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China no se anda con rodeos: quiere desviar las lluvias del Tíbet para abastecer de energía a las regiones áridas del país

China y lluvias
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

China pondrá en marcha la iniciativa «Río Celestial», una iniciativa que buscar aumentar las precipitaciones mediante la instalación de cientos de chimeneas que liberarán yoduro de plata en la atmósfera sobre la meseta tibetana. El proyecto, que abarcará aproximadamente 1,6 millones de kilómetros cuadrados, podría generar unos 10.000 millones de metros cúbicos de lluvia artificial al año.

Lay Fanpei, presidente de la Corporación Aeroespacial de Ciencia y Tecnología de China, afirmó que «el control del clima en el Tíbet es una innovación crítica para resolver el problema de la escasez de agua en China. Esto se convertirá en una contribución importante no solo para el desarrollo de China y la prosperidad global, sino también para el bienestar de toda la raza humana».

‘Río Celestial’, la iniciativa china para generar lluvia artificial

«Lo que se persigue con este tipo de siembra de nubes es aumentar la concentración en la atmósfera de núcleos de hielo; pequeñísimas partículas que tienen un papel importante en la formación de cristales de hielo en las nubes», explica Jerónimo Llorente, catedrático de Física de la Atmósfera de la Universitat de Barcelona, a El Mundo. «Estos cristales podrían favorecer, en principio, los procesos de precipitación, aunque su eficacia es dudosa».

La lluvia artificial mediante drones y yoduro de plata (AgI) es una técnica de siembra de nubes que busca aumentar las precipitaciones. El yoduro de plata es un compuesto cuyas propiedades permiten actuar como núcleo de condensación en determinadas condiciones atmosféricas.

En una prueba realizada con cuatro vuelos consecutivos a unos 5.500 metros de altitud, varios drones liberaron el compuesto en forma de humo sobre las praderas de Bayanbulak. La dispersión se efectuó a un ritmo de 0,28 gramos por segundo mediante varillas de combustión con 125 gramos de yoduro de plata cada una. Durante el experimento también se observó un descenso de la temperatura de las nubes de hasta 10 °C y un crecimiento vertical cercano a los tres kilómetros.

Los resultados indicaron un incremento superior al 4% en las precipitaciones de la zona, lo que supuso aproximadamente 78.200 metros cúbicos adicionales de agua. Estas cifras fueron respaldadas por simulaciones informáticas y verificadas mediante imágenes de satélite, espectrómetros de gotas y estudios meteorológicos.

El funcionamiento de esta técnica se basa en que el yoduro de plata presenta una estructura similar a la del hielo. Cuando se introduce en nubes con temperaturas inferiores a 0 °C, las gotas de agua se adhieren a las partículas del compuesto, formando cristales de hielo que aumentan de tamaño hasta precipitar en forma de lluvia o nieve.

Para aplicar este sistema se necesitan drones capaces de operar a gran altitud y equipados con dispositivos especiales para dispersar el yoduro de plata. Las cantidades empleadas son reducidas, normalmente entre 0,5 y 5 gramos por kilómetro cúbico de nube.

En teoría, la siembra de nubes puede incrementar las precipitaciones entre un 10 % y un 30 %, aunque su eficacia depende de las condiciones meteorológicas. En el experimento realizado en China el aumento registrado fue del 4 %. China es uno de los países que más ha desarrollado esta tecnología y, desde 2021, utiliza drones como el modelo Ganlin-1 para favorecer las lluvias en regiones áridas del Tíbet.

«El uso del terreno afecta al intercambio de energía entre el suelo y la atmósfera, lo que determina la cantidad de agua evaporada y la temperatura en la proximidad de la superficie», explica Miguel Quemada, catedrático del departamento de Producción Agraria de la Universidad Politécnica de Madrid. «Por eso, superficies con cubierta vegetal mantienen un entorno más fresco y si ocupan grandes extensiones, pueden favorecer condiciones de mayor humedad».

Antecedentes

Aunque la siembra de nubes ya se ha utilizado anteriormente en países como Estados Unidos, India, Israel o los Emiratos Árabes Unidos, China sería el primer país en desarrollar un proyecto de estas dimensiones.

Las primeras investigaciones sobre esta técnica estuvieron relacionadas con fines militares, como la Operación Popeye que el ejército estadounidense llevó a cabo durante la Guerra de Vietnam para prolongar la temporada de lluvias sobre la Ruta Ho Chi Minh.

En España también se realizaron ensayos a finales de la década de 1970. La Organización Meteorológica Mundial impulsó el Proyecto de Intensificación de la Precipitación (PIP) en la cuenca del Duero, aunque los resultados obtenidos fueron limitados.

A pesar de las dudas expresadas por numerosos investigadores, tanto dentro como fuera de China, el Gobierno chino continúa apostando por el proyecto Tianhe. En 2017 destinó una inversión de 1.150 millones de yuanes, equivalentes a unos 155 millones de euros.

Las autoridades chinas calculan que el proyecto permitirá obtener alrededor de 10.000 millones de metros cúbicos adicionales de agua al año, una cantidad que representa aproximadamente el 7 % del consumo anual del país. Ya se han instalado varias decenas de quemadores en las regiones del Tíbet y Sinkiang y, una vez completado el proyecto, podrían llegar a funcionar cerca de 10.000 cámaras de yoduro de plata distribuidas en una superficie de unos 1,6 millones de kilómetros cuadrados, equivalente a unas tres veces la extensión de España.

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