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Extremadura tiene uno de los accidentes geológicos más extraños de España: un bosque subterráneo dentro de una mina abandonada

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La Mina de la Jayona, en Fuente del Arco (Badajoz), abrió en 1900 y cerró en 1921 tras dos décadas de intensa actividad. Fue la única mina de hierro de la provincia que no detuvo la producción durante la Primera Guerra Mundial. En el interior de esa excavación, oculto entre paredes de roca, creció con los años un bosque subterráneo que ningún ingeniero habría podido planear.

Podría decirse, si uno se para frente a este curioso panorama, que Extremadura guarda así uno de los accidentes naturales más insólitos de toda España. A continuación, se detalla cómo es este bosque y, al final, lo que hay que saber para visitarlo.

El bosque subterráneo que nadie planeó: helechos, higueras y musgos en el fondo de una mina de Badajoz

En la Mina de la Jayona, la trinchera que dejaron los mineros mide 800 metros de largo, dieciocho de ancho y alcanza una profundidad media de 80 metros. Esa dimensión, unida al aislamiento del exterior, creó un microclima propio que favorece la humedad y regula las temperaturas interiores.

El «fabuloso» resultado es una vegetación que no debería estar ahí. Uno se topa con helechos, higueras, plantas trepadoras y musgos que tapizaron las paredes de roca hasta conformar un bosque subterráneo que contrasta de forma radical con el paisaje de olivares de la sierra.

¡Es más! Hasta el contraste térmico entre el exterior y el interior es perceptible desde el primer paso dentro de la galería. Mientras afuera el sol extremeño aprieta en verano, dentro la temperatura se mantiene estable y la humedad es constante. Eso explica por qué prosperan aquí especies propias de zonas húmedas en un entorno que, a pocos metros, es secano puro.

La excavación también dejó al descubierto fenómenos geológicos que de otro modo permanecerían ocultos. Las paredes de la trinchera muestran planos de falla con estrías, mineralizaciones y procesos kársticos que los especialistas raramente pueden observar a cielo abierto.

Lo que comenzó como una explotación industrial acabó siendo, sin pretenderlo, una ventana privilegiada a la historia geológica de la región.

La mina cuenta con once niveles de excavación, aunque solo los niveles 2, 3 y 4 están habilitados para visitas. La fauna también encontró refugio en esas galerías. Murciélagos de herradura, aves rupícolas, insectos y reptiles conviven en el mismo espacio donde hace más de cien años trabajaban los mineros.

De yacimiento romano a monumento natural: la historia de la Mina de la Jayona

Los indicios apuntan a que la zona ya fue explotada en época romana, aunque la actividad industrial sistemática comenzó en 1900 con la apertura de dos concesiones mineras, con nombres más que curiosos: ‘Ya te lo decía’ y ‘El Monstruo’.

En los primeros años se extraían unas 3.960 toneladas anuales de hierro, pero en 1905, en el punto de mayor actividad, la cifra se disparó hasta las 18.000 toneladas y la plantilla superó los 400 mineros.

La mina contaba con un sistema de transporte aéreo por cable y tres máquinas de vapor. Fue la única explotación de hierro de Badajoz que, como se mencionó al principio, no detuvo la producción durante la Primera Guerra Mundial.

Cuando cerró en 1921, había extraído en total unas 270.000 toneladas de mineral. Después vino el silencio y, con él, la recuperación lenta de la naturaleza.

En 1997, la Junta de Extremadura declaró la Mina de la Jayona Monumento Natural, convirtiéndola en uno de los cinco espacios protegidos de esa categoría en la región y el único en la Campiña Sur.

Cómo visitar el bosque subterráneo de la Mina de la Jayona

La mina está abierta al público de martes a domingo, de 10:00 a 14:00 horas, y permanece cerrada los lunes. Las visitas son guiadas, se realizan en dos turnos diarios y requieren reserva previa. La entrada cuesta dos euros.

Se encuentra a 4,5 kilómetros al sur de Fuente del Arco, en la Sierra de la Jayona, cerca de la frontera con Andalucía. Los accesos están adaptados para personas con movilidad reducida bajo notificación previa.

Los guías conducen a los visitantes a través de los niveles 2, 3 y 4 de los once que llegaron a excavarse. El resto permanece sellado. Es así como lo que la industria abandonó hace más de cien años lo ocupa ahora la naturaleza.