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La caída a los infiernos de Juan José Ballesta: «Cobré 120.000 euros y me lo gasté en un día»

La trayectoria de Juan José Ballesta ha estado marcada desde sus inicios por un éxito tan precoz como difícil de gestionar. Convertido en uno de los rostros más famosos del cine español cuando apenas era un niño, el actor madrileño ha hablado en numerosas ocasiones con absoluta franqueza sobre las luces y sombras de su carrera. Durante una conversación en el pódcast Ex. La vida después, conducido por Ana Milán, Juan José volvió a demostrar esa sinceridad al recordar uno de los episodios más llamativos de su juventud: el día en que cobró 120.000 euros por una película y el dinero desapareció prácticamente en cuestión de horas.

El intérprete relató que aquel sueldo correspondía a su participación en la película Siete vírgenes, estrenada en 2005 y dirigida por Alberto Rodríguez. La cinta, en la que compartió protagonismo con Jesús Carroza, narraba la historia de Tano, un joven de 17 años que obtiene un permiso de 48 horas para salir del reformatorio y reencontrarse con su barrio y sus amigos. El papel consolidó definitivamente a Ballesta como uno de los actores jóvenes con mayor proyección.

Sin embargo, el dinero que recibió por aquel trabajo no tuvo el destino que cabría esperar de un salario tan elevado para alguien que todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Según explicó el propio actor durante la entrevista, la mayor parte de esa suma desapareció en apenas un día.

La caída a los infiernos de Ballesta

Juan José Ballesta recordó con naturalidad aquel episodio, que hoy observa con la perspectiva que da el paso del tiempo. Según relató, una parte importante del dinero se destinó a la compra de un coche para él mismo, mientras que otra parte la empleó en adquirir otro vehículo para su madre.

El resto, explicó, lo repartió entre amigos y personas cercanas a su entorno. «Cobré 120.000 euros por una película y el dinero me duró un día», reconoció sin rodeos al rememorar aquella etapa en la que el éxito profesional llegó de forma tan repentina como intensa.

Juan José Ballesta en un evento. (Foto: Gtres)

El actor explicó que esa forma de actuar respondía en gran medida a su manera de entender las relaciones personales y a sus propios orígenes familiares. Criado en un entorno trabajador, siempre ha defendido una visión muy directa de la solidaridad con quienes le rodean.

Por ello, cuando recibió aquel dinero, no dudó en compartirlo con su círculo más cercano. «Repartí a todo el mundo, a todos mis amigos», explicó, recordando cómo distribuyó parte del caché entre personas de su barrio y conocidos de toda la vida.

Un éxito precoz

La carrera de Juan José Ballesta había comenzado a despegar varios años antes, cuando todavía era un niño. Su gran salto a la fama llegó en el año 2000 con la película El Bola, dirigida por Achero Mañas. En aquel momento tenía apenas doce años y su interpretación del joven protagonista lo convirtió de inmediato en una de las revelaciones del cine español.

El impacto de aquella película fue enorme. La crítica elogió su naturalidad interpretativa y el público conectó con una historia que abordaba con crudeza la violencia doméstica y la realidad de muchos menores. El reconocimiento llegó muy pronto: en 2001, Ballesta recibió el Premio Goya al Mejor Actor Revelación.

Aquel reconocimiento lo situó en el centro de la industria cinematográfica cuando todavía era un adolescente. Con apenas unos años de carrera, el actor ya formaba parte de proyectos relevantes y percibía sueldos que para muchos profesionales tardan décadas en llegar.

Con el tiempo, el propio Ballesta ha reflexionado sobre la dificultad de gestionar un éxito tan temprano. Durante la conversación en el pódcast, reconoció que probablemente no estaba preparado para afrontar todo lo que implicaba esa fama repentina.

Sus padres, una guía muy importante

El actor ha recalcado que siempre contó con un elemento fundamental que le ayudó a mantener cierta estabilidad: la presencia constante de sus padres. En especial, destacó el papel de su madre, quien lo acompañaba a rodajes, actos promocionales y compromisos profesionales.

Según explicó, esa cercanía familiar fue clave para que la fama no alterara completamente su manera de ser. «Siempre he estado en tierra», afirmó al recordar aquellos años en los que su popularidad crecía mientras él seguía viviendo en el mismo entorno en el que se había criado.

Juan José también quiso dejar claro que nunca ha renegado de sus orígenes. De hecho, aseguró que ha procurado mantenerse siempre rodeado de las mismas personas con las que creció, una actitud que ha marcado buena parte de su forma de entender el éxito.

Incluso el día en que acudió a recoger su Goya por El Bola, quiso compartir la experiencia con los amigos de su barrio. Recordó con humor que la organización envió una limusina para recogerlo antes de la ceremonia, pero que cuando salió de casa el vehículo ya estaba lleno de vecinos.

Según relató, el conductor se sorprendió al ver a tantos jóvenes subidos en el coche, pero él prefirió restarle importancia. Para el actor, aquel momento era también una oportunidad para que quienes habían estado siempre a su lado pudieran disfrutar de una experiencia poco habitual. Como vemos, detrás de todos sus errores había un chico joven, humilde y con buenas intenciones.