Helado, cuando dárselo a los niños y que tipo elegir
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El verano es la época del helado. Los niños suelen atraerse atraídos por este alimento frío nada más probarlo por primera vez y en especial si se trata de sabores que ya de por sí le gustan como el helado de chocolate. Sin embargo debemos recordar siempre que no dejan de ser alimentos muy calóricos y con mucho azúcar de modo que os queremos ofrecer ahora la mejores pautas para darle helados a los niños en verano, qué tipo elegir y sobre todo cuándo podemos comenzar a dárselos.
Helado, cuando dárselo a los niños y que tipo elegir
Al margen de la preferencia que tenga tu hijo o hija por un helado en concreto, es necesario insertarlo en la dieta de los más pequeños con atención y moderación. En primer lugar, el helado es un alimento que contiene elementos nutricionales y proteicos que pueden interferir con el equilibrio de las necesidades nutricionales del bebé. Esto significa que no puede convertirse en un alimento de recompensa diario. Además, más o menos hasta el año de edad, se debe evitar introducirlo dentro del proceso gradual de destete (que comienza alrededor de los seis meses del bebé).
Helados para niños: cuando empezar
Como hemos comentado y en general, el mejor momento para dejar que los más pequeños prueben el helado es alrededor de los 12 meses, prestando atención a la higiene y los ingredientes utilizados durante el procesamiento. Hay que tener cuidado también con las calorías. Por ejemplo, si elegimos un helado con nata, la ración única tendrá más de 300 kilocalorías. En cambio, el helado de leche tendrá más o menos 200 y el de fruta alrededor de 100. Evidentemente todo esto si contamos solo una bola de helado, pero si elegimos el helado con galleta o con cono aumenta el doble ingesta calórica.
Que helado elegir
Por un lado, el helado industrial (es decir, helado envasado) es un producto seguro porque se siguen unos estándares de higiene y calidad muy estrictos para su realización. Sin embargo, los helados artesanales (también seguros para el resto) con fruta, sin leche, sin colorantes, son los preferidos por la frescura de los ingredientes utilizados. La elección de cuál y cuánto helado pueden tomar los niños debe ser hecha por los padres, teniendo en cuenta la constitución, el peso, los hábitos del niño, si tiende a engordar, etc.
En general, para niños de entre uno y dos años, la cantidad no debe superar los 50 gramos, es decir, media porción de helado envasado individualmente o una taza pequeña. El helado se convierte así en el sustituto perfecto del clásico “snack” de media mañana o media tarde a base de yogur o leche. En cualquier caso, no debe ofrecerse más de tres veces por semana.
Helados, intolerancias y alergias
Para aquellos niños intolerantes o incluso alérgicos, existe la posibilidad de elegir helados sin alérgenos como leche de vaca, huevos, avellanas, nueces, fresas, pistachos, sin sacrificar el sabor y el placer de una comida puramente veraniega. Hoy en día algunas bebidas (las a base de soja o arroz en primer lugar) también se utilizan para la elaboración de muchos tipos de helados.
Lo importante es saber elegir prestando atención a las etiquetas y al exceso de grasas y azúcares: de esta forma no obligarás a tu hijo a renunciar a los primeros placeres del paladar. Es importante además evitar los gustos más complicados para los niños: café, chocolate, frutas exóticas, fresa, nata, o el de frutos secos. Una taza pequeña no solo nutrirá perfectamente a tu pequeño, sino que también te dará la alegría de verlo sonreír mientras come.
Helado: así es como se hace en casa
Si quieres estar seguro de que les estás dando a tus hijos un producto saludable y nutritivo, puedes hacerlo en casa. Los amantes de la cocina probablemente ya estén “armados” con una heladera más o menos profesional. De hecho, no es del todo esencial. Por ejemplo, para hacer paletas sabrosas y refrescantes, simplemente compra los moldes, prepara la «salsa» a tu gusto y mete todo en el congelador.
También existe otra alternativa para quienes no cuentan con máquinas especiales. La idea es congelar fruta lavada y cortada en trozos. Cuando te apetezca un helado, mézclalo con cubitos de hielo. Para obtener una consistencia más cremosa o hacer que el refrigerio sea más sustancioso, puede agregar yogur blanco bajo en grasa o leche.
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