Científicos instan a prepararnos para lo que llega el 15 de mayo: el Sol tiene un agujero en la atmósfera apuntando hacia la Tierra
La NASA y los observatorios solares vigilan un agujero coronal en la atmósfera del Sol que podría provocar tormentas geomagnéticas
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La comunidad científica internacional está siguiendo muy de cerca un fenómeno solar que podría tener efectos visibles en la Tierra durante días. Astrónomos y expertos en meteorología han detectado un gran agujero coronal en la atmósfera del Sol. Este agujero está orientado directamente hacia nuestro planeta, que es capaz de soltar viento solar a velocidades extremas.
Pese a su nombre, un agujero coronal no es un agujero físico en el Sol. Se trata de la corona solar, que es la capa más externa de su atmósfera donde el campo magnético se abre y permite escapar partículas cargadas a gran velocidad hacia el espacio.
Cuando uno de estos agujeros apunta directamente hacia la Tierra, el viento solar impacta sobre la magnetosfera terrestre y puede desencadenar grandes tormentas geomagnéticas.
Los expertos del Sol han detectado que esta estructura es bastante grande y está situada en una posición muy favorable para enviar corrientes solares directamente hacia nuestro planeta a partir del 15 de mayo.
¿Qué efectos puede tener en la Tierra?
Los expertos aclaran que no existe un riesgo para la población en la superficie, ya que el campo magnético terrestre y la atmósfera protegen al planeta de este tipo de radiación solar. Sin embargo, sí que se podrían encontrar alteraciones como interferencias en comunicaciones de radio, errores en el GPS y alteraciones temporales en satélites.
Además, una tormenta geomagnética moderada podría generar auroras boreales visibles en zonas mucho más bajas de lo habitual. En los últimos meses ya se han observado auroras en regiones de Europa y Norteamérica donde normalmente son extremadamente raras sus apariciones.
¿Por qué el espacio preocupa?
En los últimos años, expertos, gobiernos y agencias espaciales de todo el mundo han incrementado sus inversiones en la vigilancia del sistema solar. El motivo es bastante sencillo, ya que una tormenta geomagnética extrema podría causar daños de miles de millones en infraestructuras importantes. El ejemplo más famoso fue el evento Carrington en 1859, la mayor tormenta solar registrada, que llegó incluso a incendiar líneas telegráficas.