Una oligarquía encubierta

Una oligarquía encubierta

¿Acaso no es lógico pensar que la democracia está absolutamente secuestrada? ¿Dónde están las mociones de censura, dónde están las necesarias elecciones? Si con Rajoy eran imprescindibles los presupuestos, ahora ya se puede estar sin ellos, incumpliendo un mandato constitucional. Si Rajoy se tuvo que ir por la corrupción tras una moción de censura, ahora el Gobierno de Sánchez debería dimitir en bloque y convocar elecciones, con un Gobierno rehén de un delincuente, que se ríe y desprecia a España.

Observando, sufriendo lo que la política española está arrojando, me pregunto por qué Platón creía que la democracia era una de las peores formas de gobierno. Sí, porque ciertamente es palmario que este Gobierno, con Sánchez a la cabeza, está arrojando lo peor de este sistema político. Nunca en democracia había alcanzado ningún Gobierno el nivel de corrupción y dependencia como el de Sánchez. Basta ver la última sesión en el Congreso de los Diputados recientemente para comprobar que los fines de una democracia verdadera están absolutamente desvirtuados, es más, rotundamente olvidados.

Sánchez es el mayor sinvergüenza, el mayor traidor que ha dado la democracia y todos los que le apoyan lo hacen exclusivamente basados en sus propios intereses partidistas sin la más mínima intención del beneficio a España y los españoles, al contrario, acérrimos enemigos de ésta. Resulta vergonzoso que Aitor Esteban, portavoz del PNV, desleales y racistas hasta la médula, pueda gritar en su despedida del Congreso de España, del que ha vivido 21 años «Viva Euskadi libre», el mismo grito que los terroristas de ETA, representados por Bildu, pues no en vano son sus padres putativos y se va con aplausos del Congreso, cuando únicamente ha servido a la causa nacionalista sin el más mínimo servicio a España.

Las sesiones de control del Gobierno son pura pantomima, pues el sistema permite que un presidente del Gobierno se ría y mienta frente a la oposición, pues el resto es cómplice de esas mentiras. Para todos, tan acostumbrados y empapados a escuchar alabanzas a la democracia, no me extraña que para el filósofo la democracia ocupara el tercer lugar, después de la aristocracia y la oligarquía. Pero estos dos últimos sistemas ya conocidos y soportados son rechazados porque teóricamente los ciudadanos demandan libertad, aunque hay que significar que quienes siempre la reclaman con mayor vehemencia son aquellos que más demócratas se confiesan, son aquellos que dicen querer defender la libertad que el pueblo reclama y son precisamente todos aquellos que nos gobiernan, liderados por un PSOE fiel a su criminal y traidora historia.

La libertad a cualquier precio, y es el único objetivo, y una multiplicidad de perspectivas, la mayoría de las cuales están cegadas por intereses estrechos, individuales o de unos pocos y entre ellos, Sánchez para mantenerse en el poder rinde todo, y aparecen los Otegi, los Puigdemont, los Junqueras, etc., quienes se reúnen para seguir conspirando contra España. Así, hay que complacer sus malévolas aspiraciones y darles todo, aunque Sánchez se convierta en un tirano, que manipula a las masas, que manipula a los medios de comunicación, que controla las instituciones para «dominar la democracia» y vemos entonces que la «sagrada» democracia se convierte doblemente en una tiranía y una oligarquía.

El PSOE, desde Zapatero y ahora con Sánchez multiplicado por mil, ha comprobado que da igual lo que hagan, lo que mientan, lo que se corrompan, lo que traicionen si constantemente se confiesan demócratas y dicen luchar por la libertad y la democracia aunque esté corrompida y triturada, pues el hipócrita relato es que el enemigo político quiere acabar con ella.

Estamos en el estadio cuando el sistema se atrofia y la sociedad cede a un demagogo estafador como Sánchez y su Gobierno que cultiva sus miedos, pues amenaza con la extrema derecha, con mil males, con el fin de la libertad y se posiciona como protector y se ofrece a sí mismo como la respuesta personificada a todos los problemas, cuando la amenaza y el problema es precisamente él, un presidente del Gobierno que ha rebasado todas las líneas rojas de esa democracia que ha dado la razón a Platón al gobernar sin ética, sin moral, solo movido por las más bajas y deleznables pasiones.

«No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad. Hay que apoderarse del poder político, pero la revolución se hace violentamente: luchando y no con discursos». Largo Caballero.

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