Así era la tecnología que permitía comunicarse a Stephen Hawking a través de un sensor en la mejilla
El sensor le permitía comunicarse, pero tan solo podía escribir 1 o 2 palabras por minuto
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El diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) a los 21 años no le impidió perseguir sus sueños y convertirse en un ícono global de la ciencia. El físico teórico británico Stephen Hawking cambió por completo el escenario de la física moderna con sus teorías del espacio-tiempo y los agujeros negros.
La mayoría de la gente conoce su historia de superación y todo lo que posteriormente logró a pesar de su enfermedad degenerativa progresiva, pero no conocen cuál fue y cómo funcionaba el sistema de comunicación que le permitió, a pesar de su discapacidad, seguir aportando a la especie humana.
El sistema de comunicación recibió el nombre de ACAT y fue diseñado específicamente para él por la empresa Intel. El sintetizador de su famosa voz robótica se llamaba DECtalk.
Evolución del sistema de comunicación de Hawking
La ELA es una enfermedad progresiva que poco a poco va afectando al cuerpo y a las cualidades físicas como el habla. Al principio de su enfermedad (1963), Hawking podía hablar, aunque ya empezaba a notar mareos, pérdidas de coordinación y tropiezos constantes. Con los años, su habla se volvió extremadamente difícil de entender; tan solo sus familiares cercanos y amigos eran capaces de traducir sus palabras. Hasta 1985 fue capaz de escribir sus artículos científicos con la asistencia de otra persona a la que se los dictase.
En 1985, una neumonía grave y una posterior traqueotomía le arrebataron la voz por completo. Un ingeniero adaptó el software Equalizer en un ordenador Apple II montándolo en su silla de ruedas. Hasta 2007, el físico británico podía mover los dedos de la mano, por lo que utilizaba un pulsador en su mano para seleccionar letras para escribir. Este ordenador se situaba sobre su mesa frente a él y se añadió en una caja metálica separada el sintetizador de voz DECtalk. La suma de los dos dispositivos le hacía poder conferenciar conectando el equipo a los altavoces del auditorio.
En la pantalla del monitor de tubo (CRT), el programa Equalizer mostraba un menú de palabras y letras. El cursor del ratón se movía solo y Hawking presionaba el botón con el pulgar para seleccionar palabras completas. Hawking no improvisaba las conferencias en tiempo real (habría sido demasiado lento).
El físico teórico británico escribía el discurso completo en su casa, frase por frase, y lo guardaba en un disquete. En el auditorio, abría el archivo de texto en el ordenador. Utilizaba el pulsador de mano para mandar el texto por bloques al sintetizador. El sintetizador DECtalk leía el documento en voz alta para el público.
El sensor de la mejilla
En 2008, perdió la sensibilidad en las manos, por lo que ya no podía emplear este sistema que funcionaba con un pulsador. Sam Blackburn, quien era su asistente de posgrado, diseñó un sensor especial incorporado a sus gafas que detectaba los movimientos de la mejilla.
El músculo que había entre la mejilla y el pómulo sustituía al dedo como parte del cuerpo que elegía letras. El sensor de las gafas lanzaba un haz de luz invisible sobre la mejilla; al relajarse la cara, la luz rebotaba de forma constante. Pero cuando contraía el músculo y la piel se abultaba, el sensor lo detectaba y lo traducía en un clic de ratón.
Este cambio le permitió seguir comunicándose, pero hacía que solo pudiera escribir una o dos palabras por minuto. Es decir, escribir una conferencia corta le suponía semanas de esfuerzo.
La evolución del sensor
En torno a 2012, la enfermedad continuó degenerando su cuerpo, por lo que el parpadeo de sus ojos y el cansancio muscular hacían que el sensor no detectara bien los movimientos. Con la ayuda de Gordon Moore (cofundador de Intel), optimizaron el software existente, creando ACAT, una inteligencia artificial. Este sistema aprendió de sus libros y conferencias y deducía lo que quería decir. Aunque seguía usando solo la mejilla, este cerebro artificial le permitió duplicar su velocidad de escritura y fatigarse mucho menos.
En este caso, escribía dos o tres letras y la IA calculaba qué palabra quería decir; a través del sensor de las gafas, clickaba en la palabra correcta. EN caso de que la palabra no apareciese, le bastaba con seleccionar la primera letra para que la IA desplegara las opciones correctas (por ejemplo, al marcar «N», el sistema ya le sugería «Negro» o «Agujero»).