El último grito del gigante del Coll d’en Rabassa: la crónica negra del ‘espía’ que logró aguantar un disparo táser
OKBALARES tiene acceso al sumario de la causa y les ofrecemos el relato de los últimos minutos de vida de Maciej Barton

OKBALEARES tiene acceso al sumario judicial de uno de los casos más extraños que conmocionó a los vecinos de la barriada palmesana del Coll d’en Rabassa. Lo que comenzó como una intervención rutinaria por una «riña familiar» en la calle Illa de Corfú se ha convertido en uno de los expedientes más extraños de la crónica negra balear. Maciej Barton, un ciudadano polaco de dimensiones hercúleas —1,90 metros de altura y 140 kilos de peso—, falleció tras un enfrentamiento con agentes de la Policía Nacional que rozó lo inexplicable.
El atestado policial al que se ha tenido acceso revela escenas de pánico en el Coll d’en Rabassa: un coloso que, presuntamente bajo los efectos de las drogas, obligó a la Policía a emplear medidas extremas tras ignorar una primera descarga eléctrica. Todo comenzó a las 04:14 horas del pasado 19 de febrero. Las llamadas al 112 describían a un hombre «fuera de sí» que recorría la calle descalzo, manipulando vehículos y profiriendo alaridos.
Según el acta de visionado de las imágenes, Barton se mostraba «ostensiblemente agitado», gritando en un idioma extranjero antes de refugiarse en su domicilio, que ya presentaba rastros de sangre desde el portal. Sus tres hijos menores, aterrorizados por el estado de su padre, lograron huir de la vivienda y refugiarse con unos vecinos. El mayor de ellos, Ricardo, entregó las llaves a la Policía, advirtiendo del caos y el desorden que reinaba en el interior.
Cuando los agentes de los indicativos Z-2 y ÁGUILA-100 irrumpieron en el salón, se encontraron con una escena dantesca: muebles fracturados, restos de sangre y una oscuridad solo rota por las linternas policiales. Barton, lejos de deponer su actitud, reaccionó con una «agresividad imprevisible» al percatarse de la presencia de los actuantes.
Fue entonces cuando se produjo el hecho que ha dejado estupefactos a los expertos: un agente disparó su dispositivo TÁSER T-7, pero Barton aguantó la primera descarga de cinco segundos como si nada. El atestado es taxativo al señalar que esta primera activación resultó «aparentemente no efectiva», ya que el gigante continuó «lanzando patadas y manotazos al aire» e intentando incorporarse bruscamente.
Solo una segunda descarga de alto voltaje logró finalmente la «inhibición motora» necesaria para que los agentes pudieran reducirlo y engrilletarlo. Sin embargo, apenas nueve segundos después de ser inmovilizado, el corazón del gigante se detuvo, entrando en una parada cardiorrespiratoria de la que no pudo salir pese a las maniobras de RCP realizadas por los agentes y el personal sanitario.
El registro de la vivienda por parte del Grupo de Homicidios ha disparado todas las incógnitas por el hallazgo de un kit de identidades que parece sacado de una película de espionaje. En una estantería de la cocina, junto a restos de una sustancia pulverulenta blanca y utensilios con restos de sangre, los agentes hallaron un pasaporte masónico a nombre de Maciej Barton, una carta de identidad clerical y un documento de la Agencia Internacional de Seguridad Pública. También se intervinieron un certificado de patrón de barco de Polonia y un permiso de conducir de Alemania.
A pesar de la inquietante documentación y de los gritos en lenguas extrañas, la instrucción policial concluye que se trata de una muerte violenta de «etiología accidental derivada de un síndrome de delirio agitado». Según el informe, el estado de agitación extrema, sumado al posible consumo de sustancias estupefacientes, habría provocado el fatal desenlace del coloso. El caso queda ahora en manos de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia.