedición.
El equipo analizó muestras recogidas durante la expedición «Living Fossils of the Atacama Trench», organizada por el Schmidt Ocean Institute, y detectó actividad biológica ligada directamente al azufre.
El detalle que marca la diferencia aparece en la composición del entorno. En esa zona concreta, los científicos localizaron sedimentos oscuros cubiertos por biopelículas de bacterias capaces de oxidar azufre. Bajo esa capa superficial, el subsuelo alberga microorganismos que reducen sulfatos. Ambos procesos forman un ciclo químico completo que sostiene la vida en ausencia de otras fuentes de energía.
En condiciones normales, los ecosistemas del fondo marino dependen de la llamada «nieve marina», restos orgánicos que caen desde la superficie. Sin embargo, en este punto concreto, esa aportación resulta mínima. Los organismos han tenido que adaptarse a una alternativa: aprovechar compuestos químicos liberados desde el interior de la Tierra.
El equipo también detectó la presencia de moluscos simbióticos que dependen de bacterias para obtener nutrientes. Estos animales no se alimentan de forma convencional. Viven asociados a microorganismos que transforman el azufre en energía utilizable, lo que permite que todo el sistema funcione.
La consecuencia directa de este hallazgo afecta al conocimiento actual sobre los límites de la vida. Los investigadores describen un ecosistema estable que no necesita luz ni materia orgánica externa para mantenerse. Funciona con química pura.
Cómo funciona un ecosistema basado en azufre en la fosa de Atacama
El análisis químico del entorno revela otro dato clave. A diferencia de otras emanaciones profundas, este sistema carece prácticamente de metano. En la mayoría de los ecosistemas similares, el metano actúa como base energética para muchas comunidades microbianas.
Miguel Arribas Tiemblo explica que la superficie de la emanación está dominada por organismos que oxidan azufre, mientras que en el subsuelo predominan bacterias reductoras de sulfato. Esa combinación mantiene un ciclo activo que sustituye al carbono y al metano como motores principales.
El contexto geológico ayuda a entender el fenómeno. La fosa de Atacama se sitúa en una zona de subducción, donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana. Ese movimiento genera fracturas en la corteza terrestre que liberan fluidos ricos en compuestos sulfurosos. Esos gases ascienden lentamente y alimentan a los microorganismos.
El entorno presenta además condiciones extremas. La presión supera las 800 atmósferas y la luz solar no llega. Aun así, los organismos han desarrollado mecanismos para transformar compuestos tóxicos como el sulfuro de hidrógeno en energía química. Ese proceso, conocido como quimiosíntesis, sustituye por completo a la fotosíntesis.
Los investigadores comprobaron también la ausencia de ciertas arqueas asociadas al consumo de metano, habituales en otros fondos marinos. Esa carencia refuerza la idea de que este ecosistema funciona con reglas distintas. El hallazgo abre nuevas líneas de investigación fuera de la Tierra.
Algunos científicos comparan este tipo de entornos con los océanos subterráneos de lunas como Encélado o Europa. Allí tampoco hay luz solar, pero sí actividad geológica que podría generar compuestos similares.
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