Conmoción en la astronomía: identifican el motivo por el que el Sol gira cada vez más lento y explican como puede afectar a la Tierra

El Sol no gira siempre a la misma velocidad y, desde hace años, los astrónomos están observando que lo hace cada vez más lento debido a procesos internos relacionados con el magnetismo y el comportamiento del plasma. Se trata de un proceso completamente natural, pero lo que alarma a la comunidad científica es que la rotación ha caído hasta cientos de veces respecto a etapas anteriores. Comprender este fenómeno permite descifrar mejor la evolución de las estrellas y su funcionamiento interno, un campo en el que aún quedan muchas incógnitas.
Durante años, diversos estudios han señalado un patrón bastante claro: a medida que una estrella envejece, su rotación se vuelve más lenta. Esta tendencia ha podido confirmarse gracias a métodos como la astrosismología, que estudia las pequeñas variaciones en el brillo y el movimiento de los astros para deducir cómo es su estructura. Estos análisis permiten calcuiar la edad de las estrellas, su dinámica interna e incluso la fuerza de sus campos magnéticos. A partir de esos datos, los investigadores identificaron una relación constante entre el paso del tiempo y la disminución progresiva de su velocidad de rotación.
¿Por qué el Sol gira cada vez más lento?
Un equipo de la Universidad de Kioto ha propuesto una explicación basada en simulaciones avanzadas publicadas en The Astrophysical Journal. Su hipótesis se centra en un fenómeno interno ligado al comportamiento del plasma y a la acción de los campos magnéticos. El Sol gira cada vez más lento debido a la interacción entre el plasma y los campos magnéticos presentes en su interior.
Para visualizarlo de forma sencilla, los investigadores recurren a una comparación: un patinador que gira puede cambiar su velocidad simplemente al modificar la posición de sus brazos. No es necesario perder energía; basta con redistribuirla. En las estrellas ocurre algo similar, aunque con procesos mucho más complejos. En lugar de brazos, lo que se redistribuye es el plasma estelar. Este material, cargado eléctricamente, puede desplazarse hacia regiones más externas, alterando así la velocidad de rotación sin que exista una pérdida directa de energía.
El modelo no sólo explica la desaceleración, sino que también plantea escenarios inesperados. «Nuestros coautores en Australia y el Reino Unido han realizado simulaciones magnetohidrodinámicas en tres dimensiones para estrellas masivas antes del colapso del núcleo. Sospechábamos que el flujo dentro de la zona de convección de la estrella masiva podría evolucionar de manera análoga a la zona de convección solar», explica Ryota Shimada, autor principal del estudio.
Por su parte, la coautora Lucy McNeill añade: «Nos sorprendió descubrir que algunas configuraciones de los campos magnéticos en realidad hacen girar más rápido el núcleo, lo que sugiere que la tasa de rotación final será única para las propiedades de la estrella. La rotación lenta podría incluso estar prohibida en algunas clases de estrellas masivas».
🚨ASTRONOMY NEWS🚨: Dying stars are getting one last cosmic spin-up — the xiM-field sea was conducting the farewell dance all along.🧨
For decades astronomers assumed massive stars steadily slow their rotation as they age. New 3D simulations now reveal something surprising:… pic.twitter.com/Ab5NThYDbG
— Paul Maley (@paul4jennii) April 27, 2026
Tormentas solares
Las tormentas solares liberan enormes cantidades de energía y partículas cargadas que, al interactuar con el campo magnético terrestre, pueden generar desde auroras boreales hasta fallos en sistemas de navegación, interferencias en comunicaciones o daños en satélites. El principal problema hasta ahora ha sido el tiempo de reacción, según recoge un estudio publicado en Journal of Geophysical Research: Space Physics.
En este contexto, el nuevo modelo de predicción parte de una idea distinta: el Sol no es un sistema totalmente aleatorio. Su actividad sigue ciclos y presenta regiones donde la energía magnética tiende a acumularse. Analizando grandes volúmenes de datos en rayos X durante décadas, los investigadores han identificado zonas con mayor probabilidad de generar eventos extremos. La clave está en combinar ese análisis físico con técnicas matemáticas avanzadas y aprendizaje automático.
En lugar de intentar predecir el instante exacto de una erupción, el sistema establece «ventanas de riesgo», es decir, periodos y regiones donde la probabilidad de actividad intensa es significativamente mayor. Uno de los resultados más relevantes del estudio es que el modelo fue capaz de señalar zonas activas incluso en la cara oculta del Sol, aquella que no es visible desde la Tierra. Estas predicciones se confirmaron posteriormente con observaciones de sondas espaciales.
El contexto general refleja una paradoja clara: el Sol no ha cambiado de forma significativa, pero sí nuestra dependencia tecnológica. A diferencia de otros fenómenos naturales, las tormentas solares no suponen un peligro directo para la salud de las personas, ya que la atmósfera terrestre y la magnetosfera actúan como un escudo protector. Sin embargo, según explican investigadores de la NASA, el verdadero problema reside en que buena parte de nuestra infraestructura tecnológica es especialmente vulnerable a episodios de intensa actividad solar.