La tentación bélica

Opinión Xavier Rius
Xavier Rius

Ya está, ya empezamos otra vez. En una entrevista el pasado día 9 al digital indepe, Nació Digital, al historiador Frederic J. Porta le preguntaban: «¿La independencia se ha de conseguir a tiros?». «Sí, ¿cómo se consigue si no?», respondía sin ambages.

«No se ha de querer la independencia a toda costa por esta vía, pero yo creo que es la vía hacia la que nos empuja el Estado español. Si se puede pactar, pues adelante. Pero yo lo dudo muchísimo. Yo planteo lo que haga falta para la independencia, sea lo que sea”, insistía.

No se crean que es un hiperventilado más. Doctor en Historia, se graduó antes en Ciencias Políticas y tiene un máster en Historia Mundial por la Pompeu Fabra. Es especialista en algunos de los mitos del independentismo más radical: hizo la tesis sobre Josep Maria Batista i Roca, que tras la Guerra Civil se exilió en Inglaterra. Ha publicado la biografía de Josep Dencàs, el consejero de Gobernación del 6 de octubre; y las obras completas de Daniel Cardona, que intentó atentar contra Alfonso XIII en el llamado Complot del Garraf (1925).

La tentación bélica reaparece periódicamente en el independentismo catalán. Es un quiero y no puedo. Al fin y al cabo, Quim Torra ya propuso en su día la vía eslovena: una guerra corta. Aunque, como saben, el conflicto —el primero de los que desmembró Yugoslavia— se saldó con más de sesenta muertos.

Tampoco me imagino al expresidente pegando tiros. Ni a él ni, por supuesto, a Laura Borràs o Elsa Artadi, la pijería que entonces le acompañaba. A pesar de que por las redes circula una imagen de él haciendo de sargento de complemento en Mallorca. Seguro que juró bandera, claro. Luego se le olvidó.

Hay más ejemplos. Jair Domínguez, una de las estrellas de TV3 —Salvador Illa todavía lo tiene a pan y cuchillo—, que disparó «simbólicamente» contra el Rey Juan Carlos en octubre de 2012 durante un programa del Canal 33, la segunda oferta de TV3. En una entrevista un mes antes al mismo digital antes mencionado —y por el mismo autor, por cierto—, ya había declarado que las independencias se consiguen «con bombas y golpes de machete».

O el caso de la ilustradora Pilarín Bayés, que tiene la provecta edad de 85 años, que colgó una foto suya en Instagram con escopeta en mano. Fue antes de la cumbre hispano-francesa de enero de 2023 entre Sánchez y Macron porque había protestas de que a la Generalitat se la había ninguneado. A Pere Aragonès, el presidente de entonces, le dejaron hacerse una foto entre los dos mandatarios.

Sin olvidar tampoco a Salvador Vergés i Tejero, el flamante portavoz de Junts en el Parlament después de que defenestraran a Albert Batet de presidente del grupo parlamentario. Ahora siempre va con americana y corbata, pero antes de saltar a la fama se fotografió en pose militar. Un subfusil de juguete y pañuelo con estelada cubriéndole el rostro. Estoy convencido de que ello lo catapultó a cabeza de lista de Junts por Girona. Una apuesta personal de Puigdemont.

Yo, por supuesto, no soy partidario de pegar tiros. Y menos en nuestro caso. Los catalanes no hemos ganado jamás una guerra. De hecho, es conocido que celebramos una derrota: la de 1714. Entre otras razones, porque no hay ninguna victoria. Hemos vencido en algunas batallas. Como la de Montjuïc en 1641, que lo único que hizo fue alargar la Guerra dels Segadors doce años. O la de Talamanca (1714), que tampoco influyó en el desenlace final de la Guerra de Sucesión (1701-1714).

Además, las guerras de independencia suelen terminar en guerras civiles. Es el caso de Finlandia (1918), Irlanda (1922-1923) o Angola (1975-2002). Cuando los antiguos aliados se disputan el poder. Tengo la sensación, finalmente, de que los catalanes somos más fenicios que cartagineses, que por otra parte tampoco acabaron demasiado bien.

La confirmación de la teoría de Weber: aquellos pueblos que no tienen Estado se lanzan «a la vida productiva». Pese a que, con los judíos, se equivocó. Ahora son la primera potencia regional de Oriente Medio: económica, científica y militar. Los catalanes estamos reñidos con el poder. No sabemos utilizarlo. Ni mandar ni obedecer. De ahí todos los males.

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