HISTORIA DEL FERROCARRIL

En 1931 Michelin le puso neumáticos a un tren y lo lanzó a 130 km/h entre París y Deauville: así nació la Micheline

Una Micheline, el tren con neumáticos de Michelin, en la Cité du Train de Mulhouse (Francia)
Una Micheline, el tren con neumáticos de Michelin, en la Cité du Train de Mulhouse (Francia)
Adrián Villellas

Imagina un tren sin el traqueteo metálico de siempre, que se desliza sobre la vía como un coche por una carretera recién asfaltada. Eso es lo que Michelin quiso vender a las compañías ferroviarias francesas hace casi un siglo. Su invento se llamó Micheline y, en septiembre de 1931, unió París y Deauville con puntas de más de 130 kilómetros por hora.

La idea sonaba a locura. Un vehículo ferroviario que rodaba sobre neumáticos, montado sobre el chasis de un coche Renault y movido por el motor de una marca que fabricaba motores de avión. ¿Funcionó? Durante unos años, sí, y su huella llega hasta el metro de París de hoy.

Un insomnio que acabó en patente

Según los historiadores del ferrocarril, André Michelin, cofundador de la empresa, pasó una noche en vela en un coche cama por culpa del ruido de las ruedas de acero. ¿Y si los trenes llevaran neumáticos?

En 1929, su hijo Marcel Michelin registró la patente del llamado neumático-riel. Faltaba demostrar que aquello aguantaba a toda velocidad.

El truco estaba en la rueda. La goma iba montada sobre una llanta con un grueso aro metálico que hacía de pestaña, la pieza que guía la rueda sobre el raíl y evita que el vehículo se salga de la vía. Si el neumático pinchaba, ese aro seguía sujetando el conjunto, como una rueda de repuesto integrada.

El viaje que asombró a Francia

El 10 de septiembre de 1931, la Micheline tipo 5 salió de París rumbo a Deauville, en la costa de Normandía. El prototipo llevaba un motor Hispano-Suiza y completó la vuelta, de unos 219 kilómetros, en 2 horas y 3 minutos. Eso supone una media de 107 kilómetros por hora, con picos por encima de los 130.

El pasaje era de lujo. Según los historiadores, conducía Marcel Michelin y a bordo viajaban el fabricante de coches André Citroën y Raoul Dautry, director de la red ferroviaria estatal francesa.

Claro que aquel aparato tenía poco de tren convencional. Pesaba unas 4,2 toneladas, estaba hecho de madera recubierta con tela de avión y apenas era más ancho que la propia vía.

Por qué frenaba tan bien

El neumático tenía una ventaja clara sobre el acero, el agarre. Según los datos de la época, la goma se agarraba al raíl unas tres veces más que el acero. En la práctica, eso permitía arrancar antes y frenar en mucho menos espacio.

Una Micheline lanzada a 80 kilómetros por hora podía detenerse en menos de 100 metros. Para hacerse una idea, es más o menos lo que mide un campo de fútbol.

El peaje era el peso. Cada rueda soportaba unos 700 kilos, de modo que un eje cargaba alrededor de 1.400, cuando un eje de acero de un tren europeo aguantaba entre 20 y 23 toneladas. Por eso los modelos grandes necesitaban muchas ruedas repartidas en varios ejes.

Del éxito al olvido

Tras la prueba de Deauville llegaron los encargos. Michelin fabricó versiones cada vez más grandes, de 24, 36 y 56 plazas, y entre 1934 y 1937 entraron en servicio 51 unidades de 56 asientos. Una de ellas, la XM 5005 de 1936, se conserva en la Cité du Train, el museo ferroviario de la SNCF en Mulhouse.

Eso sí, tenía sus pegas. Los pinchazos eran frecuentes, cambiar una rueda era engorroso y la carga, limitada. Tras la Segunda Guerra Mundial, con el coche ganando terreno, Michelin dejó de fabricarlas y las últimas de 56 plazas se retiraron en 1953.

Fuera de Europa aguantaron bastante más. En Madagascar siguieron rodando durante décadas, y de allí procede la Micheline que hoy enseña el museo Michelin de Clermont-Ferrand, la ciudad donde nació la empresa.

Su herencia viaja bajo París

¿Quedó todo en una curiosidad de museo? No del todo. La goma volvió en el transporte urbano, donde el silencio y la aceleración importan más que la carga.

La línea 11 del metro de París fue la primera en estrenar trenes sobre neumáticos, en noviembre de 1956, gracias a sus cuestas y curvas cerradas. El propio museo de la marca presenta ese metro como el heredero de la técnica de la Micheline.

Francia, por cierto, no siempre acierta con sus experimentos, como pasó con su carretera solar. La Micheline, al menos, dejó algo que todavía se usa. Casi un siglo después.

La historia del neumático-riel y de la Micheline figura en la guía oficial del museo corporativo L’Aventure Michelin.

Crédito de la imagen: ignis (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0).

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