Tipos de hipertrofia: Sarcomérica y Sarcoplasmática
Dentro del ámbito del deporte, toma especial protagonismo un término: hipertrofia. Se trata de una palabra que se utiliza para referirse al aumento del tamaño de un tejido del cuerpo, a consecuencia de que ha crecido el que tienen las distintas células que lo conforman.
Es decir, es un fenómeno que contribuye, entre otras muchas cosas, a conseguir que cualquier atleta pueda aumentar de manera notable el volumen de sus músculos.
De ahí que nos topemos con el hecho de que la hipertrofia se convierta en una clave fundamental dentro de los gimnasios y de los entrenamientos de multitud de personas. No obstante, es básico que ellas sean conscientes de que existen dos tipos de aquella.
Así, por un lado, nos encontramos con la llamada hipertrofia sarcoplasmática, que es la que se produce en deportistas tales como culturistas y deportistas de fitness. Se identifica porque con ella lo que se consigue es un aumento muscular, no de fuerza, con una apariencia muy estética y definida.
Ese resultado se alcanza gracias a que se incrementa el plasma muscular y es necesario tener claro que el volumen del músculo está conformado básicamente de agua.
Quienes deseen apostar por esta modalidad de hipertrofia, lo recomendable es que lleven a cabo series de entre 10 y 15 repeticiones, donde tomen protagonismo pausas corta de 45 segundos aproximadamente e intensidades de un 70% de 1 RM. Todo ello sin olvidar que aconsejable es que también tengan descansos de entre dos y tres días para volver a ejercitarse.
Por otro lado, nos topamos con la hipertrofia sarcomérica. Esta es la que parte del aumento de la actina y la miosina en el músculo, que se traduce, a su vez, en un crecimiento de las fibras musculares que son las que propician que aquel también se haga más voluminoso.
No obstante, respecto a la sarcoplasmática, esta se define por dos cosas: primero, porque el músculo no se hace tan grande como en aquella y porque además no está tan perfecto, estéticamente hablando.
Pero aún hay más. Hay una tercera diferencia entre ambos tipos de hipertrofia. Y es que esta última sí consigue que el deportista en sí mejore de manera contundente lo que es su fuerza.
En este caso, los ejercicios deben basarse en rutinas con repeticiones de un máximo de seis con alta intensidad. Todo ello sin pasar por alto que lo recomendable es que se cuenten con periodos de descanso superiores a los de la otra modalidad.
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