Semana Santa

Triana vs Macarena: el origen de la rivalidad que divide Sevilla en la Madrugá

Triana Macarena
Blanca Espada

Hoy es jueves 2 de abril, de modo que Sevilla se prepara para uno de esos momentos que no se explican del todo hasta que se viven. Llega el momento de la Madrugá, la procesión que se celebra en la noche que va del Jueves Santo al Viernes Santo y en la que la ciudad cambia por completo. De este modo, no es una procesión más, sino el instante en el que salen algunas de las hermandades más queridas y donde se concentra una parte muy importante de la identidad cofrade sevillana.

Y en medio de todo eso, cada año vuelve a aparecer la misma idea, ya que si bien procesionan varias hermandades, siempre se habla de la supuesta rivalidad entre la Macarena y la Esperanza de Triana debido a que son dos devociones enormes, que pertenecen a barrios muy marcados y una historia que durante décadas se ha contado como si Sevilla estuviera dividida en dos mitades enfrentadas. Sin embargo, cuando se mira con un poco de perspectiva, esa rivalidad no es tan simple. Tiene base histórica, y a la vez, mucho de construcción social, de orgullo de barrio y de una manera muy sevillana de vivir la Semana Santa.

Qué es la Madrugá y por qué es tan importante

Para quien no esté familiarizado, la Madrugá es la noche que conecta el Jueves Santo con el Viernes Santo y es, para muchos, el momento más intenso de toda la Semana Santa de Sevilla ya que conmemora el camino de Jesús hacia la cruz y el dolor de la virgen. Durante esas horas salen a la calle hermandades como el Gran Poder, El Calvario, Los Gitanos la Macarena y la Esperanza de Triana, en recorridos que congregan a miles de personas con momentos de silencio y también de mucha emoción. De este modo, se trata de una de las noches más especiales, no sólo por el ambiente que se crea y cómo es la procesión en sí, sino también por todo lo que rodea a las hermandades.

El origen real de la rivalidad entre Triana y la Macarena

Si se quiere entender de verdad de dónde viene esa rivalidad entre la Esperanza de Triana y la de la Macarena, hay que irse atrás en el tiempo, a finales del siglo XIX, cuando la Madrugá estaba muy lejos de tener el orden que hoy conocemos. Tal y como recogió años atrás Diario de Sevilla en un análisis sobre la historia de esta procesión, en aquella época no existía un turno fijo para las hermandades y cada año había que solicitar permiso para salir, lo que provocaba cambios constantes.

Eso generaba conflictos continuos, porque las cofradías querían ocupar determinados lugares en el recorrido, ya fuera por antigüedad, por tradición o por prestigio. Hubo reclamaciones, protestas y hasta intervenciones de la autoridad eclesiástica para poner orden, como la del cardenal Spínola a comienzos del siglo XX para frenar disputas entre hermandades. Es decir, que el origen del conflicto no estaba tanto en una rivalidad sentimental entre barrios como en algo mucho más práctico: el orden de paso.

De conflicto real a rivalidad de barrio

Con el paso del tiempo, aquellos problemas organizativos fueron desapareciendo a medida que se fijaba un orden estable en la Madrugá, pero la huella quedó. Lo que antes eran disputas por horarios y posiciones acabó transformándose en algo más emocional, ligado a la identidad de cada barrio.

Triana y la Macarena representan dos formas muy reconocibles de vivir la Semana Santa en Sevilla, y eso ha alimentado durante años comparaciones, debates y esa sensación de que hay que posicionarse en un lado o en otro. Sin embargo, como señalan análisis de portales especializados como Gente de Paz, gran parte de esa rivalidad ha sido más aparente que real, sostenida sobre todo por el entorno y no tanto por las propias hermandades.

Los momentos que desmontan la rivalidad

Hay escenas que explican mejor que cualquier teoría hasta qué punto esa supuesta confrontación tiene límites muy claros. Una de las más recordadas ocurrió en la Madrugá de mediados de los años noventa, cuando la lluvia obligó a alterar los recorridos y provocó un encuentro inesperado en la Catedral.

El palio de la Esperanza Macarena se encontraba resguardado cuando la Esperanza de Triana llegó a la zona y, en lugar de seguir su camino, se produjo un momento único con ambas imágenes frente a frente y los presentes cantando la Salve. Fue una escena muy simbólica que muchos interpretaron como una demostración de que, más allá de cualquier rivalidad, lo que predomina es la devoción compartida.

Algo parecido volvió a ocurrir años después, en 2013, cuando la música sirvió como nexo. Durante su recorrido, la Macarena avanzó al son de una marcha dedicada a la Esperanza de Triana, y poco después sucedió lo contrario. Un gesto sencillo, pero muy comentado entre los cofrades.

Hoy en día, esa división entre Triana y la Macarena sigue existiendo, pero más como parte del imaginario sevillano que como un enfrentamiento real. Se mantiene en conversaciones, en comparaciones o en ese orgullo de barrio que forma parte del carácter de la ciudad, pero cada vez tiene menos peso en lo que ocurre dentro de las propias hermandades. De este modo, esta noche, con la Madrugá en marcha, ambas volverán a recorrer Sevilla como lo han hecho durante décadas. Dos devociones distintas, dos historias diferentes, pero en el fondo, una misma manera de entender la Semana Santa que, más allá de etiquetas, siempre ha estado más cerca de unir que de separar.

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