CRÍTICA

Smith & Oyágüez: pequeños milagros escondidos entre el chelo y el piano

El dúo actuó en la sala de música de Son Marroig, sede del Festival de Deià, y al día siguiente en el auditorio del Palau March

Smith & Oyágüez: pequeños milagros escondidos entre el chelo y el piano
Andrew Smith (violonchelo) y Alfredo Oyágüez (piano), durante su actuación en el Palau March.

Conviene recordarlo las veces que haga falta. El Festival Internacional de Música de Deià en el último cuarto de siglo (lleva activo 48 ediciones) ha contribuido a establecer vínculos con otros espacios de la isla, algunos de fuerte carácter y significación, prestándoles apoyo estratégico a la hora de programar citas musicales. Viene ocurriendo los últimos años y, sin ir más lejos, con la Fundación Miró Mallorca y el Palau March. El mecanismo se concreta en presentación inicial en Son Marroig para después acudir a uno o más de los escenarios relacionados con el Festival de Deià.

En fecha reciente se repetía esta rutina con la presentación del dúo formado por Andrew Smith (violonchelo) y Alfredo Oyágüez (piano). Primero el 16 de julio en la sala de música de Son Marroig, sede del Festival de Deià, y al día siguiente en el auditorio del Palau March en Palma. Una reunión llena de complicidades, puesto que se conocen desde hace décadas y, además, el estadounidense fue en el año 2001 cofundador de la Camerata Deià, que está en el origen mismo del festival.

En la actualidad, Smith es violonchelista principal de la Orquesta Sinfónica de Las Vegas y también profesor adjunto de la Universidad de Nevada. Forma regularmente dúo con Oyágüez dando recitales por todo el mundo. En esta ocasión se trataba de fijar el foco en el violonchelo español, centrado el repertorio en los contenidos de su CD del 2017, Música española para violonchelo y piano, editado por DELOS, que está considerado como «el gran sello estadounidense de música clásica».

Acudí a verles en el auditorio del Palau March, donde repitieron repertorio escuchado en Son Marroig. La complicidad entre ambos es fruto del tiempo que llevan juntos, unido al compromiso incondicional con la literatura que se ha venido desarrollando desde finales del XVIII para chelo y piano. 

En ocasiones, estos recitales cabe considerarlos pequeños milagros cuando vienen a coincidir circunstancias, en apariencia menores, y sin embargo de una explosión anímica que les trasciende. Por regla general, este repertorio, cuando no es original para chelo y piano, suele proceder de arreglos a partir de canciones para voz y piano o bien voz y orquesta. El tema central de los dos recitales de Smith & Oyágüez respondía a la explosión española en la primera mitad del siglo XX en los dominios de la música clásica y aquí es donde se producen lo que me atrevo a llamar los pequeños milagros.

Días antes, Alfredo Oyágüez acompañaba a la soprano Neivi Martínez en sus recitales de Son Marroig y Fundación Miró Mallorca, los días 9 y 10 de julio respectivamente. En ambos recitales acudió a la Suite española de Manuel de Falla y a las Cinco canciones negras de Xavier Montsalvatge. De la suite de Falla, compuesta el año 1914, escogió Seguidilla murciana, y en el caso de la pieza de 1945 que dio fama mundial a Montsalvatge, fue a escoger la habanera, Canción para dormir a un negrito. Pues bien, en el repertorio de Smith & Oyágüez se contemplaban ambas obras, solo que al completo: las siete canciones populares españolas, que había recopilado Falla, y las cinco canciones de inspiración caribeña de Montsalvatge.

Fue, como digo, un momento único para reivindicar la música española, en tiempos en que la corrección política quiere apagar su eco para evitarle el supuesto agravio al nacionalismo separatista, deshonrando así la memoria colectiva. Alejados de estúpidos complejos, Smith y Oyágüez acudieron a la Suite española de Falla, en su conjunto: El paño moruno, Seguidilla murciana, Asturiana, Jota, Nana, Canción y Polo. De manera que, haciendo un ejercicio de recordatorio, podíamos comparar la interpretación de la soprano Neivi Martínez y aquella versión solo para chelo y piano.

Aunque lo más relevante llegó después con las Cinco canciones negras de Xavier Montsalvatge, porque los arreglos para chelo y piano realizados por el propio Andrew Smith son los que se emplean habitualmente en cualquier recital de estas características que tiene lugar por doquier. Así pues, fueron oyéndose en su mejor versión instrumental: Cuba dentro de un piano, Punto de Habanera, Chévere, Canción de cuna para dormir un negrito y Canto negro. Velada muy interesante se mire por donde se mire.

Tampoco el único bis se quedaba atrás, porque en palabras de Oyágüez era la manera de reivindicar a un chelista, Gaspar Cassadó, «eclipsado por Pau Casals, cuando en realidad se trata de un chelista por completo a su altura». Previamente habíamos escuchado sus arreglos para el Intermezzo que se contempla en la ópera en un acto de Enrique Granados, Goyescas, y ahora tocaba reivindicarle acudiendo a su escritura personal: Requiebro, algo hoy en día políticamente incorrecto por su alusión al piropo y, de hecho, menudo piropo. ¡Qué feliz maravilla el enjambre que anida en sus formas! 

Pequeños milagros escondidos entre el chelo y el piano. Smith & Oyágüez.

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